Pedantería idiomática
Otis B. Driftwood se ha puesto en campaña contra este terrible flagelo:
tapar con palabras rimbombantes la falta de sustancia de lo que se pretende decir.
Otis B. Driftwood se ha puesto en campaña contra este terrible flagelo:
tapar con palabras rimbombantes la falta de sustancia de lo que se pretende decir.
Un reportaje sobre blogs publicado recientemente en La Jornada parece haber levantado no pocas reacciones negativas a su alrededor.
Según cuenta Alberto Chimal en su bitácora La materia no existe, el reportaje decepcionó a la mayoría de los blogueros que lo leyeron. Tomando este episodio como base, Alberto ha lanzado esta convocatoria:
invito a todos los interesados a dejar ideas sobre lo más relevante del medio, los temas importantes, los problemas y alternativas, las bitácoras más innovadoras o provocativas, en la columna de comentarios de esta misma nota. Cuando haya reunido material suficiente (pienso, en principio, en dejar pasar unas dos semanas), me comprometo a publicar tantas opiniones como sea posible, sin adulterarlas y dando a cada una su crédito respectivo, en un medio impreso de circulación nacional. (Recomiendo que las notas sean breves, para mejor darles cabida).
El afecto suele fundamentarse en resquicios de nosotros que no conocemos ni queremos conocer. Aly Pérez, trotamundos impenitente de tales resquicios, hábil en eso de cultivar la amistad a toda costa, se fue ayer, domingo 30 de enero, sin haber cumplido los cincuenta años pero tras cumplir, eso sí, con los altos deberes de su doble oficio de pintor y poeta.
Hoy la región amaneció con el sabor amargo de su muerte. Ha escrito Alberto Hernández en su tribuna diaria en El Periodiquito:
No hay pésame posible. Aly supo vivir entre sobresaltos: Entre el temor a perder el cuerpo, seguro de que su alma estaba predestinada a hacerse parte de una distancia sólo comprensible en la alegría de su cercana pasión creativa.
Y Aly, desde el viaje que recién inicia, se pinta de fuego:
Un incienso de hojas
arde en el patioDonde ya no soy palabra
sino otro momento roto
por aullidos de perros.
Hace poco más de un año publiqué en Letralia un editorial sobre las antologías fraudulentas que pululan por la red (que por cierto me valió alguna carta destemplada de “antologistas” de estos que te cobran por publicarte). De la misma calaña son esos concursos en los que hay que pagar una cuota de participación. Por lo general, se declara desierto el concurso pero todos los participantes reciben cartas diciéndoles cosas como: “Oye, qué bien escribes, nos ha gustado muchísimo, mándanos 50 dólares para incluirte en una antología que estamos por publicar…”.
Más de un incauto cae, en principio porque se apela a la fibra sentimental del escritor: decirle que ha sido leído y considerado. Les tengo una mala noticia a quienes caen en esto, y es que ninguno de ustedes ha sido leído. El concurso fraudulento, la antología fraudulenta, no son sino una forma elaborada y sofisticada del más puro y duro spam.
Comento esto porque me he topado con Nunca con Jamais, un comité de afectados de una editorial fantasma española, Jamais, que cuenta exactamente el mismo drama. Un supuesto ejecutivo de la editorial los invitó a participar en un concurso; luego les envió a todos cartas del tenor: “No ganaste pero qué bien escribes” y finalmente les cobró a varios de ellos por publicarle sus libros (aunque en lo personal dudo que haya publicado nada):
Cobra al autor por imprimir, distribuir y promocionar su obra, pero en muchos casos el libro no se edita o no se distribuye dándole la publicidad adecuada, y la mayoría de las veces el autor-pagador no percibe la parte proporcional acordada por la venta de ejemplares de su libro, ni siquiera tiene constancia escrita, y el editor está obligado por ley entregarle un certificado acreditativo, de que han sido impresas el número de obras que figuran en el contrato.
