La niña que dibujaba escritores

La niña que dibujaba escritoresLa lectura de ponencias del XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores estaba programada para el sábado 31 de octubre y el domingo 1 de noviembre, en la Biblioteca Pública Central Leonardo Ruiz Pineda, en pleno centro de San Cristóbal. El sábado perdí el bus —por andar buscando no sé qué cosa en la habitación del Círculo Militar donde amablemente me hospedaron los organizadores del evento—, así que con Douglas Bohórquez y el poeto Alberto José Pérez aprovechamos el aventón de Cósimo Mandrillo y Mirna Mendoza. La misión: encontrar, en ese laberinto de calles con altibajos que es San Cristóbal, una Librería del Sur para comprar algunos libros. La cosa sirvió sólo como paseo, pues la librería estaba cerrada y terminamos llegando tardísimo a la biblioteca.

Allí me senté un rato al lado de esta niña colombiana, que ocupaba su tiempo en dibujar a algunos de los escritores que ese día se dirigieron al público. Al otro lado tenía a David Colina, que fue quien me señaló la hojita en la que los amigos quedarían inmortalizados. Pero la niña era tímida y cada vez que se daba cuenta de que estaba mirando su trabajo, se reía y le ponía una mano encima, ocultándolo.

Finalmente pude tomarle esta foto, no demasiado precisa, en la que, como se puede ver en la ampliación de aquí abajo, se aprecian los rostros azulados de Alberto Jiménez Ure —el de anteojos oscuros al que parece señalar la punta del bolígrafo—, Arnulfo Quintero López —el de la boina— y, creo, Miguel Mendoza Barreto —escondido debajo de la mano de la artista.

Alberto Jiménez Ure, Arnulfo Quintero López y Miguel Mendoza Barreto

04/11/2009

Guardado en Cromos
Ya hay 2 notas acerca de esta nota. ¿Quieres agregar otra?
 

Halloween con Ozzy Osbourne

Con Constanza Insúa y Alberto Jiménez Ure

El viernes no pude asistir a la toma cultural de Colón organizada en el marco del XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, pues llegué molido después de las doce horas de camino que me llevaron al Táchira. Así que reprogramaron mi participación incluyéndome en un recital que se realizaría esa tarde en la Universidad de los Andes y para allá me fui con Carmen Alida Méndez Bellini, Luz Marina Sarmiento, Douglas Bohórquez, Daniel Suárez Hermoso y Alberto Jiménez Ure, además de Homero Vivas y Luis José Oropeza, directivos de la Asociación de Escritores del Táchira, y varios amigos mezclados entre los estudiantes que asistieron como público. En lugar de acoplarme al menú poético del recital, leí “Estocolmo”, el más exitoso de mis cuentos —una historia de bares y amores perdidos y reencontrados—, para lo cual tuve que forzar la barra un poquito y aprovecharme de la paciencia de Luis José, quien hizo de moderador, pues me pasé con creces de los quince minutos que se concedieron a cada autor.

La llegada de Alberto Jiménez Ure a la ULA causó no poco revuelo entre los estudiantes. Con su ropa, sus anteojos redondos y su cabello, todos de color negro, el tipo es una versión merideña de Ozzy Osbourne, y los chamos, claro, no lo pelaron. Apenas pusimos pie en el patio interno de la entrada de la universidad empezaron a gritar de todos lados: “¡Ozzy, Ozzy!”. Cuando ya habíamos bajado las escaleras que nos conducían al auditorio donde hicimos el recital, Alberto decidió devolverse, se paró en medio del patio y empezó a saludar a los muchachos… en inglés. Y no faltó el despistadillo que se preguntara si en verdad era Ozzy Osbourne el que estaba allí hablándoles.

La foto de arriba nos la tomó Ana Berta la noche del sábado, día de Halloween. La chica es Constanza Inzúa, la hija de Ana Berta, ataviada para la ocasión, aunque sospecho que dan más miedo los disfraces de los dos personajes que la rodean. Abajo, durante mi lectura de “Estocolmo”, Alberto sacándose libros de la manga, de pie al lado de Luis José que ya estaba cansado de pasarme papelitos para recordarme que me había pasado del tiempo.

Con Luis José Oropeza y Alberto Jiménez Ure

Alberto captó mi atención hace alrededor de veinte años con una novelita extraña e intensa, Aberraciones, que era justamente eso, una aberración de cabo a rabo en la que un hombre tenía relaciones con su hija. En 1992, ya dirigiendo El Tabloide, publiqué una extensa entrevista que le hizo en Mérida mi amigo el pintor Rafael Herrádez. En un gesto de agradecimiento, Alberto me envió con Rafael, al año siguiente, su novela Dionisia, que aún conservo y que tiene el valor agregado de una afectuosa dedicatoria. Ese fue el único contacto que tuve con Alberto hasta ahora.

En aquella época Alberto era conocido por su look a lo John Lennon, que lucía con el mismo desenfado con que ahora —varios años, letras y polémicas más tarde— saluda en inglés a quienes creen que es Ozzy Osbourne. Cuando le publicamos la entrevista en El Tabloide incluimos fotos donde se apreciaba el parecido, pero como me va a costar mucho conseguir ese material les dejo con la imagen de la contraportada de Dionisia:

Alberto Jiménez Ure

Guardado en Paparazzi
Nadie ha escrito aún acerca de esta nota. ¿Quieres hacerlo?
 
•