Breve manual para producir hrönir

Peter Petrelli

El otro día yo hablaba, en un editorial de Letralia, acerca de los hrönir, que es el nombre que los habitantes de Tlön le dan a los objetos hallados por la sencilla razón de que, en su pensamiento, no existe el concepto de hallazgo. Un objeto hallado es simplemente la duplicación, levemente imperfecta, del objeto que se había perdido. El fenómeno ocurre como resultado del acto puro de buscar, incluso cuando no se sabe lo que se busca. Cosas de Borges, claro.

Hay un mecanismo más fácil para producir hrönir, y se llama (fanfarria): Microsoft Word.

Dos ejemplos. El primero es la aparición de un personaje hasta ahora inexistente, a la más pura usanza woodyalleniana (santos términos enrevesados), en la magnífica serie Héroes. Es físicamente idéntico al chico que al principio cree descubrir que puede volar, el enfermero cuyo hermano es un importante político. No diré más sobre el personaje para no estropearle la fiesta a quienes recién empiezan a ver la serie. El personaje original se llama Peter Petrelli. Pero escriba su nombre en Microsoft Word y verá cómo aparece el hrön Meter Petrelli.

El segundo es la aparición de una ciudad completa. En los registros de Tlön jamás se hace referencia a un fenómeno de tal magnitud, pero es que somos muy grandes. Basta que usted escriba el nombre de la ciudad de Nueva York en Microsoft Word y verá cómo aparece, con su mágico linaje de espejismo, la ciudad de Nueva Cork.

La mayor evidencia de que ambos hrönir han empezado a invadir nuestra realidad está en Google. Vea, por ejemplo, cómo ha empezado a aparecer Meter Petrelli, o cuántas veces ha aparecido de la nada la ciudad de Nueva Cork. La insistencia de ésta en involucrarse en nuestra realidad es tal que ya ha invadido hasta a la Wikipedia.

30/03/2007

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Federico Andahazi y la epidemia del plagio

Federico AndahaziTal parece que el asunto de los plagios es una especie de epidemia. Por un lado exoneran a Dan Brown y por otro acusan a Federico Andahazi. Su novela El conquistador, ganadora del premio Planeta y recién publicada por este sello editorial, ha sido señalada como un plagio de la obra teatral Los indios estaban cabreros, escrita por el dramaturgo argentino Agustín Cuzzani y estrenada en 1958 con Héctor Alterio y Juan Carlos Puppo como protagonistas. La denuncia fue presentada hace unos días en un juzgado de Buenos Aires por el hijo de Cuzzani.

Tanto El conquistador como Los indios estaban cabreros narran la historia de un líder del imperio azteca que hace el viaje de Colón a la inversa y antes de 1492. Algo así como el Welcome Colón de Virulo, aunque quizás no tan divertido. No creo que la cosa pase a mayores, si los diecinueve puntos similares que Cuzzani hijo halló en la novela de Andahazi respecto a la obra de su padre son como estos:

Cuzzani Sr: Estamos en la plaza del Mercado de una pequeña aldea de pescadores a orillas del Mar Atlántico, en las costas mexicanas del Imperio Azteca.
Andahazi: La plaza del mercado, rodeada de canales, se iba poblando a medida que llegaban las barcazas cargadas. Era aquél el corazón del Imperio Mexica.

Yo creo que acaso lo más sospechoso es que está involucrada Planeta, editorial que tiene su buen rosario de historias en este rubro. Andahazi se ha mostrado sorprendido por la denuncia, que está fundamentada en un informe encomendado por Cuzzani a una doctora en letras. Ha dicho que él ni conocía la obra teatral y que sospecha de la existencia de un “interés oscuro” en el asunto. Piensa que, en literatura, el límite de la libertad es el plagio. Y, claro, ya su abogado empezó a preparar una demanda contra Cuzzani.

De Andahazi he leído El anatomista, la obra que lo convirtió en la estrella del personal. Buena parte de la novela me recordó el aroma cientificista de El perfume, de Patrick Süskind …salvando las distancias, por supuesto. Pero hacia la mitad, cuando arranca el juicio al protagonista, parece que Andahazi se aburrió y empezó a escribir a paso redoblado.

