“Tratar de dominar el mundo”

Sastre vs. Barney¿Se han puesto a pensar con qué intensidad muchos latinoamericanos desean irse a Estados Unidos o a Europa? Martín Sastre sí que piensa en ello.

Sastre es un videoasta uruguayo que vive en Madrid y se mueve con completa naturalidad en el lenguaje de la ironía. Dice que, como Pinky y Cerebro, él tiene un plan, y parece que así es: su más reciente trabajo es una trilogía futurista en la que, hacia finales de este siglo, Hollywood se apaga y Latinoamérica se convierte en el centro de poder cinematográfico. “Y quien controla la ficción, controla el mundo”, es la frase que, pronunciada por una voz en off, funciona como leit-motiv de los tres cortos.

La última irreverencia de Sastre es la Fundación Martín Sastre para un Arte Súper Pobre, una propuesta en la que está siendo apoyado por una galería alemana deseosa de rescatar la ironía perdida con la tragedia del World Trade Center, y que consiste en voltear la tortilla: darle becas a artistas europeos para que viajen a Montevideo a sobrevivir. En junio llegan a la capital uruguaya tres jóvenes artistas alemanas que tendrán que resolverse con trescientos euros.

Siempre somos los latinoamericanos los que vamos a los centros. De hecho, hay muchas fundaciones para llevarnos allá, pero lo novedoso es traerlos a ellos a Latinoamérica.

La entrevista completa fue publicada ayer por El Mercurio y no tiene desperdicio.

02/04/2005

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Onetti, el odiado

“Yo odio a Onetti”. Así decía Onetti mismo: odiaba a “ese personaje que escribe bien y al que la gente quiere ver”. Al menos así lo pinta su viuda, Dolly.

Aunque no entendí mucho, me parece que es citable esto:

Juan tenía depresiones espantosas. En los últimos años se encerró mucho. Los escritores son así. Cuando bajan, vos bajás con ellos, y cuando ellos subieron, todavía estás abajo. Hay que saber adaptarse y entenderlo.

Dolly cuenta también cómo conoció a Onetti teniendo ella dieciocho años; su espera por mucho tiempo hasta que él se divorció de su tercera esposa; cómo, al irse a España, fueron sacados del estado de penuria material por la “genio” Carmen Balcells, y la extraña amistad silente entre Onetti y Rulfo.

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Canetti, el odiador

Elias Canetti acaba de develar las facetas más íntimas de sí mismo, las que sólo la gente más cercana a él conocía. Antes de morir en 1994, dispuso que sus notas y apuntes fueran publicadas entre 2002 y 2024. Así, acaba de aparecer Fiesta bajo las bombas, un libro incompleto, pero harto sustancioso, en el que Canetti relata sus años londinenses (de 1939 a 1988).

Explosivo y despiadado, como lo define en esta entrevista con La Razón Digital el editor de la versión en español, Ignacio Echevarría, el libro muestra a un Canetti “odiador colosal, susceptible, gran observador y seductor con las mujeres”.

¿Una variante Nobel de la prensa rosa? Echevarría adelanta que el libro está plagado de descripciones de las fiestas londinenses en las que, rodeado de amantes que entraban y salían de su vida, Canetti alterna con gente como Irish Murdoch (“no hay en ella ni un solo pensamiento verdaderamente serio”), T. S. Eliot (“Yo fui testigo de la fama de esta figura lamentable”) y otros.

Cuando pienso en Inglaterra recuerdo a menudo a personas con las que mantuve a lo largo de años largas e insípidas conversaciones […]. La ínfima parte que me ha quedado en la memoria es ya suficiente para algunos libros.

Por frases como esta y otras mucho más urticantes, Echevarría piensa que Canetti fue injusto con algunos de sus afamados amigotes.

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