Federico García Lorca, el espía
El 19 de agosto de 1936 fusilaron a García Lorca. La historia aporta sobre el hecho una mezcla de datos y conjeturas, pero se tiene por cierto que el poeta, quien se refugiaba desde julio en la casa de sus amigos Luis y José Rosales, fue denunciado por Ramón Ruiz Alonso, quien comandaba al grupo de pistoleros que finalmente lo apresó y fusiló. Se ha dicho que una de las causas por las que Ruiz Alonso pretendía capturarlo era su homosexualidad; la causa formal fue, según los asesinos, que el poeta era un espía de los rusos.
Sepultado en una fosa común, desde hace dos años se sospecha la ubicación exacta de la misma. García Lorca fue fusilado junto con el maestro José Dióscoro Galindo y dos banderilleros, uno de ellos llamado Francisco Galadí; los descendientes de Dióscoro y Galadí, con la ayuda del antropólogo Miguel Botella, han hecho gestiones para localizar el sitio, que ha de ser uno de tres: bajo un olivo, en un pozo o donde hay una cruz de piedra. Sin embargo, los familiares de García Lorca se han negado pues consideran que la eventual exhumación sería una falta de respeto para con un lugar en el que fueron enterradas más de 3.000 víctimas de la intolerancia.
En Confieso que he vivido, Neruda cuenta un episodio que, según él, era la premonición de García Lorca sobre su muerte tres meses antes de que estallara la guerra civil. El poeta se encontraba acampando con su compañía teatral en los alrededores de un pueblo de Castilla. Se separó del grupo para caminar un rato; en cierto punto atravesó la verja que rodeaba el parque de una finca feudal, donde encontró un pequeño cordero que pastaba.
De pronto, una piara de cerdos entró también al recinto. Eran cuatro o cinco bestias oscuras, cerdos negros semisalvajes con hambre cerril y pezuñas de piedra.
Federico presenció entonces una escena de espanto. Los cerdos se echaron sobre el cordero y junto al horror del poeta lo despedazaron y devoraron.
Esta escena de sangre y soledad hizo que Federico ordenara a su teatro ambulante continuar inmediatamente el camino.
La intolerancia es una enfermedad común en el ser humano, y se atiza cuando se transitan tiempos bélicos. Los hombres de conciencia son entonces perseguidos, pues constituyen un peligro para el poder.