En aquel momento el escritor también fue noticia: El anatomista ganó el premio Fortabat, pero la fundación homónima, auspiciante del galardón, se horrorizó cuando se percató de que estaba premiando a un libro sobre esa vulgaridad que algunos malhablados llaman clítoris.

28/03/2007

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10 razones para enlazar a Wikipedia

Wikipedia, la enciclopedia libreLa razón principal por la que Wikipedia tiene un ranking tan alto (9 la versión en inglés; 7 la versión en español) es que la gente enlaza a sus artículos. Puede parecer extraño que la gente prefiera enlazar a Wikipedia sobre otros sitios, pero “la enciclopedia libre” se vende muy bien:

  1. Los artículos de Wikipedia tienen abundante contenido, y a la gente le gusta enlazar páginas que consistan principalmente de texto. Hay mucha información estructurada en una forma consistente y eso hace que muchos de sus artículos sean considerados valiosos.

  2. Los artículos de Wikipedia tienen un lenguaje accesible. Incluso si no dominas un tema, puedes entender lo básico y aprender más fácilmente.

  3. ¿Por qué alguien enlazaría al artículo de Wikipedia sobre Menéame, en lugar del propio Menéame? Porque el artículo correspondiente en Wikipedia empieza diciendo: “Menéame es un sitio web basado en la participación comunitaria en el que los usuarios registrados envían historias que los demás usuarios del sitio (registrados o no) pueden votar, promoviendo las más votadas a la página principal”, mientras que la página de Menéame muestra las historias sin mayor explicación. Wikipedia ofrece contexto.

  4. Las páginas de Wikipedia son más objetivas que otros sitios porque no intentan vender productos o ideas; sólo explican sus temas con sentido crítico. Y las páginas de Wikipedia no tienen publicidad.

  5. Un artículo de Wikipedia es actualizado constantemente. Se puede decir que nunca está terminado. Y a todos nos gusta enlazar material que el año próximo seguirá siendo fresco.

  6. Wikipedia ya es conocida por mucha gente que la siente como una vieja amiga que siempre responde la mayoría de nuestras preguntas. Cuando no se confía lo suficiente en otros sitios es difícil decidir cuál merece el honor de un enlace. Entonces se enlaza a Wikipedia.

  7. Se aprecia a Wikipedia como un diccionario de estilo libre con entradas para muchos temas. De ahí que cuando se necesita explicar algo, se enlaza al diccionario extendido.

  8. Si se enlaza a un artículo de Wikipedia, no se necesita enlazar a otro artículo porque por lo general la sección "Enlaces externos" (al final del artículo) contiene todos los enlaces que se necesitan.

  9. El usuario tiende a confiar en Wikipedia, y a recomendarla, porque ya ha encontrado muchas cosas interesantes en ella.

  10. Las páginas de Wikipedia compilan información diversa de muchos sitios, de manera que es un buen punto de referencia para quien necesita introducirse en un tema.

(Versión libre de Why People Link to Wikipedia, en Google Operating System).

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Las castas de la muerte

Manuel Ramírez Fernández de CórdobaLa presencia de varios médicos en el acto de lectura del Pregón de la Semana Santa en la ciudad de Talavera de la Reina (Toledo), a cargo del periodista y escritor español Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, no fue suficiente para evitar la muerte del pregonero.

En efecto, Ramírez Fernández empezó a leer su pregón el pasado viernes, pero no terminó. A mitad de discurso tuvo un desvanecimiento producto de un infarto. Lo cuenta un cable de EFE:

El periodista, de 59 años, estaba ofreciendo un pregón “intimista y bello”, y realizaba un símil entre la Semana Santa de Sevilla y de Talavera de la Reina cuando empezó a marearse, tomó un sorbo de agua, soltó el vaso, volvió a coger el vaso para beber y se sujetó al atril situado en el escenario del Teatro Victoria.

