¿Qué significa “sangrar”?
“Hacer que una línea comience más adentro que el resto del párrafo” o también “llevar un elemento o ilustración hasta un poco más allá del borde de la página”. Claro, estos son los significados en tipografía y artes gráficas, como podrán ver si se dan una vuelta por el Glosario gráfico de Gustavo Sánchez Muñoz, utilísima referencia para quienes trabajan en estas áreas (especialmente desde que en los institutos tecnológicos fabrican salchichas diseñadores gráficos que no saben qué diablos es sangrar).
15/02/2008
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¿Cómo es Guantánamo por dentro?
The Guantánamo Testimonials Project reúne entrevistas y documentos sobre torturas y otras violaciones a los derechos humanos que tienen lugar en la base que Estados Unidos mantiene en Cuba como producto de la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898.
La guerra contra el terrorismo ha tenido efectos significativos sobre los derechos humanos en las Américas. Pero en ninguna parte estos efectos han sido mayores que en las instalaciones de detención de la base naval de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo, en Cuba.
Prisioneros, agentes del FBI, abogados, personal de la Cruz Roja y hasta militares encargados de interrogatorios aparecen allí contando lo que ocurre dentro de la base. El sitio es mantenido por el Centro UCDavis para el Estudio de los Derechos Humanos en las Américas, un programa del Instituto Hemisférico sobre las Américas que funciona en el Campus Davis de la Universidad de California.
28/01/2008
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Respuestas tardías

Hace ya como dos semanas que Marianne me pasó este meme. Tarde pero seguro, aquí están mis respuestas:
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¿Qué clase de información buscas en un blog?
De todo, incluso lo que no es información en el sentido tradicional de la palabra. Los blogs tienen la ventaja de que te aseguran un contacto directo con gente de las más variadas ocupaciones y desocupaciones. Es como sentarse en una plaza y encontrarse a un físico, un ingeniero informático, una puta, un rockero y cientos de otros personajes, todos dispuestos a contarte sus historias y a hablarte de lo que conocen. -
¿Crees que existen seudónimos que hayan logrado respeto tanto o más que los que firman con nombre y apellido?
Claro que sí, pues al fin y al cabo el lector acude a un sitio por lo que lee, no por quien lo escribe. A mí no me importa quién es, por poner un caso, Borjamari, si es una o más personas; lo que me importa es que su blog me brinda información y distracción. -
¿Dar el nombre en el blog asegura la credibilidad y significa dar la cara?
Es una opción más, preferirla depende del contexto. Si escribiera un blog sobre un tema que por alguna razón domine, pero que esté alejado de mis actividades habituales, quizás lo firmaría con un seudónimo y eso no me restaría credibilidad. -
¿Qué te hace volver a un blog y convertirte en lector(a) fij@?
En primer lugar, yo rara vez vuelvo a un blog: cuando un blog me gusta lo apunto a mi agregador. Que es más o menos lo mismo, pero mejor. Lo que hace que me suscriba a un blog es una lectura que destaque, que no caiga en ridiculeces ni en la mediocridad, la palabra de alguien auténtico que tiene algo que decir, la pasión para decirlo y la materia gris para no decirlo como lo diría todo el mundo. Aparte de eso, claro, me suscribo a los blogs que por razones profesionales me suministran la información que necesito. -
¿Por qué sueles comentar?
Porque sería muy aburrido estar en la plaza como un predicador religioso.
01/05/2007
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¿Triunfó de nuevo el vil egoísmo?
Cuando era niño, algo en el Himno Nacional de Venezuela me molestaba además de la obligación de oírlo inmóvil como un robot. El profesor de música nos dijo un día que para interpretar mejor la letra era preciso leerla como si nunca antes lo hubiéramos hecho. Así empecé a darme cabezazos contra la primera estrofa:
¡Abajo cadenas!
gritaba el Señor
y el pobre en su choza
libertad pidió
A este santo nombre
tembló de pavor
el vil egoísmo
que otra vez triunfó.
