Mariposas amarillas

Mariposas amarillas en la presentación de “Gabriel García Márquez, una vida”, de Gerald Martin, en el Gimnasio Moderno, en Bogotá

El jueves 29 de octubre fue presentada en Bogotá la biografía Gabriel García Márquez: una vida, del investigador británico Gerald Martin. Piedad Bonnett, José-Luis Díaz Granados, Álvaro Castaño Castillo, Jaime García Márquez, Roberto Pombo y José Salgar acompañaron al autor en el evento. Lo cuentan en esta nota de RCN donde citan a Martin:

Sin ninguna excepción Gabo es el mejor contador de cuentos de toda América Latina, es de una conciencia política extraordinaria, nadie sabe lo que Gabo me contó durante 17 años (…). Hace un año cuando Gabo vio el libro me dijo: ‘Hay cosas que me gustan, hay cosas que me hieren pero sé que lo hiciste de buena fe’, eso para mi fue básico.

Fernando Jaramillo, el entusiasta conductor de la Memorabilia GGM, estuvo en el evento y ha dejado sus fotos expuestas para quien quiera verlas. Yo me quedo con la foto de arriba, las mariposas amarillas que decoraron los espacios del Gimnasio Moderno, aunque —como bien lo hace notar un visitante en los comentarios— no sean exactamente las garciamarquianas.

06/11/2009

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Después del fin de los libros

Después del fin de los librosComo ya les había comentado, Después del fin de los libros es el título de la ponencia que leí este fin de semana en el Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, en San Cristóbal. En ella hablo un poco de los vaticinios literario-tecnológicos de Robert Coover, ese reconocido escritor estadounidense que en 1992 hablaba del “fin de los libros” en aquel artículo en The New York Times en el que alababa las virtudes del hipertexto como elemento renovador de la creación literaria. Luego explico un poco las relaciones entre hipertexto y literatura a la luz de las circunstancias contemporáneas —desde Coover hasta hoy han pasado casi veinte años— y termino con algunas reflexiones sobre lo que podría ocurrir después del temible fin de los libros.

Como suele sucederme, apenas empecé a escribir las líneas fluyeron mucho más allá del máximo estipulado en las condiciones del encuentro, así que tuve que leer una versión un poco mocha en la que se omite buena parte de la sustancia del texto. Así que he puesto el artículo completo en mi página personal. Pueden llegar desde aquí y, una vez que vean esa foto milenaria —me la tomé con la primera cámara digital que tuve en mis manos, a finales de los 90—, haciendo click sobre el enlace “Ensayo” y luego sobre “El escritor ante la especie”, verán a la derecha, encabezando el índice, el enlace a la ponencia. Claro que también pueden entrar directamente; la descripción de todos esos complicados pasos es una forma de recordarme a mí mismo que debo rehacer mi página personal, tarea que vengo postergando, como verán, desde hace años.

05/11/2009

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Escaleras al cielo

Desde la primera vez que fui a San Cristóbal como invitado del Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, en 2003, quedé prendado del Ateneo del Táchira, una construcción señorial cuyo magnífico patio interior es descrito hermosamente —aún en los programas de mano, por lo general tan fríos— como el patio de ladrillo y cielo. Y sí, es una descripción justa, pues es entre ladrillo y cielo que ocurre la poesía en el Ateneo del Táchira.

Pero a mí siempre me llamó la atención otra cosa. El viernes pasado fui a presenciar el Recital de Nuevas Voces —varios jóvenes poetas mostrando sus letras y sus promesas— y encontré abierta la puerta que conduce a estas escaleras que unen el ladrillo y el cielo del Ateneo. Desde 2003 hasta ahora, nunca había visto abierta esa puerta, y ante la oportunidad no pude evitar trasponerla y subir esas escaleras de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas.