Le conferimos a la muerte un aura de misterio porque no nos es dado comprenderla, y de acuerdo a la forma como se presente hemos construido todo un sistema de castas. Morir mientras se trabaja está entre los más altos escalafones. Morir de viejo, echado en la cama tras una agonía larga y descansada, está bien si el protagonista ha sido un hombre de bien, pero es una muerte inmerecidamente tranquila si fue un culpable. Veo la foto de don Manuel y me cuesta pensar que minutos después sería un objeto inanimado, presto a iniciar el camino de la podredumbre. Uno termina aceptando la cosa medio a regañadientes porque sabe que es el mismo destino que nos espera a todos en un corto, cortísimo (¿veinte, cuarenta años?) tiempo.

27/03/2007

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Life, being digital

Hemingway en Life (septiembre de 1952)¿A quién sorprende que una revista de la alcurnia de Life cambie el papel por los bytes? Probablemente a algún despistado. Hace diez años habría sido una apuesta impensable, con medio mundo conectándose de formas más disparatadas que eficaces (¿recuerda alguien de la audiencia aquellos manuales para consultar Altavista o descargar archivos de servidores FTP… por correo electrónico?) y modems que tardaban horas enteras en transferir un par de megabytes.

El movimiento que realiza ahora Life es el que tomarán muchas publicaciones por una conjunción de causas:

  1. Una publicación impresa es una de las empresas más caras que se le puedan ocurrir a alguien. Los insumos que se requieren para hacerla realidad tienen en su mayoría precios exorbitantes.

  2. Una publicación impresa no puede informar con la misma agilidad que una digital. Si unos científicos encuentran el eslabón perdido un minuto después de que salió la edición, tardarás al menos 24 horas en informar al respecto.

  3. Hay que empezar a pensar en el papel como un recurso natural no renovable. Eventualmente nos comeremos todos nuestros bosques y usaremos papel reciclado por necesidad, no sólo por quedar bien con el público. Y aun así no hay garantías de que tendremos papel reciclado por siempre.

  4. La tecnología con que contamos actualmente pone en manos del público una amplia gama de dispositivos para leer publicaciones impresas. Esta tendencia no hará más que crecer y estos dispositivos se ajustarán cada vez mejor a nuestra experiencia milenaria como lectores. Pasará poco tiempo antes de que podamos leer Life nuevamente en el baño.

Pero, por sobre todas las anteriores, la más importante es que en la actualidad sí que existe una masa crítica de usuarios de Internet que justifique un movimiento de esta naturaleza. Ya ni siquiera es válida la objeción de que es ínfimo el porcentaje de lectores con suficientes ingresos para acceder a Internet: a los empresarios de medios simplemente no les interesa tener lectores pobres.

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El extraño caso de la novela invisible

Portada de SemanaEl sábado, la revista Semana publicó esta lista en la que se reúnen las cien mejores novelas en español de los últimos veinticinco años, una manera de la reconocida publicación para celebrar tanto sus veinticinco años de vida como la circunstancia especial de que se está realizando a partir de hoy el IV Congreso Internacional de la Lengua Española. La lista, según dice el artículo, fue preparada por 81 expertos (escritores, editores, críticos literarios y otros) y puede ser revisada tanto en la versión impresa de Semana como en la digital.

En el primer lugar de la lista aparece, como uno podría esperar, El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez. Le siguen en los primeros puestos La fiesta del Chivo, de Vargas Llosa, Los detectives salvajes y 2666, de Bolaño, y Noticias del imperio, de Fernando del Paso.

Las 100 mejores novelas de los últimos 25 años

¿Ya la vieron? Pues pasen a la segunda página de la lista y vean qué novela se encuentra en el puesto 32.

El rastro fue una novela-divertimento que escribí, a manera de ejercicio, en 1993, a lo largo de tres meses. Ya había escrito antes otra novela, Los títeres, que años después sería publicada por esta gente incansable de Baile del Sol. Pero estaba insatisfecho con sus escasas cincuenta páginas y, cosas de la edad, quería escribir algo enorme. Ya saben, algo donde uno pueda decirlo todo. Y así salió El rastro, doscientas páginas escritas en sesiones de dos horas entre las 7 y las 9 de la mañana que narran las aventuras de Rodolfo Cal, un escritor con un pie en Caracas y el otro en Cagua. Algo así como para que se adivine el personaje, pues.

