Pausa

(En Mochima, hace unos días).

(En Mochima, hace unos días).
Ayer publicamos en TransLetralia la presentación que nos ha hecho Manuel Cabesa de las traducciones que de El cuervo, del casi-cumpleañero Edgar Allan Poe (este lunes cumple 200 años), escribieran en su momento Charles Baudelaire, Fernando Pessoa y nuestro Juan Antonio Pérez Bonalde. Vean cómo el programa AdSense aprovecha la cosa: lee muchas veces la palabra “Poe”, entonces inserta un anuncio de Passive POE, Power Over Ethernet. ¡No por nada la llaman “publicidad contextual”!
El grabado, de 1545, muestra un esqueleto “en pensamiento profundo” con un rostro casi, digamos, expresivo, y las piernas cruzadas en modernísima actitud. No sé si es intencional, pero se me hace que hay algo de ironía en el hecho de que la calavera que “piensa” se posa sobre una mano, mientras que la otra mano se posa sobre una calavera. Es una de las imágenes de la exposición “Imágenes de la ciencia: 700 años de ilustración científica y médica”, de la Biblioteca Pública de Nueva York, que puede ser apreciada en línea y que, aparte de esqueletos como este, sistemas nerviosos, corazones, músculos y otras lindezas corporales, permite ver cómo dibujamos este y otros mundos en los últimos siete siglos. Hay máquinas, instrumentos, constelaciones, planetas, formaciones geológicas y hasta “protuberancias solares” captadas por telescopios del siglo XIX. Además, por unas monedas se puede pedir un póster de esta o cualquiera de las imágenes.
Como Borges, como García Márquez, ya Pablo Neruda puede revolcarse tranquilo en su tumba gracias a la proliferación de su propio poemita inspiracional. Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, así comienza la cosa. Google reporta en este momento 22.800 resultados con el pequeño mamotreto. Ah, también se puede leer en inglés, idioma en el que el virus no se ha propagado tan rápido (quizás sea sólo que del lado anglosajón Neruda inspira poco interés).
Cada vez que veo estos casos me pregunto qué mueve a la gente a crear estos engaños. No me refiero al pana que te lo envía creyendo que te está dando a leer una obra maestra; ese simplemente actúa de acuerdo al rebaño. Me refiero al primero que dice: Voy a enviarle esto a todos mis contactos atribuyéndoselo a Neruda. Supongo que ni siquiera tiene que devanarse los sesos escribiendo. Basta con que tome cualquier zoquetada inspiracional y le adose el nombre del poeta a quien desee echarle la culpa.
Hagamos un ejercicio. Busquemos en Internet un textículo inspiracional y hagamos un pequeño powerpoint. Listo: escribimos mensajes inspiracionales gratis en Google y a ver qué pasa. Lo de gratis es para ubicar rapidito una de esas páginas que se especializan en recopilar frases, peomas y otros textos y publicarlos en páginas atapusadas de anuncios. No hay como una googleada certera: el segundo resultado ya nos sirve. Nos ofrece una lista de textos inspiracionales y no cuesta mucho atrapar el que necesitamos.
Dice: Pide perdón y habla, habla mucho, / habla con todos, / con todos los que quieran oír / que tu corazón se iluminó de una vez. / Pide perdón y canta, canta mucho, / canta alto, / que todos oigan tu felicidad, / desde aquí, / desde allá, / que todos se enteren, / que has limpiado tu alma. Listo, ya tenemos el poemita inspiracional. Es más largo, pero no es cuestión de regalarles más tortura. Es sólo un ejemplo.
Ahora, a ver a quién se lo atribuimos. ¿Qué escritor necesitaría desesperadamente pedir perdón? Digamos Burroughs. Burroughs mató a su mujer, estando ambos drogados. Es más que perfecto. Busquemos ahora una foto de Burroughs para nuestro powerpoint. No, no esa donde sale sosteniendo un revólver, sería contraproducente. Mejor aquella donde luce como un viejecito que va de salida. Copiemos y peguemos y, para darle mayor dramatismo, agreguémosle una breve reseña biográfica valiéndonos de Wikipedia:
William Seward Burroughs (Saint Louis, 5 de febrero de 1914 - Kansas, 2 de agosto de 1997) fue un novelista, ensayista y crítico social estadounidense. En 1951 mató a su esposa Joan Vollmer Adams de un disparo accidental en la cabeza, pues ambos estaban drogados. Este poema fue escrito por él como un clamor por el perdón que nunca pudo recibir.
Ahí está. Ahora todo lo que tenemos que hacer es enviarlo a todos nuestros contactos y sentarnos a esperar. ¿Se animan?