Escaleras al cielo

Escaleras al cielo

Escaleras al cielo

Escaleras al cielo

Escaleras al cielo

Escaleras al cielo

Escaleras al cielo

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La niña que dibujaba escritores

La niña que dibujaba escritoresLa lectura de ponencias del XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores estaba programada para el sábado 31 de octubre y el domingo 1 de noviembre, en la Biblioteca Pública Central Leonardo Ruiz Pineda, en pleno centro de San Cristóbal. El sábado perdí el bus —por andar buscando no sé qué cosa en la habitación del Círculo Militar donde amablemente me hospedaron los organizadores del evento—, así que con Douglas Bohórquez y el poeto Alberto José Pérez aprovechamos el aventón de Cósimo Mandrillo y Mirna Mendoza. La misión: encontrar, en ese laberinto de calles con altibajos que es San Cristóbal, una Librería del Sur para comprar algunos libros. La cosa sirvió sólo como paseo, pues la librería estaba cerrada y terminamos llegando tardísimo a la biblioteca.

Allí me senté un rato al lado de esta niña colombiana, que ocupaba su tiempo en dibujar a algunos de los escritores que ese día se dirigieron al público. Al otro lado tenía a David Colina, que fue quien me señaló la hojita en la que los amigos quedarían inmortalizados. Pero la niña era tímida y cada vez que se daba cuenta de que estaba mirando su trabajo, se reía y le ponía una mano encima, ocultándolo.

Finalmente pude tomarle esta foto, no demasiado precisa, en la que, como se puede ver en la ampliación de aquí abajo, se aprecian los rostros azulados de Alberto Jiménez Ure —el de anteojos oscuros al que parece señalar la punta del bolígrafo—, Arnulfo Quintero López —el de la boina— y, creo, Miguel Mendoza Barreto —escondido debajo de la mano de la artista.

Alberto Jiménez Ure, Arnulfo Quintero López y Miguel Mendoza Barreto

04/11/2009

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Halloween con Ozzy Osbourne

Con Constanza Insúa y Alberto Jiménez Ure

El viernes no pude asistir a la toma cultural de Colón organizada en el marco del XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, pues llegué molido después de las doce horas de camino que me llevaron al Táchira. Así que reprogramaron mi participación incluyéndome en un recital que se realizaría esa tarde en la Universidad de los Andes y para allá me fui con Carmen Alida Méndez Bellini, Luz Marina Sarmiento, Douglas Bohórquez, Daniel Suárez Hermoso y Alberto Jiménez Ure, además de Homero Vivas y Luis José Oropeza, directivos de la Asociación de Escritores del Táchira, y varios amigos mezclados entre los estudiantes que asistieron como público. En lugar de acoplarme al menú poético del recital, leí “Estocolmo”, el más exitoso de mis cuentos —una historia de bares y amores perdidos y reencontrados—, para lo cual tuve que forzar la barra un poquito y aprovecharme de la paciencia de Luis José, quien hizo de moderador, pues me pasé con creces de los quince minutos que se concedieron a cada autor.

La llegada de Alberto Jiménez Ure a la ULA causó no poco revuelo entre los estudiantes. Con su ropa, sus anteojos redondos y su cabello, todos de color negro, el tipo es una versión merideña de Ozzy Osbourne, y los chamos, claro, no lo pelaron. Apenas pusimos pie en el patio interno de la entrada de la universidad empezaron a gritar de todos lados: “¡Ozzy, Ozzy!”. Cuando ya habíamos bajado las escaleras que nos conducían al auditorio donde hicimos el recital, Alberto decidió devolverse, se paró en medio del patio y empezó a saludar a los muchachos… en inglés. Y no faltó el despistadillo que se preguntara si en verdad era Ozzy Osbourne el que estaba allí hablándoles.

La foto de arriba nos la tomó Ana Berta la noche del sábado, día de Halloween. La chica es Constanza Inzúa, la hija de Ana Berta, ataviada para la ocasión, aunque sospecho que dan más miedo los disfraces de los dos personajes que la rodean. Abajo, durante mi lectura de “Estocolmo”, Alberto sacándose libros de la manga, de pie al lado de Luis José que ya estaba cansado de pasarme papelitos para recordarme que me había pasado del tiempo.

