Dificultades

Ilustración: Bruno BudrovicHoy leo de pasada una entrevista que le hacen a Luis Antonio de Villena en la que habla de lo que él llama “poemas de mala noche”, escritos por gente que no necesita escribir sino tomarse una aspirina. Suena duro don Luis: incluso hace un comentario que puede sonar discriminatorio a las porteras del mundo poético, que debe de haberlas. Pero creo que no se equivoca y, en esencia, lo grueso de lo que dice se puede resumir en una de sus frases:

Estaría bien que al poeta que empieza le pusieran más dificultades.

Es que hemos creado un monstruo. Hoy en día quien se queje de la falta de oportunidades es al menos un despistado. Está Internet, con su ramillete de blogs, portales de autoedición, imprentas por demanda, facebooks y twitters, en los que basta querer decir algo para tener la oportunidad de decirlo. Está, también, el lado oscuro: los concursos y las editoriales que hacen su agosto engañando a miríadas de autores a quienes cobran cierta cantidad para incluirlos en sus flamantes antologías hispanoamericanas, neopoéticas, despampanantes o de cualquier otro adjetivo que se le ocurra al malandro de turno.

Es común ver escritores noveles que creen que su poca experiencia les garantiza ciertos derechos. Confunden edad con capacidad, entendiendo por edad no sólo la cronológica sino también el poco tiempo que llevan escribiendo; ergo, creen que por ser noveles se les perdonará que intenten reescribir los versos más tristes esta noche. Exigen oportunidades y, al mismo tiempo, se ofenden cuando se les exige calidad. Ignoran que la literatura, además de un hecho literario, es un hecho social: hay que mantenerse en contacto permanente con otra gente que te lea o te muestre lo que escribe. Y lo más importante, comprender que las oportunidades (las sustanciosas, las que vienen con carnita) no llegan solas, sino que lo hacen después de mucha lectura y mucho trabajo.

Pero hay gente a la que parece que le asusta leer y trabajar. Es esa misma gente que vive quejándose de los concursos amañados y de los manejos de las editoriales y de las sociedades secretas que deciden quién tendrá éxito y quién no. Sostienen que el Estado debe ayudarlos y demeritan cualquier crítica a su obra con el argumento de que los críticos son una plaga. Concursos, editoriales, sociedades, el papel del Estado y críticos con aliento insecticida son entidades reales, sí, pero nada pueden ante el impulso creador de alguien que ha leído y trabajado lo suficiente como para producir una obra de calidad. Son obstáculos, sí, pero por un lado no son insalvables y, por otro, se es ingenuo si se entra en la vorágine pensando que no los habría.

El problema, creo, es que nos estamos poniendo demasiado blandos. Conforme avanza la cosa, la humanidad va metiéndose cada vez más en un estado de placidez ante el cual todo obstáculo suele verse como una afrenta a los derechos humanos. En la actualidad, Borges no sería un viejo ciego, ni siquiera un anciano invidente, sino un discapacitado visual de la tercera edad. Nos estamos haciendo susceptibles y lo peor es que nos gusta. Vivimos una época muy loca en la que el éxito de cualquiera es considerado producto de una trampa de la que todos los demás somos víctimas. La ambición de la facilidad hace que cualquiera que gane un concurso literario (uno de los legítimos, no de los otros) o logre colarse en el catálogo de una editorial, sea visto como un tramposo y un enemigo. De alguna manera hemos venido creando la ilusión de que las cosas tienen que ser fáciles. Pero nada lo es. Nada.

30/09/2008

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La frase

La fraseEscribir es una cuestión de nalgas, dice mi amigo Fernando en su recién estrenado blog El Cuaderno de Benjamín citando, dice, a Octavio Paz. Se refiere, por supuesto, a la posición por antonomasia del acto de escribir: sentado. Hay quien escribe parado o acostado (Fernando mismo recuerda a Nabokov, que solía escribir acostado), pero cuando uno se sienta generalmente está pensando en comer o en escribir (y en otras pocas cosas, claro).

Pero hay algo más. Es lo que siempre he llamado la frase. Lo he comentado con otros escritores y también les pasa. La frase que se forma en tu mente a cada momento, describiendo lo que percibes, lo que recuerdas, todo. Sentado, de pie, hablando con amigos o con desconocidos, comiendo, trabajando, incluso durmiendo. Todo se describe, todo se narra, es un proceso mental del que ni siquiera se suele tener conciencia hasta que la frase cobra tal intensidad que necesitas, justamente, sentarte a escribir.

