Honores

Fuentes de El Florido ByteSi ya es un honor aparecer en esta lista como una de las fuentes de el florido byte, imagínense lo que significa aparecer en el puesto que me han dado. :)

30/06/2006

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Los tres premios de Monsiváis

Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska 

La semana pasada estuvo Carlos Monsiváis en el Palacio de Bellas Artes, en Ciudad de México, leyendo poemas de Ramón López Velarde en compañía de Hugo Gutiérrez Vega. Monsiváis obtuvo recientemente el Premio Iberoamericano de Poesía que lleva el nombre de López Velarde.

Allí Monsiváis dijo haber recibido en realidad tres premios:

Primero, el otorgado generosamente por el jurado; segundo, la posibilidad de releer de una manera arrebatada la poesía de López Velarde, y el tercero es que ninguno de mis amigos dijo: “Qué atroz injusticia”. Estos premios los atesoro.

En la foto, Monsiváis y Elena Poniatowska, a quien estuvo dedicada la jornada de lectura.

29/06/2006

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Aracataca y punto

Aracataca y puntoEl de la foto es Álvaro Saade, un habitante de Aracataca, el pueblo natal de Gabriel García Márquez. La inscripción de su franela, Aracataca y punto, tiene su razón de ser en un hecho más que curioso.

El domingo, los habitantes de Aracataca estaban citados para votar en un referendo si le cambiaban el nombre a su pueblo. El nombre propuesto sería Aracataca-Macondo. Y aunque hubo una abrumadora mayoría de votos a favor, de algo así como ¡93%!, la idea —que al parecer surgió del alcalde local, Pedro Sánchez Rueda— no rindió los frutos esperados.

Para cambiar el nombre del pueblo, el referendo debía reunir los votos positivos de una tercera parte de la población votante. De los 52.000 habitantes de Aracataca, 22.000 están habilitados para votar. Se requerían entonces cerca de 7.500 votos a favor para proceder. Ya que sólo votaron 3.270 personas, el referendo pierde su validez y, por otra parte, el que vendía las franelas con la leyenda Aracataca y punto acaba de descubrir que se metió en un mal negocio.

¿Por qué cambiarle el nombre a Aracataca? El alcalde está preocupado por la situación económica del pueblo y quiere atraer inversiones y recursos por la vía del turismo. Esta nota de ABC lo explica en términos lúgubres pero que, por otro lado, no son nada extraños para quienes vivimos por estos lares:

Son 53.000 habitantes que no tienen ni hospital, ni agua potable, ni suficientes escuelas. Más de 2.000 niños están sin estudios y cerca de 1.500 desplazados duermen en las calles. 

Por cierto que esta nota de la BBC le asigna un gentilicio erróneo a los habitantes de Aracataca. En Vivir para contarla, García Márquez explica que la gente suele abreviar el nombre del pueblo y llamarlo simplemente Cataca. El nombre del pueblo es una palabra compuesta por Ara, agua clara, y Cataca, nombre de un antiguo cacique local, y el gentilicio de sus habitantes es cataqueros; la nota los llama, sin embargo, caraqueños.

28/06/2006

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Profesión escritor

Nadie se gradúa de escritorEn la fauna literaria es fácil comprobar cuán acendrados se encuentran ciertos complejos respecto al oficio que se ha escogido. Supongo que una de las razones más fuertes para la mayoría de esos complejos es la ausencia de una carrera universitaria donde te gradúes de escritor. Con la afición que los seres humanos solemos tener por lo nominal, no es fácil aceptar la validez profesional de alguien que se define como oficiante de algo para lo cual no tuvo que encerrarse cinco años o más en un aula ni tuvo que matarse haciendo pasantías o tesis.

Hace años fui a una reunión social. La mayoría de los hombres asistentes eran ingenieros, colegas del anfitrión, o psicólogos, colegas de la anfitriona. Alguien me presentó a una mujer hermosísima que me preguntó: “¿Ingeniero o psicólogo?”. Por entonces yo tenía mi propio complejo y solía responder que era diseñador gráfico —algo para lo que, por añadidura, tampoco me preparé en aulas, pero sonaba más aceptable—, pero me encontraba en plena, digamos, revisión de conciencia. Así que respondí: “Soy escritor”. Un estremecimiento recorrió mi columna mientras lo dije. Y volvió a recorrerla cuando la mujer, con actitud de incredulidad, volvió a preguntarme: “Sí, pero me refiero a tu profesión”. “Escritor”, volví a responder, y dejamos las cosas de ese tamaño.

