El poeta Isaías Rodríguez

Crítica literaria al aire libre, este grafiti —en una carretera de Caracas—, cuya foto nos llegó incompleta aunque cualquiera se puede imaginar qué palabra falta, da una idea de la calidad de los textos del autoproclamado poeta Isaías Rodríguez, fiscal general de Venezuela, el hombre que sintió más dolor cuando mataron a Danilo Anderson que cuando se murió su mamá. Recordemos el episodio, inmortalizado nada menos que en esta transcripción del Tribunal Supremo de Justicia, de una rueda de prensa realizada en diciembre del año pasado:
estaba sumido en uno de los dolores más profundos que yo he tenido en la vida, y no quiero dramatizar con esto, no quiero que la expresión sea oída de manera sensiblera, es uno de los dolores más profundos que personalmente he tenido en la vida, incluso tuve oportunidad de compararlo con la muerte de mi madre, y evidentemente la muerte de Danilo me impactó muchísimo más que la muerte de mi madre, la muerte de mi madre de alguna manera la estaba esperando, era una anciana tenía mal de parkinson los médicos me habían dicho que no duraría mucho, yo esperaba su muerte para el mes de diciembre y murió en febrero siguiente.
La austeridad en materia de signos de puntuación corresponde, como dicen en el argot televisivo, a fallas de origen. Nótese que, en cambio, el grafiti sí muestra una correcta puntuación.
En el año 2000, Isaías protagonizó la primera de sus grandes boutades al publicarse su Antología poética en la otrora gloriosa Biblioteca Ayacucho. No ha de ser casualidad que esta institución bibliográfica, que en el pasado marcó pauta en Latinoamérica, no mencione el libro de Isaías en su catálogo general, ni en el libro conmemorativo por sus treinta años, ni en su sitio en Internet.
Esta y otras no menos graves arbitrariedades han impulsado a mucha gente a exigir la renuncia del fiscal. Omar Estacio, sin embargo, no está de acuerdo, y explica sus razones en este magnífico artículo, que agradecemos porque nos ahorró el trabajo de leer la antología de marras. De antología este párrafo de Estacio:
“Al él, le gustaba fregar / fregaba los platos / fregaba los cubiertos / fregaba las ollas / y fregaba la paciencia” (Antología, pág. 68). La profundidad filosófica de la anterior estrofa, nos recuerda cierta coplilla de similar mensaje existencial: “Ola que sube / ola que baja / ola que arrasa / ola brutal / ola que ahoga / ola fatal / ¡Hola! ¿qué pasa? / ¡Hola! ¿qué tal?”.
En algunos círculos se enaltece a alguien como poeta no por la calidad de lo que escribe, sino por la supina ignorancia del entorno. Creo que este es el caso.


El respetado escritor británico 







