Una liebre que se me escapó

Una liebre que se me escapó

Dicen que al mejor cazador se le va la liebre, y a mí —que no soy el mejor pero me aplico— se me fue esta. Hace unos meses publiqué en el boletín de concursos de Letralia la convocatoria a una antología para autores residentes en Canadá y Estados Unidos. La cosa no me despertó sospecha alguna, provenía de un docente de una respetada universidad canadiense y parecía todo muy bien organizado.

Hoy me escribe una amiga que, atendiendo a la convocatoria publicada por nosotros, envió su material. La carta que recibió ni siquiera estaba personalizada. Simplemente decía que para ser publicada en la antología, debía pagar 200 dólares canadienses y, ah, sí, envíe sus datos biográficos, claro. Y ya saben lo que pienso de este tipo de procedimientos.

No es algo como para simplemente pasar la página, pues es un irrespeto para el escritor el que se le pida dinero para un, digamos, servicio, en cuya convocatoria no se aclara este punto. Bueno, es un irrespeto y ya, avisando o sin avisar, pero al menos si uno está prevenido simplemente no participa y, si quiere, puede hasta recomendar a los amigos que no participen. Qué pena con los suscriptores del boletín.

La liebre completa, aquí, para los curiosos. Y para que estén prevenidos quienes atendieron a la convocatoria.

11/03/2009

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