24/09/2008

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Visitando a don Alonso

Don Alonso

Esta mañana tomé el tren hasta Alcalá de Henares para conocer la casa natal de Miguel de Cervantes, en cuya entrada pude sentarme un rato a conversar con don Alonso y su prudente escudero. Confieso que hace tiempo no me emocionaba tanto. Hice el trayecto de Atocha a Alcalá con mucha impaciencia y salí del tren con tanta prisa que cuando empecé a caminar fue que me di cuenta de que no sabía dónde quedaba la cosa. Afortunadamente los españoles han resultado ser muy cordiales y bastó con preguntarle al primero que se me cruzó.

En la casa de don Miguel, como ya suponía, no permiten tomar fotografías, a excepción de la zona del patio interior, que es un recuadro bastante pequeño. Así que la experiencia es de esas que son hechas para conservar en la memoria y nada más. Como los consejos de don Alonso.

18/09/2008

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Se va la audición

Final del juego

Y listo, así terminó todo. Esta es la salida de la Casa de América, por el lado donde está la Sala Monterroso que, por supuesto, es una sala pequeña, muy breve. Por aquí salimos ayer al terminar el encuentro.

En este momento estoy en un locutorio, así que no puedo contarles más, pero por supuesto que lo haré en los próximos días.

Salud a todos.

17/09/2008

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Que viva México

La jornada final

Ayer se terminó la cosa. Además de las presentaciones de los editores participantes, valió la pena la mesa de innovación y tecnología, en la que Luis Collado, de Google España, dio algunos tips sobre algo que nos atañe a todos: la carrera por la relevancia de nuestros contenidos. También hubo anuncios interesantes de parte de Bubok, cuyo responsable, Ángel María Herrera, es autor letraliano desde que la revista y el arco iris eran en blanco y negro. Bubok, que como ya seguramente ustedes saben ofrece el servicio de edición por demanda para autores, abrirá próximamente un apartado para editores que deseen poner sus libros al alcance del público de todo el mundo. En la foto se ve a Collado, de pie; Javier Celaya, de Dosdoce.com; Elad Rodríguez, de Nitsnets; Ángel María y, por último, Paco Olivares, de la UIP.

Han sido dos jornadas muy fructíferas, en las que los acuerdos entre editores corrieron por doquier. También fue útil comprobar cómo todas las revistas han venido resolviendo sus problemas, que por otra parte se parecen mucho independientemente del entorno del que proviene cada editor. Yo leí una ponencia sobre la historia del consejo editorial de Letralia, y de cómo diversos experimentos han ido modelando nuestra forma de trabajar, información que quizás será útil para quienes deseen meterse en esto de la edición.

Se ha planeado un encuentro similar para el año que viene, y si los dioses nos son benévolos se realizará en México. Entre tanto, y ya que en estas vueltas uno no sabe cuándo volverá a ver a los amigos, nos fuimos a compartir vinos y tapas por Las Vistillas. En la foto de aquí abajo estoy con otras dos celebridades: Alexander Prieto, de Ómnibus, y Pedro Martínez, de Almiar/Margencero.

Con Alexander Prieto y Pedro Martínez

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Venecos

Con Doménico Chiappe, Linda, Juan Carlos Chirinos y Pablo Sánchez

Madrid me recibió con los bares abiertos. La noche del lunes se aparecieron Doménico Chiappe y Linda, su esposa (a la izquierda en la foto), por la Casa de América, y nos abdujeron a Thea Pitman, Claire Taylor, Héctor Perea, Consuelo Triviño y a mí. A Doménico ya lo conocía de cuando estaba aún en Venezuela, aunque sólo por teléfono. Al rato se aparecieron Juan Carlos Chirinos (con camisa anaranjada) y Pablo Sánchez, de Conocer al Autor, con quien voy a grabar un video dentro de un rato para algo que ya les contaré. Fue una agradable noche en que las hordas venecas aprovechamos de promover nuestro país hablándole a los extranjeros de arepas y fines de semana en Choroní. Quise decir a los otros extranjeros, pues aquí casi todos lo somos.

La velada fue en La Bardemcilla, un bar de Javier Bardem y su familia en el llamado barrio gay de Madrid, de cuya actividad nocturna ya me habían hablado. En los baños del sitio, que por supuesto es frecuentado por miríadas de fans del protagonista de El amor en los tiempos del cólera y tanta otra buena película, han dispuesto muy amablemente una caja de tizas para que los visitantes rayen las paredes. Ahí dejé lo mío, una frase de algo que estoy escribiendo. Linda reportó que en el baño de damas uno de los grafitis dice: “Javier, somos Fulana y Sutana y queremos tener un hijo tuyo”.

La pizarra del baño del café La Bardemcilla

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Souvenirs en la Gran Vía

¿Por qué no te callas?

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