Los fantásticos

La ciencia ficción no es uno de los géneros más cultivados en la literatura venezolana. ¿O me equivoco? Una oportunidad para empezar a conocer la realidad del género en el país se presenta este viernes, cuando se realice en la librería ReadBooks de Las Mercedes la I Tertulia Caraqueña de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror.

Los detalles en el blog de Jorge de Abreu, alguien que tiene mucho que decir sobre el tema. La cosa arranca a las 5:30 de la tarde y se termina a las 7 de la noche, hora de cierre de la librería. El tocayo dice que los contertulios serán libres de continuar la rumba en otro lugar (obvio, siempre es así). La organizadora, Susana Sussmann, es física y escritora de ciencia ficción. Me cuenta el tocayo esta semana por correo electrónico:

La historia es larga pero, resumiendo, la convocatoria corre a título personal de Susana, quien es activa en las listas y desea que de una vez por todas se produzca un encuentro real de venezolanos y no pura pajita virtual.

Como no sé si podré asistir, envío desde ya mis deseos de éxito, que es lo menos que puede hacer un ausente.

24/05/2005

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El sorpresivo amor

Preservativos para damas, gratis en CaguaAyer presencié una estampa poco común en Cagua: tres funcionarias de la Casa de la Mujer, armadas con una mesita, explicaban en plena Plaza Sucre —nuestra plaza mayor— el uso y beneficios del preservativo femenino. La cosa atrajo, por supuesto, a muchas mujeres, y a no pocos hombres, algunos de los cuales ni siquiera sabían que eso existía.

La funcionaria que sostiene el artefacto entre sus manos explicaba una y otra vez, con lujo de detalles, el modo de uso. Abundaba en palabras de la más rancia aristocracia profiláctica: miembro, acto, emisión. Había niños entre la concurrencia.

Al término de cada explicación, la funcionaria ofrecía preservativos gratuitos a las damas presentes; la mayoría se negaba, algunas por no firmar el libro de visitas de la institución —requisito indispensable para llevarse el obsequio—, otras, aventuro, por pacatería. Me pareció interesante que quienes sí se llevaron sus preservativos sin mayores ambages eran damas de edad bastante madura.

Una de las jóvenes que se retiraron, adujo: “No necesito eso, estoy sola”. Entonces la sabiduría popular se encarnó en una anciana que la escuchó, y le ripostó: “Quién sabe, mija. El amor no avisa”.

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