Una vez superado ese pequeño escollo uno se da cuenta de que entre los escritores hay complejos más… complejos. Conocí a un escritor que, refiriéndose a otro, me decía: “Fulano de tal es narrador, un narrador nato, no de esos que andan escribiendo ensayo o poesía”. Lo decía con una agria dosis de desprecio por los narradores-poetas-ensayistas.

Es otro nivel del asunto: soy escritor, pero, ¿qué tipo de escritor soy? ¿En qué tendencia, en qué escuela, en qué género debo enmarcarme? Para algunos —para mí, por poner un caso—, llegar a este nivel de la discusión no es algo serio, pero hay gente que sí piensa así. Dejémoslos tranquilos un rato.

“Pero ser escritor es fácil”, me dijo alguien una vez. “Tomas una computadora, tienes una idea, la traduces en palabras”. Claro, es sencillito si descartas el trajín de la experiencia, la habilidad que debe aprenderse para evadir las dificultades de la publicación, los debates personales con la propia idea de lo que es escribir y nuestra relación con el mundo. El resultado final, como dice Matthew Pearl, es “una experiencia muy dolorosa, lenta, tediosa y desesperanzadora”.

Rafael Ramírez Heredia, autor de Con M de Marilyn y uno de los ganadores, el año pasado, del premio Dashiell Hammett de Novela Negra en la Semana Negra de Gijón, lo pone en estos términos cuando se le pregunta por qué escribe:

Escribo porque no sé hacer otra cosa o no me importa hacer otra cosa. Una manera fácil de decir las cosas es que como no soy dueño de grandes propiedades, ni tengo un cargo público de importancia, ni tampoco soy directivo de una transnacional; y tampoco me interesa, por esa razón escribo. En realidad escribo por seguir tradiciones familiares, por búsquedas, por impulsos personales, por inconsecuencias, angustias, rabias y alegrías: todo eso se concentra en la literatura.

Y podríamos decir igualmente: todo se concentra en la literatura, o al menos es así cuando decides ser escritor.

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Morir recitando

Patricio Pérez PadrónHablando de muertes míticas, la del poeta Patricio Pérez Padrón quedará para siempre inscrita en este renglón. Pérez Padrón era natural de un pueblo de Las Palmas de Gran Canaria llamado Telde, y había seguido la vocación literaria de su padre, un reconocido poeta local llamado Patricio Pérez Moreno.

El poeta murió mientras recitaba versos de Manuel Machado frente a la casa natal de su padre, durante un recorrido poético con motivo de las fiestas de San Juan. Y, aunque aquí y aquí hay sendas notas al respecto (con algunas inexactitudes), es la escritora Rosario Valcárcel quien deja un retrato fidedigno del suceso.

Su padre, el poeta Patricio Pérez Moreno, le había enseñado a memorizar unos versos de Manuel Machado. Nadie supo lo que ocurrió. Él con su carpeta verde en la mano empezó a leer. Sus ojos como ventanas, vigilaba los signos de puntuación, controlaba la melodía y recitaba de pie hechizado por la emoción. No se le escuchó quejarse, ni toser. Sólo sacó un pañuelo y se lo pasó por su boca, nos miró a todos, cerró su carpeta y siguió recitando de manera conmovedora.

Segundos después el poeta cayó al pavimento víctima de un infarto, para estupefacción de las autoridades —alcalde incluido— y los asistentes al acto. Un escalofrío debió recorrer las espaldas de quienes lo habían oído decir, minutos antes, que había regresado a Telde para morir en la tierra de sus mayores.

23/06/2006

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La verdadera muerte de Alfonsina Storni

Monumento a Alfonsina Storni en la playa La Perla, en Mar del Plata

El Centro Virtual Cervantes inauguró hace poco esta exposición sobre la poeta argentina Alfonsina Storni, en la que se puede leer su biografía, algunos artículos y una selección de sus poemas. Una oportunidad de lujo para conocer la obra de una mujer que se destacó por su postura respecto a los prejuicios sociales —que avivaba por su situación de madre soltera—, por su vida literaria manifiesta en su poesía y en su amistad con los grandes autores de la época —Gabriela Mistral, Oliverio Girondo, Horacio Quiroga— y, sobre todo, por el mito que rodea a su muerte.

