¿Por qué votar No?, el meme excesivo

ReyRomRod me pasa el testigo de ese famoso meme sólo-para-venezolanos en el que se pide a los blogueros participantes que den tres razones por las que votarían en contra de la inminente reforma constitucional. La cosa presupone que los que reciben el testigo votarán en contra… y en mi caso no se pelaron.

Sin embargo creo que es un meme excesivo. Pide tres razones, y la verdad es que se podría aducir cientos de ellas. De hecho hace unos días escribí sobre el tratamiento que se le da en la reforma a la propiedad intelectual (un tema que hizo brincar al mesmésemo Luis Britto García, como se puede ver aquí y aquí), y se podría mencionar también la lesión que para la libertad de expresión significa el artículo 337, que elimina el derecho a la información y el derecho al debido proceso durante un estado de excepción, o la absurda reducción del horario de trabajo que —creo yo— redundará en mayor inflación y desempleo, o el militarismo, o la centralización. Son muchos pelos para una sola sopa.

Pero a mí me basta con una, y esa es la reelección eterna a que da lugar el artículo 230: “El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida”. Ojo, no estoy diciendo con esto que el actual presidente haya hecho una constitución a su medida como las del siglo XIX, ni que él tenga intenciones de perpetuarse en el poder. Lo que estoy diciendo es que ese artículo, así como está, sin límites para la reelección, podría ser una absoluta perversión en manos de un hipotético presidente que llegue a ganar unas elecciones en este país y secuestre los poderes, de manera que todo proceso electoral posterior le garantizara sucesivas reelecciones. ¿Se imaginan? Bicho. Sería como una monarquía, y ya se sabe lo mal que suelen portarse algunos reyes.

Por eso es que votaré en contra. De todos modos, no está de más que atiendan al llamado de Kira y se lean todo el proyecto.

Ah, y el meme puede recogerlo quien guste.

24/11/2007

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La misma gente

Carteles

“Mi esposa me dijo que si seguía bebiendo, me abandonaría. ¡Dios cómo la voy a extrañar!”. Así dice uno de los carteles de la foto, que tomé hace algún tiempo en Magdaleno, esa pequeña y acogedora población de Aragua conocida por ser destino obligado de quien desea comprar artesanía o muebles. Un buen destino para los panas de Curucuteando, por cierto. Al margen, a los que quieran hacerse un buen ponche en estas navidades les paso el dato de que en una de las calles de Magdaleno hay una carpintería donde venden licores andinos. En efecto, en Magdaleno se puede comprar miche en una carpintería. Qué grandes somos.

Pero bueno, a lo nuestro. En los negocios de artesanía es común hallar carteles como los de la foto. Hay otros que dicen cosas como “En este hogar todo está bendito”, más dirigidos a los paladines del optimismo, pero mis preferidos son los que hacen gala de ese humor escandaloso del que nos preciamos en Venezuela.

¿Sólo en Venezuela? Pues no. En Latinoamérica somos la misma gente y el humor parece tener raíces genéticas colectivas. Aunque no tomé fotos de carteles similares que vi en Ecuador, sí me traje esta, de una tienda de ropa en el centro de Quito, “Cholo Machine”, cuyos dueños decidieron “decorar” su vidriera con una estampa de Abdalá Bucaram vistiendo una de sus franelas.

Abdalá Bucaram con una franela de Cholo Machine

El rostro más joven que se ve en la parte de arriba es un futbolista conocido en Ecuador, como me explicó Augusto Rodríguez cuando pasamos por allí, pero mi memoria es un colador. Otra muestra del humor latinoamericano en Quito, esta vez un humor políglota, helo aquí, en el menú de este restaurante frente a cuya puerta pasé una de las noches que estuve allá:

We speak...

Quien no entienda el chiste puede preguntar.

Finalmente, los carteles de Colombia. Allá los vi en machetes de madera en una de las calles principales de Armenia, adyacente al teatro Yanuba, donde se hicieron varios de los conversatorios en los que participé durante el reciente Festival de la Palabra:

Machetes con mensajes

Los mensajes son idénticos a los nuestros. Los curiosos pueden ver la foto más grande para leerlos con toda comodidad, pero como abrebocas el primero de ellos es una frase que con variantes la he escuchado aquí en saraos noctámbulos: “Mátame rasca jijueputa, ya que el amor no pudo!”. Es que somos la misma gente, no cabe duda.

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