Las tentaciones del crítico

Anteayer leía esta nota del Weblog sobre Weblogs de Clarín Digital, en la que se describe la tendencia de mercadeo, en que se han embarcado algunas compañías fabricantes de teléfonos celulares, consistente en regalarle un teléfono a un bloguero para que éste publique su opinión.

Es previsible que campañas similares se extiendan a otros rubros, y el mercado editorial no ha perdido tiempo en subirse a la ola, de acuerdo a lo que Víctor R. Ruiz comentaba ayer en su Linotipo: blogueros como JJ Merelo de Atalaya y José Luis Orihuela de eCuaderno han sido invitados por la compañía de marketing Ideup a leer y comentar libros de dos grupos editoriales a los que representa, asegurándose que se respetará la imparcialidad del bloguero si éste decide opinar en contra del producto (el que una agencia publicitaria asegure que respetará la imparcialidad del bloguero me suena más a confesión de parte que a otra cosa). Ruiz se sumerge un poco más en el tema:

Sospecho que aún no han llegado al punto de segmentar las audiencias de los blogs participantes en el programa y van a por lugares más o menos conocidos. Dejando volar la imaginación supongo que en un futuro no muy lejano habrá empresas dedicadas a colocar productos entre los blogueros, que revisarán la temática, el PageRank, el cosmos de Technorati y número de comentarios para seleccionar a los afortunados potenciales probadores de productos. De momento, nuestra preocupación al respecto es la ética bloguera.

A estas alturas eso de la ética bloguera parece una de esas reliquias a las que sólo los viejos se aferran, como la nettiquette o los emoticones, con la salvedad de que aquí los viejos son los que tienen blogs con dos años de edad o más. La masificación del fenómeno blogueril ha dado paso a la rentabilidad, por un lado, y a la banalización, por el otro, y es sabido que éstos son conceptos con los que suele reñirse la ética.

Por lo mismo, cabe preguntarse: si proliferan estas campañas de mercadeo editorial, ¿cómo sabremos cuándo un bloguero que comente un libro lo está haciendo por iniciativa propia o porque el libro le llegó desde una gerencia de marketing? ¿Llegará el día en que un bloguero se exima de hacer comentarios respecto a un libro, de la misma manera como en la actualidad los presentadores de televisión se eximen de mencionar marcas que no están entre sus anunciantes?

06/05/2005

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Locura, arte y museología

Javier Téllez: La extracción de la piedra de la locura

Carlos Yusti habla sobre la relación entre el arte y la locura en este trabajo que acaba de publicar Escáner Cultural. Menciona casos ejemplares, como el Greco o Armando Reverón, y se detiene a analizar una singular propuesta de Javier Téllez. Hijo de psiquiatras y con un hermano esquizofrénico, ya fallecido, Téllez se ha dedicado a estudiar las posibilidades artísticas de la locura.

La extracción de la piedra de la locura es, según Carlos, una de las obras fundamentales de Téllez. Se trata de una instalación, ya presentada en el Ateneo de Valencia y en el Museo de Bellas Artes de Caracas, en la que se reproduce un pabellón de enfermos mentales dentro del museo. En la presentación de su propuesta, Téllez establece una analogía entre la psiquiatría y la museología:

Tanto la museología como la clínica psiquiátrica se basan en taxonomías que establecen una dicotomía de o normal y lo patológico. La selección y marginalización constituyen el principal modus operandi, sea éste el empleado dentro del marco de la historia del arte o del estudio del comportamiento humano. El dogma terapéutico, que ambas ciencias comparten, hace que médicos y curadores de exposiciones se valgan del mismo verbo para definir el ejercicio de sus profesiones: curar el cuerpo; artístico o fisiológico.

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