Tras aplicar el sistema del profesor, me di cuenta de que el Himno entrañaba en esos dos versos una contradicción con su espíritu libertario. ¿Fue que el vil egoísmo triunfó de nuevo pese a que estaba tembleque de pavor? ¿Y entonces? ¿No y que teníamos un sublime aliento inspirado desde el Empíreo? ¿Cómo fue que el vil egoísmo nos volvió a embromar?
Esas preguntas las hice durante años, y ningún profesor me daba una respuesta satisfactoria. También eran muy malos mintiendo, porque sin mucho esfuerzo me daba cuenta de que estaban inventando una respuesta para salir del paso. La respuesta más común: sí, el vil egoísmo volvió a triunfar, pero sólo para que Bolívar y su ejército libertador lo fulminaran por completo. ¿Nunca oíste hablar de la Segunda y la Tercera República?
La solución al acertijo me la dio años después otro profesor, un viejo patriarca que le había dado clases a mi papá. En la época en que fue escrita la canción patriótica Gloria al bravo pueblo, la expresión otra vez era entendida literalmente como una vez distinta a la actual. Ya que el verbo triunfar está en pasado, esa otra vez no equivale a nuevamente, sino a una vez anterior. El autor pudo escribir el vil egoísmo / que otrora triunfó pero se decidió por otra vez. Quizás le pareció más poético, o más bonito, o quién sabe qué; el hecho es que en aquellos años la expresión no daba lugar a dudas: el vil egoísmo triunfó en otra oportunidad, pero ahora, ahora, tiembla de pavor.
Una nota más. Es curioso ver cómo de tanto en tanto aparece algún despistado pidiendo que se elimine o se sustituya esa frase que en apariencia le concede el triunfo al vil egoísmo. Lubrio lo reseñaba de pasada en enero, y uno de los lectores dejó en este comentario la explicación correcta. El problema, claro, con los despistados, es que más pronto que tarde se cuela uno en alguna instancia de poder y propicia cambios insensatos.
09/03/2006
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¿Qué es ser culto?
Anónima llama la atención sobre el artículo “Cultos: una encuesta”, que publicó hace algunos meses en su número 20 la revista La Mujer de mi Vida, y en el que se plantean tres preguntas:
- ¿Qué es ser culto hoy?
- ¿Es un valor ser culto? ¿Por qué?
- ¿Podría diferenciar entre ser culto, ser un erudito y ser un intelectual?
A manera de respuesta se publican las reflexiones de Carlos Altamirano, Miguel Brascó, Canela (Gigliola Zecchin), Germán García, Jorge Halperín, Laura Linares, Vicente Muleiro, Roberto Pettinato, Roberto Rosler, Oscar Terán y Claudio Zeiger.
Me gustaron algunas de las condiciones que el escritor y periodista Miguel Brascó prescribe para quien se precie de ser culto (y me las robo completas para esta nota):
- Sin necesariamente conocer a fondo su obra, por lo menos no quedarse en ayunas cuando alguien menciona a Wittgenstein; mantener trato cotidiano con los libros en su conjunto, tanto en el ámbito extranjero desde el romano Catulo hasta Anthony Burgess y Julian Barnes, pasando por Rabelais, Gus Flaubert y Faulkner; y en el local de los argentinos, desde Sarmiento y José Hernández hasta Borges, Mario Trejo y quienes vienen después.
- Escuchar música regularmente, y con gusto, desde los Grandes como Juan Sebastian Bach, Beethoven, Brahms, Ravel o Shostakovich, hasta Erik Satie Scriabin, Steve Reich, Gershwin, Bill Evans, Piazzolla o Ariel Ramírez.
- Distinguir a primer golpe de vista cualquier obra de Fernando Fader de otra pintada por Carlos Alonso; y no necesariamente excitarse frente a un action painting de Jackson Pollock pero sí con El Greco, Van Gogh, Picasso, Paul Klee o Pat Andrea.
