Koyaanisqatsi

Pocas películas son tan extrañas como Koyaanisqatsi. Pocos silencios dicen tanto como Koyaanisqatsi.
Hora y media es el tiempo durante el cual Koyaanisqatsi despliega su arsenal de imágenes. No contiene un argumento tradicional, con héroes que salvan el mundo a último momento ni siquiera acciones que transcurran a lo largo del filme. El único argumento de Koyaanisqatsi lo conforman las imágenes de las cosas del mundo, como un muestrario infinitesimal del Aleph. El único actor de Koyaanisqatsi es la cámara, que atraviesa paisajes, ciudades, estancias y rostros sobre un fondo musical monótono y, a la vez, hermoso.
Presentada en 1982 tras seis años de rodaje, Koyaanisqatsi es el estreno como director de Godfrey Reggio, quien no se detuvo allí y completó su trilogía con Powaqqatsi (Vida en transformación) y Naqoyqatsi (La vida como guerra). Las tres películas han sido respaldadas por grandes firmas de la cinematografía: Francis Ford Coppola, George Lucas y Steven Soderbergh, respectivamente.
La palabra Koyaanisqatsi significa “Desbalanceado” en el lenguaje de los hopi, una tribu establecida en Arizona. Una extraña canción en el mismo lenguaje se escucha a lo largo de la película, intentando llevar un mensaje al fondo de nuestras conciencias:
Si empujamos las cosas preciosas de la tierra, convocamos el desastre. Cerca del Día de la Purificación, habrá telarañas girando hacia adelante y hacia atrás en el cielo. Un día podría vaciarse desde el cielo un recipiente de cenizas que quemaría la tierra y haría hervir los océanos.
Si esta tarde un hopi se nos acercara para decirnos esto, no podríamos entenderlo. Pero, aunque existe una traducción al inglés, basta con ver Koyaanisqatsi, donde todo está dicho.









