Internet, el tiempo y Hogmanay

HogmanayHace unos años, Roberto Hernández Montoya me decía que su mayor placer en Internet era asumir el verbo navegar como quien lo hace a la deriva: dejarse llevar por los pedazos de información que saltan a cada paso, haciendo click en los enlaces sin un plan preconcebido, y en el proceso nutrirse de cuanta cosa aparezca. Estábamos de acuerdo en eso, aunque hoy yo agrego: mi mayor placer en Internet es tener tiempo para navegar a la deriva.

Navegar por trabajo no es del todo placentero. Uno se carga de aperos, zarpa en la dirección que indica la brújula del momento (alguna ilustración para un artículo, una fuente tipográfica para un cliente…), pesca lo que tiene que pescar y regresa, todo muy utilitario, perdiéndose uno los ocasos y los bancos de peces y hasta el fresco de la brisa.

En fin, el tiempo nunca es benigno, es a la vez un constructor de recuerdos y un boletín sobre la degradación de nuestro organismo en su camino indetenible hacia la muerte. Y aun así uno se rebela y se muestra optimista ante el futuro y se prepara para celebrar con los suyos el inicio de un nuevo año.

Entre nosotros la celebración es por lo general un evento de recogimiento familiar. Uno espera la medianoche del 31 de diciembre escuchando en la emisora local los clásicos de ocasión: Faltan cinco pá’las doce o Las uvas del tiempo, y ya después de eso los abrazos y libaciones, y poco más. La nuestra es una versión sumamente edulcorada de las fiestas en honor a Saturno —el mismísimo Cronos de los griegos que, volviendo al tema, representa al tiempo— en las que los antiguos se entregaban al desenfreno. Nada que ver con el Hogmanay escocés, en el que todos salen a la calle y se entregan a una fiesta que puede durar tres días y que, de hecho, ya comenzó.

Salud a todos. Y, a la manera escocesa, ¡feliz Hogmanay!

31/12/2005

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Información literaria de 2005 en Letralia

Para despedir el año acabo de publicar en Letralia este índice con la información literaria de 2005. Aquí les dejo este extracto, con las noticias que, subjetividad por delante, me llamaron la atención por diversas razones.

Letralia 119, 7 de febrero de 2005

Letralia 120, 21 de febrero de 2005

Letralia 121, 7 de marzo de 2005

Letralia 122, 28 de marzo de 2005

Letralia 123, 11 de abril de 2005

Letralia 124, 23 de mayo de 2005

Letralia 125, 4 de julio de 2005

Letralia 126, 18 de julio de 2005

Letralia 127, 1 de agosto de 2005

Letralia 128, 15 de agosto de 2005

Letralia 129, 5 de septiembre de 2005

Letralia 130, 19 de septiembre de 2005

Letralia 131, 3 de octubre de 2005

Letralia 132, 17 de octubre de 2005

Letralia 133, 7 de noviembre de 2005

Letralia 134, 21 de noviembre de 2005

Letralia 135, 5 de diciembre de 2005

Letralia 136, 19 de diciembre de 2005

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Breve historia del Ponche Crema

Ponche Crema, aviso de 1905El 17 de marzo de 1904 fue expedida la patente de invención del Ponche Crema, la bebida con leche, huevos, azúcar y alcohol, característica de las navidades venezolanas, que instaló en la memoria colectiva el nombre de quien hasta entonces había pasado cuatro años perfeccionando la receta, Eliodoro González P. (es de hacer notar que pronunciarlo sin la P puede provocar el absoluto desconocimiento del personaje por parte del oyente).

Don Eliodoro no era una suerte de José Arcadio Buendía caraqueño. Tenía una visión industrial avanzada. Tanto que, apenas levantó la fábrica en Antímano —donde aún se mantiene—, invirtió de inmediato en publicidad. El anuncio del Ponche Crema que encabeza esta nota es el primero que la naciente compañía publicó en El Cojo Ilustrado en 1905, y ya entonces cerraba con la frase clásica: “Único de Eliodoro González P.” (aunque, quizás por tratarse de una bebida, las botellas actuales dicen Única).

Cuatro generaciones de González han sostenido la fábrica hasta nuestros días. El Ponche Crema ha pasado al imaginario venezolano como una “bebida femenina”, con una connotación medio misógina que le atribuye suavidad e indefensión, algo incomprensible si se considera que tiene sus buenos 14 grados de alcohol —10 más que cualquier cerveza de esas bien machas.

La compañía ha fundado una leyenda alrededor de su fórmula, que se asegura es uno de los secretos industriales mejor guardados del mundo, ya que tiene algún componente secreto que garantiza su constante nivel de venta año tras año. Ha de ser verdad, al menos en lo que a mí respecta, pues he probado cualquier cantidad de ponches y ninguno sabe como el de don Eliodoro.

Tanto ha calado el Ponche Crema entre nosotros, que es el origen del verbo ponchar que se aplica en el beisbol cuando un bateador se deja hacer tres strikes, quedando out, fuera. Fue Pancho Pepe Cróquer quien instituyó el neologismo, precisamente para hacerle promoción, durante los partidos de beisbol que narraba, al producto “único de Eliodoro González P.”.

Cróquer era un destacado narrador deportivo, llamado “La Voz Deportiva de América”, y además era corredor automovilístico. De hecho, la muerte le alcanzó ante el volante de un Maserati 2000, en una carrera trágica en la que también murieron el colombiano Antonio Braun y cuatro infortunados espectadores. Cirilo Cróquer Barreto, su padre, había sido uno de los pioneros del beisbol venezolano y uno de los fundadores del Aragua BBC, creado en Turmero a principios del siglo XX. Cróquer Barreto fundó también La Voz de Aragua, emisora de Maracay en la que el joven Pancho Pepe hizo sus pininos como narrador deportivo.

Así, el Ponche Crema, bien sea como bebida para estos días decembrinos o como verbo para el deporte, tiene garantizada su supervivencia entre los venezolanos. A nivel genético, digo yo.

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