La culpa es de ustedes

Milan Ivelic KusanovicMilan Ivelic Kusanovic nació en Santiago de Chile en 1935. Es profesor de estética, magister en historia del arte y filosofía y crítico de arte. Además, desde 1993 dirige el Museo de Bellas Artes de Chile y, como es de imaginar, se ha visto en problemas a causa del robo de “El torso de Adéle”, de Rodin, que con tan buena intención cometiera hace unos días el joven Luis Onfray (quien, por cierto, ha sido suspendido de la Universidad Arcis, donde estudia).

Parece que en los corrillos santiaguinos circuló la especie de que Ivelic renunciaría, a lo que ha respondido, según esta nota, que no es cierto pues no se siente culpable y que, en todo caso, la culpa es de la sociedad chilena por carecer de “conciencia patrimonial”:

Hay falta de conciencia patrimonial en la sociedad chilena. Cada cierto tiempo se organizan recitales de música frente a este museo y al final de la jornada, el público se orina y defeca en el frontis del edificio, entonces ¿por qué nos extraña que dos jóvenes chilenos rayen un inmueble patrimonial en Perú? Si este chico que robó la escultura de Rodin tuviera una conciencia patrimonial, seguro que no lo habría hecho.

Lo cierto es que la cosa luce complicada para Ivelic y sus empleados. Agrega la nota que el Museo de Bellas Artes dispone de vigilancia policial y, además, guardias permanentes y hasta vigilantes voluntarios. Constantemente se elaboran planes para la seguridad de las obras, lo cual, dice Ivelic, puede comprobar con documentos. Sin embargo, el robo —siempre según la nota— se produjo porque a un empleado se le olvidó conectar los sensores de movimiento de la Sala Matta, donde se expone la muestra de Rodin. ¿Olvidarse de los sensores de movimiento en una sala donde se expone una pieza de cuatrocientos mil euros?

23/06/2005

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Las mujeres también escriben en los baños

GrafitisAquellos que creen que rayar las paredes de los baños es una actividad exclusiva de los hombres tienen un problema de adaptación a los tiempos que corren.

Silvana Castro, una investigadora de la Biblioteca del Congreso de Argentina que tiene en su haber, además, un diccionario de autores argentinos contemporáneos, recopiló durante cuatro años los grafitis que iba encontrando en baños de damas y acaba de publicarlos en cuatro volúmenes, como explica esta nota.

Su afición por los grafitis en los sanitarios empezó cuando leyó, escrita sobre la superficie embaldosada de la pared, una especie de “cápsula del tiempo” de una chica que tenía intenciones de suicidarse y se dejaba el mensaje a sí misma por si cambiaba de opinión. Toda una historia para Bogato.

Silvana tiene los baños clasificados de acuerdo a su “productividad”. En su particular investigación ha hallado muchas cosas interesantes. Por ejemplo los grafitis tópicos: en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires las chicas usan el baño para preguntar anónimamente qué hacer si se rompió un preservativo, mientras que en la de Psicología preguntan si está mal odiar a la madre. Y no faltan las que se hacen preguntas universales y generan respuestas de sus higiénicas colegas:

—Tengo 25 años y soy virgen. ¿Soy un caso raro?
—Somos dos.
—Somos tres.

Una oportunidad de postín para aliviar un poco nuestra curiosidad masculina respecto a lo que ocurre tras la puerta del baño de damas. La colección cuesta $60 y está compuesta, como dije antes, por cuatro volúmenes: Sexo y amor, Peleas sangrientas de mujeres furiosas, Las cartas que no mandé y Mujeres poéticas, irónicas y desesperadas.

Después de su colección de grafitis, Silvana ha publicado Fantasías sexuales de mujeres argentinas. Kinsey a la sureña, pues.

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