Vale, apoyemos a estos colegas que han sido engañados en su (excesivamente) buena fe. Y, una sugerencia a quienes lean esto: no le paguen a nadie para que los incluyan en antologías ni para participar en un concurso literario. Antologías y concursos deben ser cosas que reconozcan tu mérito y no pueden por ende exigirte sumas de dinero.
Lucía Etxebarría está clara y no sabe de grises: existe literatura de mujer. Como lo dice en esta nota, así como pensamos en literatura japonesa, de exilio o judía, podemos pensar en una literatura de mujer. Que a veces no admiten ni las mismas autoras, por temor a ser desdeñadas por el ambiente académico.
Sí que existe, desde el momento en que hay una literatura negra en Estados Unidos, porque un negro no lleva la vida de un blanco en estos momentos, una mujer, desgraciadamente, tampoco lleva la vida de un hombre.
Ya sobre ello había hablado, en julio de 2004, en esta entrevista por Illy Nes, publicada en Letralia:
Muchas de nosotras tenemos que mirar hacia fuera para conseguir nuestra autoestima y esperamos de los demás que nos valoren para poder así valorarnos a nosotras mismas, lo que, inevitablemente, nos deja con un regusto amargo de sentirnos utilizadas e invadidas. Y permitimos esta invasión por miedo y por culpa: miedo al rechazo, a no gustar, a no estar a la altura de las expectativas del otro, y culpa cuando no se está. Porque tememos el rechazo de los demás permitimos que violen nuestros espacios y fronteras emocionales.
Leo en El forastero que el sitio Cyberdark, uno de los más importantes de habla hispana en materia de ciencia ficción, cerrará pronto. La razón: es un proyecto personal que creció demasiado y su gestor, David Fernández, ya no puede continuar.
Esperemos que en algún momento surja una solución alternativa y el sitio se mantenga en línea.
Anthony Leo Geist y Álvaro Salvador Jofré, profesores de literatura en las universidades de Washington y Granada, respectivamente, han tenido una idea que me parece inspiradora: encuestaron a una cincuentena de poetas, a quienes pidieron dijeran cuáles eran sus poemas (y poetas) preferidos. Con las respuestas armaron un libro que luce interesantísimo y se llama Cartografía poética..
El libro ha sido presentado hace unos días y lo comentan muy bien Jesús Fernández Palacios y un cronista sin nombre. La lista resultante incluye, según Fernández Palacios,
dos norteamericanas (Anne Sexton y Linda Pastan) y una uruguaya (Juana de Ibarbourou). Los autores seleccionados pertenecen a las siguientes épocas: siglo VIII (Li-Po), siglo XVI (San Juan de la Cruz), siglo XVIII (J.W. Goethe), siglo XIX (G. Leopardi, Gerard de Nerval, Baudelaire, Bécquer, J.M. Bartrina y Rubén Darío) y siglo XX (cuarenta y cinco poetas desde Juan Ramón Jiménez y César Vallejo a los más jóvenes). Precisamente han sido Juan Ramón y Vallejo los que han obtenido la máxima puntuación con cuatro votos cada uno, seguidos de Carlos Edmundo de Ory con tres, y de Jaime Gil de Biedma, Ángel González, Giacomo Leopardi y Pablo Neruda con dos votos. Los restantes elegidos obtuvieron una sola nominación.
Un poco más detallado es el cronista anónimo, quien cuenta que entre los poetas encuestados estuvo uno que escogió como su poema preferido a uno escrito por él mismo. Se trata de Leopoldo María Panero y el poema, en prosa, reza:
Porque el único autor en una literatura sin personajes es un enano o una cucaracha llamada Gregorio Samsa: la vida es un inmenso retrete de donde asoma, polvorienta, la cabeza de un enano; crece la amapola sobre el estiércol, y mi ano está todo cubierto de flores, y mi culo canta y hace música: hemos inventado una metafísica del excremento.