En algunos casos la modestia es no otra cosa que una retorcida forma de vanidad. No es este uno de esos casos: El rastro es una novela iniciática con muchos defectos de argumento y de construcción de personajes. Que sea incluida en una de estas listas me halaga, pero creo que se ha cometido un error.

El rastro es una novela invisible. Nunca fue publicada, aunque desde 1997 es posible leerla en mi página personal, y algunos lectores me han escrito sobre ella. Unos me han dicho que les ha gustado mucho, otros se van al extremo opuesto. Lo natural, pues. Pero de ahí a que aparezca por encima de, digamos, La visita en el tiempo, de Úslar Pietri, o El arte de la fuga, de Pitol, o La vida exagerada de Martín Romaña, del hoy atribulado Bryce Echenique, hay un salto demasiado grande. No sólo eso: es la primera novela venezolana que aparece en la lista. No sólo eso: sólo aparece otra novela venezolana, la ya mencionada del maestro Úslar, siete puestos más abajo. Lo cual ya es como que demasiado. En la lista de jueces aparecen los venezolanos Rafael Arráiz Lucca, José Balza, Alberto Barrera Tyszka, Sergio Dabhar y Francisco Suniaga. Me pregunto (lo dudo) si alguno de ellos habrá tenido algo que ver en esto.

En todo caso, asumiré esto como la última aventura de Rodolfo Cal. Seguro que el Rudy (que ya debe rondar los cuarenta años) está muerto de risa con esta historia.

26/03/2007

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Bryce, el cleptómano

Alfredo Bryce Echenique. Foto de Sophie Bassouls (1997)En menudo zaperoco anda metido Alfredo Bryce Echenique a causa de las repetidas acusaciones de plagio que le han hecho estos días. Ya en julio del año pasado, Herbert Morote había encendido la mecha con las acciones penales que inició contra el escritor por el plagio de su ensayo Pero, ¿tiene el Perú salvación?, y Bryce Echenique dijo que él no necesitaba plagiar a nadie, faltaba más.

El domingo pasado, El Comercio publicó el artículo “Potencias sin poder”, firmado por el autor de La amigdalitis de Tarzán. El martes 20, apareció en el mismo diario una carta del embajador Oswaldo de Rivero donde se aclaraba que era él, y no Bryce, el autor del artículo. El diario, además de publicar la carta, quitó el nombre del escritor y lo sustituyó por el del embajador. Como debe ser. También difundió la defensa de Bryce, que le echa la culpa a su secretaria. Por eso es que yo no tengo secretaria.

El problema es que luego surgieron nuevas acusaciones. Peru21 cuenta en esta nota tres casos más en los que artículos de otros autores fueron plagiados por Bryce Echenique, y después salieron otros: en total van ocho. Para enterarse bien de la cosa basta con leer las notas que Gustavo Faverón le ha dedicado al tema: esta, esta, esta y esta. Gustavo, además de recordar que Bryce es un autor realmente prolífico, sostiene que el precedente de las acusaciones de Morote el año pasado haría presuponer que el escritor estaría ahora más pendiente de sus cosas:

…el que Bryce se viera sometido en julio pasado al escándalo de la primera acusación, hace aun más inverosímil que haya perpetrado voluntariamente los otros tres, que se produjeron entre octubre y diciembre últimos.

Por ello, hay quienes hablan de la posible contratación de escritores que hubieran hecho para Bryce el trabajo de escribir estos artículos de corto aliento, y que, en vez de cumplir su tarea, habrían simplemente tijereteado los textos de otros y se los habrían entregado a Bryce o a su secretaria como propios. No es nada inusual que ciertas personas recurran a los oficios de terceros para escribir textos circunstanciales.

Si alguien me preguntara al respecto, yo respondería que me parece bien extraño que de pronto un escritor de renombre empiece a comportarse como cleptómano, dejando un montón de plagios regados por allí. De paso, un escritor que tiene una obra que lo defiende a capa y espada. Como Cela, pues.

Bueno, reconozco que eso último fue un comentario rebosante de sarcasmo.

24/03/2007

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