Con Luis José Oropeza y Alberto Jiménez Ure

Alberto captó mi atención hace alrededor de veinte años con una novelita extraña e intensa, Aberraciones, que era justamente eso, una aberración de cabo a rabo en la que un hombre tenía relaciones con su hija. En 1992, ya dirigiendo El Tabloide, publiqué una extensa entrevista que le hizo en Mérida mi amigo el pintor Rafael Herrádez. En un gesto de agradecimiento, Alberto me envió con Rafael, al año siguiente, su novela Dionisia, que aún conservo y que tiene el valor agregado de una afectuosa dedicatoria. Ese fue el único contacto que tuve con Alberto hasta ahora.

En aquella época Alberto era conocido por su look a lo John Lennon, que lucía con el mismo desenfado con que ahora —varios años, letras y polémicas más tarde— saluda en inglés a quienes creen que es Ozzy Osbourne. Cuando le publicamos la entrevista en El Tabloide incluimos fotos donde se apreciaba el parecido, pero como me va a costar mucho conseguir ese material les dejo con la imagen de la contraportada de Dionisia:

Alberto Jiménez Ure

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San Cristóbal sin fronteras

XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores

Regresé ayer de San Cristóbal, todavía con el entusiasmo vivo del XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, evento que por sus particulares características integradoras merece el mayor de los aplausos para quienes año a año lo impulsan desde ambos lados de la frontera, agrupados en las asociaciones de escritores del estado Táchira y del departamento Norte de Santander, equipos que acertadamente dirigen el venezolano Luis José Oropeza y el colombiano Ciro Pérez.

Esta edición tuvo un significado especial a causa de la grave situación que se vive en aquellos lares. Política, seguridad pública, terrorismo y estrechez mental han convertido a la frontera en una especie de nuevo viejo oeste. Apenas días antes del inicio del encuentro, un tiroteo dejó como triste saldo la muerte del dueño de un comercio al que estaban atracando, y la de un transeúnte que simplemente pasaba por allí. Y como seguramente ya saben, dos guardias nacionales cayeron ayer lunes, agriando más las cosas entre los gobiernos de Colombia y Venezuela y, lo que es peor, entre el gobierno nacional de Venezuela y el gobierno regional del Táchira, dirigido por el opositor César Pérez Vivas.

Todo esto tuvo su peso en el desarrollo del encuentro, principalmente del lado colombiano, de donde el primer día sólo once escritores habían podido llegar a San Cristóbal, y alguno más en los días posteriores. La ausencia de Ciro y de otros tantos grandes amigos de este país hermano se sintió muchísimo y originó no pocas discusiones, formales e informales, sobre el estado actual de las relaciones diplomáticas entre ambos países, terreno en el que los políticos —como siempre— ponen torta tras torta.

La tristeza, sin embargo, no pudo hospedarse entre los asistentes al evento. Actividades en Colón, Rubio y San Cristóbal, recitales en la Universidad de los Andes, en el Museo de Artes Visuales y del Espacio y en el Ateneo del Táchira, y ponencias en la Biblioteca Pública Central Leonardo Ruiz Pineda —donde tomamos esta foto familiar—, fortalecieron el afecto fraterno entre los escritores de Colombia y Venezuela, quienes se despidieron la tarde del domingo con la seguridad de que en unos meses celebrarán en Cúcuta un nuevo encuentro.

(He dejado las fotos del encuentro en la página de Letralia en Facebook).

03/11/2009

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Saliendo para San Cristóbal

En San Cristóbal

Esta noche se inaugura en San Cristóbal, Táchira, el XVII Encuentro de Escritores Colombo Venezolano, que reúne a escritores de ambos lados de la frontera, un año en esta ciudad venezolana, otro año en Cúcuta. Me voy por tierra y el viaje es largo, así que no podré asistir a la inauguración, pero mañana estaré temprano en tierras tachirenses. Allá tendré nuevamente oportunidad de pasar un buen rato con amigos entrañables que hacen de esta cita anual un verdadero festejo de la fraternidad y la literatura. Me llevo algunos cuentos y poemas para compartir con ellos —mañana, llegando, salto a Colón invitado por el equipo de mi amigo Alexander Moncada— y, además, una ponencia sobre el pasado, presente y futuro del libro digital, llamada “Después del fin de los libros”, que a mi regreso publicaré por aquí.

Así que ya saben, pórtense mal. La foto, antes de irme, es de hace dos años, durante la 15ª edición de este encuentro.

29/10/2009

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