Morir recitando
Hablando de muertes míticas, la del poeta Patricio Pérez Padrón quedará para siempre inscrita en este renglón. Pérez Padrón era natural de un pueblo de Las Palmas de Gran Canaria llamado Telde, y había seguido la vocación literaria de su padre, un reconocido poeta local llamado Patricio Pérez Moreno.
El poeta murió mientras recitaba versos de Manuel Machado frente a la casa natal de su padre, durante un recorrido poético con motivo de las fiestas de San Juan. Y, aunque aquí y aquí hay sendas notas al respecto (con algunas inexactitudes), es la escritora Rosario Valcárcel quien deja un retrato fidedigno del suceso.
Su padre, el poeta Patricio Pérez Moreno, le había enseñado a memorizar unos versos de Manuel Machado. Nadie supo lo que ocurrió. Él con su carpeta verde en la mano empezó a leer. Sus ojos como ventanas, vigilaba los signos de puntuación, controlaba la melodía y recitaba de pie hechizado por la emoción. No se le escuchó quejarse, ni toser. Sólo sacó un pañuelo y se lo pasó por su boca, nos miró a todos, cerró su carpeta y siguió recitando de manera conmovedora.
Segundos después el poeta cayó al pavimento víctima de un infarto, para estupefacción de las autoridades —alcalde incluido— y los asistentes al acto. Un escalofrío debió recorrer las espaldas de quienes lo habían oído decir, minutos antes, que había regresado a Telde para morir en la tierra de sus mayores.