- Estar en speaking terms con el idioma inglés, el francés y eso que hablan y escriben tan bien los norteamericanos. También, ya que estamos, con el castellano.
- No dejarse atrapar por Coelho, Benedetti, los best sillies y los artistas que son buenos porque dan bien en las fotos o usaron el marketing del radical chic.
- Saber aunque sea de oído qué son los quantas, las estrellas enanas, los jeroglíficos de Tutankhamon, dónde quedaba la república gay de Weimar y dónde ahora el enclave de Marruecos, quién es el arquitecto Pei, cuál es el procedimiento para entrar en la web, y por qué es famoso Carlomagno. Adiestrarse para manejar en forma amena el arte de la conversación; enterarse de lo que distingue una bebida fermentada de otra destilada, de en cuál restaurante de Buenos Aires se come un hígado a la inglesa de culinarias impecables; aprender a preferir, entre otros platos, a la brandade de morue, las ostras de San Blas, el coulibiac de Francis Mallmann, los sesos en suave bechamel y el pescado crudo; no con cerveza o Coca Cola sino con vino y los codos fuera de la mesa; vestirse con criterio propio y no por los imperativos coyunturales de la moda. Y en líneas generales no elegir nunca la vulgaridad sino las actitudes inteligentes y las conductas de buen tono. Hágame caso: intente de cualquier manera actuar y conducirse de manera culta.
Bonus track: el artículo “¿Qué es ser culto hoy? El curro de lo culto”, de Andrew Graham-Yooll, en la misma revista. Una visión bastante descarnada del asunto:
Para las tías que tuvieron que ver con mi crianza ser culto se empalmaba con tener buenas maneras en la mesa, que era lo que permitía juzgar un nivel de sabiduría. Una persona culta sabía comportarse en un círculo social elegante, sabía decir por favor y gracias, y sabía seleccionar los tenedores y cuchillos que flanqueaban el plato de menor a mayor. (…) Ahora, en muchos círculos urbanos la persona culta es medida por su capacidad de adquisición y acumulación de elementos y experiencias que han sido clasificadas comercialmente como culturales (visitas a museos, cursos de historia del arte, obtención de entradas para el recital de despedida de Joan Manuel Serrat, concurrir a la cancha de River una vez por año, poseer una computadora de escuintillones de megas, y recordar que en algún momento del verano anterior se había comenzado la lectura de un libro que estaba recomendado como importante por los críticos del suplemento Radar Libros de Página 12). (…) Quizás estemos olvidando que ser culto significa tener cierto nivel de cultura que puede variar según la modalidad social o generacional, que se ha logrado un nivel de instrucción que en sí permite acceder a un conocimiento más amplio, que refleja una medida de curiosidad por lo que se desarrolla a nuestro alrededor.
Agregado por mí: ser culto implica todo eso, pero además se debe tener suficiente estilo como para no arropar a nadie, y suficiente humildad para decir “No sé” y disponerse a aprender.
A ver, y para ustedes, ¿qué es ser culto?
23/01/2006
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¿Desaparecerán los bibliotecarios?
Buena pregunta. Y muy interesante este análisis que para responderla hace Andrea en Véase Además. ¿Los medios impresos han perdido privilegios como instrumentos de transmisión del conocimiento? No importa, los bibliotecarios “gestionan información”, el soporte es lo de menos. ¿La lectura es una práctica minoritaria? No importa, los bibliotecarios son “capacitadores de usuarios de la información”. ¿El ciclo de producción de información ha quedado desarticulado tras la aparición de Internet? No importa, los bibliotecarios “gestionan los contenidos para el acceso directo de los usuarios a la información”.
Si yo tomo el mecanismo interior de un reloj y lo empleo para construir una bomba. El mecanismo sigue cumpliendo su función: mide el tiempo, pero se puede llamar a eso un reloj?











