Breve manual para producir hrönir

El otro día yo hablaba, en un editorial de Letralia, acerca de los hrönir, que es el nombre que los habitantes de Tlön le dan a los objetos hallados por la sencilla razón de que, en su pensamiento, no existe el concepto de hallazgo. Un objeto hallado es simplemente la duplicación, levemente imperfecta, del objeto que se había perdido. El fenómeno ocurre como resultado del acto puro de buscar, incluso cuando no se sabe lo que se busca. Cosas de Borges, claro.
Hay un mecanismo más fácil para producir hrönir, y se llama (fanfarria): Microsoft Word.
Dos ejemplos. El primero es la aparición de un personaje hasta ahora inexistente, a la más pura usanza woodyalleniana (santos términos enrevesados), en la magnífica serie Héroes. Es físicamente idéntico al chico que al principio cree descubrir que puede volar, el enfermero cuyo hermano es un importante político. No diré más sobre el personaje para no estropearle la fiesta a quienes recién empiezan a ver la serie. El personaje original se llama Peter Petrelli. Pero escriba su nombre en Microsoft Word y verá cómo aparece el hrön Meter Petrelli.
El segundo es la aparición de una ciudad completa. En los registros de Tlön jamás se hace referencia a un fenómeno de tal magnitud, pero es que somos muy grandes. Basta que usted escriba el nombre de la ciudad de Nueva York en Microsoft Word y verá cómo aparece, con su mágico linaje de espejismo, la ciudad de Nueva Cork.
La mayor evidencia de que ambos hrönir han empezado a invadir nuestra realidad está en Google. Vea, por ejemplo, cómo ha empezado a aparecer Meter Petrelli, o cuántas veces ha aparecido de la nada la ciudad de Nueva Cork. La insistencia de ésta en involucrarse en nuestra realidad es tal que ya ha invadido hasta a la Wikipedia.

Tal parece que el asunto de los plagios es una especie de epidemia. Por un lado 
La presencia de varios médicos en el acto de lectura del Pregón de la Semana Santa en la ciudad de Talavera de la Reina (Toledo), a cargo del periodista y escritor español Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, no fue suficiente para evitar la muerte del pregonero.
¿A quién sorprende que una revista de la alcurnia de
El sábado, la revista Semana publicó 
En menudo zaperoco anda metido 







