Bastedades sublimes

Vanessa Márquez, Clea Rojas y Carmen Díaz Orozco

Volviendo a lo del encuentro, el jueves en la tarde tuvo lugar una mesa en la que, habiendo programados cuatro ponentes, dos de ellos tuvieron problemas para llegar. Quedaron, así, Clea Rojas y Carmen Díaz Orozco. A Clea la conocía por correo electrónico desde hace unos años; a Carmen la conocí la semana pasada. Ambas hablaron de temas en los que estaba involucrado lo coloquial, esta habla nuestra tan salpicada de tacos y otras sutilezas, haciendo literatura por todo lo alto.

Clea se ocupó justamente de la irrupción, en la obra de Briceño Guerrero, del humor más basto; toda una nota verla con su estilacho repitiendo las guarrerías con las que el viejo evade la mala cosa que es escribir un ladrillo. Carmen, por su parte, habló de la “ciudad flatulenta” en que es convertida Maracaibo en la novela Corrector de estilo, de Milton Quero Arévalo, tema que generó una discusión sobre la descripción de los olores en la literatura venezolana. El trío lo completa (a la izquierda en la foto) Vanessa Márquez, que en esa ocasión estuvo como moderadora, pero la tarde anterior había hablado del pornoerotismo en El pájaro insaciable, de Rubén Monasterios.

Fue la mesa más entretenida de las que presencié, y ojo, hay encuentros literarios que dan sueño, pero este de Mérida no es en lo absoluto uno de ellos. Hubo entre el público y las ponentes una total empatía producto, atribuyo, de los contrastes abordados: las palabras soeces, el refranero popular, la fealdad, como marcos de lo humanamente sublime. De la literatura, pues.

10/12/2008

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Enmienda constitucional, lógica y sinceridad

Hay cosas que jamás entenderé.

Una de ellas es la lógica que se está aplicando a todo este asunto del referendo para aprobar la enmienda a la Constitución de Venezuela, proceso que arrancó ayer con la propuesta hecha en la Asamblea Nacional. La cosa, como se sabe, es para cambiar esto:

Artículo 230. El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida, de inmediato y por una sola vez, para un nuevo período.

por esto:

Artículo 230. El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida.

Lo de la lógica que no entiendo tiene que ver con el asunto de fondo planteado en declaraciones como la del ministro de Comunicación e Información, Jesse Chacón. Decía ayer don Jesse:

Este artículo de la Constitución pone un límite a la voluntad del pueblo y, por lo tanto, lo que estamos proponiendo al pueblo venezolano es que esa limitación se elimine y que el pueblo pueda decidir cuando un presidente lo ha hecho bien, lo reelija y si lo ha hecho mal no vote por esa persona.

Sin embargo, cuando uno revisa los resultados (incompletos) del referendo del año pasado, en el que entre otras cosas se proponía el cambio del artículo 230, se encuentra con esto:

Referendo 2007

Es decir, la propuesta es para impedir que se limite la voluntad del pueblo, aunque la voluntad del pueblo decidió impedir la propuesta. ¿No es una vaina loca?

Claro que no lo es, y claro que mi comentario es harto irónico. El asunto es que esto no tiene nada que ver con la lógica, sino con la sinceridad: todo parte simplemente del rechazo de Chávez et alia a la idea de que su mandato termine en 2013, como lo ordena la Constitución (aprobada, también, gracias a la voluntad del pueblo). Pero Chávez et alia, quizás comprendiendo que se ve feo eso de lanzar esta propuesta pese a que la voluntad del pueblo ya votó en contra, tomaron la medida prudente de inventarse argumentos, en vez de hablar con sinceridad. Pues, ¿no sería más sincero alegar que Chávez les parece chévere y no quieren que se vaya sin pelear?

Bah, es una de las cosas por las que detesto a los políticos y las políticas. Siempre andan pensando que uno es imbécil.

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Celaya, el poeta excluido

Gabriel CelayaJosé Manuel Caballero Bonald se ha metido en tremendo berenjenal al dejar por fuera al poeta guipuzcoano Gabriel Celaya en una selección de los cien treinta poetas de habla hispana más relevantes del siglo XX. La selección fue hecha para el diario El País, que acaba de iniciar la publicación de una colección de treinta libros con textos de los autores seleccionados.

En protesta por la exclusión hay hasta una recogida de firmas a la que ya se han adosado las de Amparitxu Gastón, viuda de Celaya, y la de Ton Carandell Robusté, viuda de José Agustín Goytisolo, otro ilustre excluido. La olla fue destapada por el periodista José Manuel Martín Médem en esta carta publicada por La República y reproducida dos días después, en algo así como un mea culpa, por El País:

Me gustaría saber con qué argumentos ha llegado José Manuel Caballero Bonald (el seleccionador) a la conclusión de que Gabriel Celaya no merece formar parte de la colección de El País dedicada a “la poesía más relevante en lengua española del siglo XX”. Lo que se anuncia como “una completa antología” excluye precisamente a uno de los pocos poetas que mantuvo en España la dignidad de escribir, con tanta calidad como valentía, contra la dictadura del franquismo. No me extraña que haya que recordarle a El País lo que Celaya significa, pero duele mucho más que la exclusión se produzca en una colección que se anuncia como “seleccionada y dirigida por Caballero Bonald”.

Cada número sale los miércoles y se vende a un precio de 8,95 euros.

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Leyendo El gotero, de Luis Amézaga, en Issuu.com


Llego a Issuu invitado por Luis Amézaga, quien acaba de publicar allí su libro El gotero, una breve colección de aforismos en los que se destila el espíritu irónico de su autor:

Los viejos consideran que con decir su edad, lo demás sobra, se da por entendido, como si el tiempo por sí solo se encargara de hacer las biografías y definir los detalles del absurdo.

El libro, de 51 páginas, ha sido producido por la revista Groenlandia de literatura, opinión y arte en general, y diseñado por Ana Patricia Moya Rodríguez.

Issuu es una plataforma en la que puedes publicar tu libro o tu revista en una metáfora del mundo real que te permite pasar las páginas con el mouse, ampliarlas o revisar detalles, y que se puede acoplar, usando para ello una de esas ventanas tipo YouTube, en un blog o incluso en plataformas como Facebook o MySpace. Previo registro, los lectores pueden, además, descargar la publicación o escribir comentarios sobre su lectura. Todo desde un documento que uno sube al servicio sin costo alguno y que puede ser Word, PDF o PowerPoint.

Issuu no es un servicio como Bubok, donde uno publica sus libros y además los vende. Tiene una plataforma de negocios (un tanto confusa a mi juicio, ellos sabrán) en la que uno puede convertirse en revendedor y publicar libros de otras personas. La cosa incluye un visualizador adaptable a las necesidades de los clientes y otras ventajas como ausencia de publicidad, herramientas de interacción y posibilidad de subir archivos sin límite alguno. Este último punto es uno de los que presentan confusiones, pues es ofrecido como una ventaja de la cuenta Pro pero en el documento de preguntas y respuestas se ofrece también como una característica estándar del servicio. En fin. Issuu le cobra al revendedor una tarifa plana que, de acuerdo al número de vistas que alcancen las publicaciones, estará entre los 19 y los 1.140 dólares mensuales. El revendedor cobra a sus clientes lo que quiera. Un servicio interesante, en definitiva, y que se ha vuelto particularmente popular entre usuarios hispanoparlantes.

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