Alfonsina, así a secas como la recordamos, es una de las leyendas de la literatura hispanoamericana que con más fuerza retumban en la memoria del colectivo, a donde llegó de la mano de la canción de Ariel Ramírez y Félix Luna que le ha dado la vuelta al mundo en la voz de Mercedes Sosa. La misma canción que, en una licencia poética, habla de una Alfonsina que le dice a su interlocutor —en la canción una nodriza, pero podría ser cualquiera— que, “si llama él” no se le diga nunca que ella está. “Di que me he ido”, completan Ramírez y Luna su idea poética de la despedida de Alfonsina.

¿Cómo murió Alfonsina Storni? La canción misma habla de una mujer que sufre y que decide marcharse “vestida de mar”, y el mito ha establecido que la autora de El dulce daño caminó aguas adentro hasta ahogarse, víctima de una depresión amorosa. Una muerte más poética, imposible. Pero lo cierto es que no fue así como ocurrió: ni caminó aguas adentro ni se suicidó por mal de amores.

En la exposición del Centro Virtual Cervantes está este artículo de Guzmán Urrero Peña que aclara el asunto. La depresión de Alfonsina sí era real, pero su motivo era el cáncer que tres años antes le había arrebatado un seno durante una operación quirúrgica. Y su muerte en el mar también fue real pero, en lugar de caminar aguas adentro, Alfonsina se lanzó desde el espigón —un macizo saliente en la costa— de la playa La Perla, en Mar del Plata, y su cuerpo fue hallado a la mañana siguiente por dos obreros que pasaban. En el lugar se ha erigido el monumento de la foto que encabeza esta nota, al que cada 25 de octubre se acercan cientos de personas a honrar la memoria de Alfonsina.

Al respecto reflexiona Urrero Peña:

Hay mucho secreto en el suicidio de un poeta. El lector busca ingredientes extraordinarios en ese hormigueo penoso que empuja al creador más allá del abismo. Por esta senda, triunfa el cliché romántico. Es inevitable, por consiguiente, relacionar la desolación marina de Storni con los motivos literarios que desgrana su biógrafa, Josefina Delgado: la naturaleza, “potente y que despierta todos los instintos”, que “se funde con la mujer y le dice que tiene un cuerpo y que debe oírlo”.

Aun otro mito rodea a Alfonsina y es su postura feminista, manipulada a lo largo de los años, algunas veces por desconocimiento y otras por el puro interés de sumar nombres mayúsculos a las causas propias. Lo comenta Alberto Acereda en este trabajo:

…las críticas del feminismo radical (y el adjetivo es importante) no cesan en su intento de dar una falsa idea de erudición presentando la obra de Storni (y lo mismo de cuantas poetas salgan a su paso) dentro de un galimatías crítico-teórico plagado de pura demagogia. (…) Pero basta leer la poesía de Alfonsina Storni para comprobar el mito falseado del feminismo más burdo. En la Storni está el yo de mujer, el sentimiento encarnado de la hembra que aboga por la igualdad con el varón pero que confiesa también, sin escrúpulos, la necesidad del hombre como compañero.

¿Qué importancia tiene saber la verdad, o las verdades, sobre Alfonsina Storni? Seguramente ninguna. Solemos preferir los mitos porque en ellos podemos moldear nuestra imagen del mundo, arrancarle esa costra de roñosa realidad que lo reviste.

22/06/2006

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No sólo de pan

PanA diferencia de las panaderías venezolanas, en las que uno puede hallar gatos en los estantes de las exquisiteces, las gallegas han empezado a untarle poesía al pan.

Desde este mes, más de 600 panaderías de Galicia expenden el pan en bolsas que llevan impresos textos poéticos de Rosalía de Castro, Ana Romaní, Celos Emilio Ferreiro, Antón Avilés de Taramancos, Ramón Cabanillas, Ramón Otero Pedrayo y Uxío Novoneyra.

La iniciativa, que muy ilustrativamente se llama Pan con Poesía, es de la Consejería de Cultura y Deporte de Galicia y, al parecer, no hay gato encerrado.

21/06/2006

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