La dimensión desconocida de los nombres raros

¿Llamaría a su hijo Perro Apestoso?Una decisión del Departamento Nacional de Inscripciones de Malasia impedirá a los naturales de aquel país ponerle nombres extraños a sus hijos, una costumbre que al parecer tiene que ver con la importancia del nombre para mantener alejados a los demonios.

Aunque a primera vista esto pudiera verse como una suerte de atentado contra las tradiciones malayas, lo cierto es que actualmente se encuentra en franco ascenso la cantidad de personas que solicitan legalmente se les permita cambiar de nombre. ¿La razón? Los nombres “espantademonios” más usuales son cosas como Víbora, Jorobado, Perro Apestoso o Coito, entre otros. Ya es difícil imaginar los problemas que puede tener en la escuela un chico llamado Coito, por lo que me pregunto en qué están pensando los que votaron “Sí” y “Depende…” en la encuesta de la BBC.

Eso de los nombres es un asunto peliagudo. Hace años un amigo muy involucrado en la lectura de libros de Conny Méndez y similares, me decía que el nombre define a la persona. A mí eso me parece una soberana sandez, pero cada quien que crea lo que quiera.

Uno de mis trabajos —uno particularmente aburrido— fue diseñar afiches de graduación de militares. Los chicos que se gradúan en cualquier carrera militar se anotan en una lista para recibir, el día del acto de grado, un afiche montado en una lámina de cartón piedra o madera barata. Por lo general el afiche consiste en una fotografía del grupo de graduandos, tomada en uno de los campos abiertos del respectivo centro de estudios, y en la parte superior se pone la fotografía del graduando-cliente, mirando el cielo con expresión soñadora. Cada graduando que se apunta en la lista recibe un afiche personalizado de esta manera.

Debajo de la foto, estos afiches incluyen la lista completa de los graduandos. En Venezuela se suele bromear sobre la costumbre de los zulianos de ponerle nombres griegos a sus hijos: Aristófanes, Hipócrates, y así. El caso es que toda Venezuela es una especie de dimensión desconocida de los nombres personales, y haciendo esos afiches obtuve una aterradora perspectiva de ello.

Recordando esto desempolvé hace un rato uno de los viejos CDs de esa época. Me bastó abrir dos o tres archivos para encontrar algunos ejemplos. Y lo cierto es que, si bien los nombres raros en Venezuela quizás no llegan al rango de Perro Apestoso o Coito (o quizás sí…), no dejan de ofrecer algunas sorpresas interesantes. Aquí algunos ejemplos tomados del mencionado CD:

  • Nombres que en inglés podrían ser indistintamente nombres o apellidos, supongo que por influencia del cine y las series de televisión: Jefferson, Charles, Brown, algún tocayo mío llamado George y el paroxismo de dos Emerson distintos en una misma promoción.
  • Versiones incorrectas de nombres en inglés: Deivison, un Deivi y un Deivis en la misma promoción, Johan, Jhaissen, Maikel Obrallan, Yedinson, Yhorman, Yilber.
  • Mezclas de ambos, como en Oliver Braygi, John Fredy, Artur William.
  • Ahora que lo menciono, hallé cantidades industriales de William, Williams y hasta un Williamson José.
  • Algún comunista rezagado que en lugar de nombres anglosajones opta por nombres rusos, bien o mal escritos: Illich y Lenyn (dos alumnos de promociones distintas).
  • Nombres completamente incomprensibles, algunos quizás resultado de mezclar los nombres de los padres: Yordanys, Donny Duvián, Yorman, Yosnaibel, Yabber.
  • No, no encontré ninguna Yasuri Yamileth. Será en otra ocasión. :)

Obviamente, si el nombre influye en la personalidad del que lo ostenta, alguien llamado Donny Duvián podría volver loco a un psicólogo. En cualquier caso, leyendo estos ejemplos siento que soy afortunado al provenir de una familia tradicionalota, nada aventurera en sus procedimientos bautismales, que me ahorró quién sabe qué tipo de problemas al ponerme simplemente el nombre de mi papá: Jorge Rafael.

31/07/2006

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