García Montero, Fortes y palabras de más de cinco sílabas
Luis García Montero, Ángel González y Joaquín Sabina, nada más y nada menos. La foto es de aquí.
Qué feo todo ese asunto del juicio entre Luis García Montero y José Antonio Fortes, que al final ha ganado éste por, pienso yo, falta de malicia de aquél. Falta de malicia porque, puestos a ver, el que Fortes llamara fascista a gente como Federico García Lorca y Francisco Ayala, podrá ser una soberana barbaridad y un intento desesperado por llamar la atención (a sabiendas, quizás, de que no se posee méritos para el aprecio), pero no es ilegal. Así, Fortes consiguió su golosina: un tipo que se molestara lo suficiente como para llevar las cosas al terreno personal.
El caso es abordado hoy en esta nota donde se resume bastante bien lo que ha ocurrido:
Todo empezó hace ya algunos años en la Facultad de Filología de la Universidad de Granada. El profesor y crítico José Antonio Fortes escribió un manual de literatura, que recomendaba a sus alumnos, en el que, según el testimonio de Luis García Montero, catedrático de Lengua y Literatura de la institución y poeta, “decía barbaridades”. Barbaridades sobre Lorca, a quien tildaba de fascista; sobre Francisco Ayala, a quien vinculaba al fascismo; sobre Ortega Gasset y Antonio Muñoz Molina; sobre el propio García Montero, su mujer, la escritora Almudena Grandes, y su padre, un coronel del Ejército, a quien Fortes vinculaba con el aparato represivo del Estado franquista.
Yo no sé nada de leyes, pero supongo que si García Montero se hubiera limitado a atacar a Fortes por la parte que le correspondía (la que he puesto a propósito en cursivas), habría salido bien parado. Se habría ahorrado, de paso, 4.800 euros de la sentencia del 11 de noviembre, aparte de las costas de abogados. Y seguiría trabajando tranquilo en la Universidad de Granada.
En todo caso, pese a que hay un montón de gente que concuerda en que Fortes es un villano de la peor calaña, el tipo tiene sus defensores, como se puede ver en esta nota firmada por Santiago Alba, Pascual Serrano, Constantino Bértolo, Belén Gopegui, César de Vicente e Ignacio Echevarria:
Como ni los medios ni los ingenuos solidarios se han tomado la molestia de la más somera investigación, quizás conviene aclarar que José Antonio Fortes no es un “oscuro profesor revisionista” ni ha llamado a Lorca “fascista” ni, desde luego, ha justificado su asesinato porque fuera un “maricón”. Es un crítico y escritor de formación marxista del que podemos leer unas interesantes reflexiones en la muy izquierdista revista Youkali e incluso algún que otro texto en las páginas de Rebelión. Sus críticas a Lorca, publicadas originalmente en la revista no digital El Nudo de la Red pueden leerse además en la revista de cultura cubana La Jiribilla, y forman parte de un controvertido, pero minucioso, erudito y riguroso análisis del “populismo literario” desde la perspectiva de clase; es decir, como instrumento despolitizador de las confrontaciones sociales y, por lo tanto, como aliado objetivo de la burguesía capitalista.
Apartándome un poco del tema, siempre me ha parecido gracioso cómo hay gente que para imprimirle gravedad a sus textos los superpuebla de palabras de cinco o más sílabas. Desapartándome, me dio curiosidad la cosa y me fui al artículo en La Jiribilla para leer a Fortes de primera mano:
La propia obra de García Lorca describirá el fracaso mismo de los discursos populistas. Las masas rebeldes de obreros y proletarios, así como de campesinos (pero, no de Galicia ni de Castilla: residuos activos del fascismo agrario), no caerán en la trampa. Y así como el populismo político topará con su aporía (los mercenarios militares ejecutarán sus planes de clase), la aporía del populismo (neopopulismo) literario igual la escribe García Lorca: el espíritu del pueblo español que anida allí donde se abre la desconcienciación de clase, el aideologismo, aclasismo y servilismo de clase, permite la exultación de los valores y principios fundamentales que la ideología fascista, que el fascismo y sólo, sólo el fascismo organiza, propugna, defiende y eleva a categoría del espíritu del pueblo español. García Lorca exalta: la ideología de la madre, la ideología de la sangre, la ideología de la tierra, la ideología del alma del pueblo, la ideología de la raza, la ideología de la familia, la ideología patriarcal autoritaria, la ideología de la jerarquía social natural, la ideología de la sexualidad reproductora, la ideología del matrimonio, la ideología tradicionalista, la ideología liberticida, la ideología de la inhibición sublimadora, la ideología del irracionalismo, la ideología de la violencia, la ideología de la fuerza, y cuantas demás estrategias e ideologías subsidiarias a cuya sombra y fantasmagoría se pudieran desarrollar, como por ejemplo a la sombra y fantasmagoría de la ideología de la Norma y el Estilo, de la ideología de la dialéctica de los puños y las pistolas, de la ideología de la Cruzada de Salvación, etc.
Otra manía de cierta gente: cuando te niegas a ponerte una camisa de fuerza confeccionada en piel de borrego, te acusan de “exultar los valores y principios fundamentales que sólo el fascismo organiza, propugna, defiende”, y de suscribir “estrategias e ideologías subsidiarias”. Un bochinche argumental con el que Fortes convierte a García Lorca en un bolsa que pudo fungir de espita para “desarrollar la ideología de la dialéctica de los puños y las pistolas”. García Lorca, sí señor. Es que, con un argumento lo suficientemente enredado y varias de esas palabras de cinco o más sílabas, hasta Dios puede ser ateo.
Actualización (10:44 am): Hoy uno de los sobrinos de García Lorca ha dado su opinión sobre el tema.









