Pregunta impertinente

Si un blog es, Eduardo Arcos dixit,

un sitio web frecuentemente actualizado donde se recopilan cronológicamente textos y/o artículos de uno o varios autores donde el más reciente aparece primero

¿no sería pertinente poder presentar también los comentarios en orden cronológico inverso?


¿Qué palabras le gustaban a Borges?

Las palabras de Borges

A Jorge Luis Borges le gustaban muchas palabras, pero le daba preferencia a sándalo, penumbra, jacarandá, sombra, cristal, hexámetro, ámbar, runa, anhelar y, por supuesto, arena. Lo sé porque él me lo dijo.


¿Se convirtió Gregorio Samsa en una cucaracha?

Kafkaracha

No: se convirtió en “un monstruoso insecto”. Es cierto que la descripción que hace Kafka sugiere una vaga idea de una cucaracha y, de hecho, existe la tendencia a identificar a Gregorio Samsa con ese insecto. Hay hasta un blog llamado La cucaracha de Kafka.

La palabra cucaracha no aparece explícitamente en ninguna parte de La metamorfosis. Por otro lado, el insecto descrito tiene unas manchas blancas en la espalda, característica que nunca he visto en estos insectos. Aunque, claro, con más de 3.000 especies es probable que alguna tenga esos puntos. La descripción exacta del insecto kafkiano aparece en el primer párrafo:

Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza, veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.

Samsa realmente se convirtió en un escarabajo. Claro que tampoco la palabra escarabajo aparece en el texto de Kafka, por lo que es preciso recurrir a la opinión de un experto, en este caso un experto en entomología y literatura, Vladimir Nabokov:

La cucaracha es un insecto plano de grandes patas y Gregor es todo menos plano: es convexo por las dos caras, la abdominal y la dorsal, y sus patas son pequeñas. Se parece a una cucaracha sólo en un aspecto: en su color marrón. Aparte de esto, tiene un tremendo vientre convexo, dividido en dos segmentos, con una espalda dura y abombada que sugiere unos élitros. En los escarabajos, estos élitros ocultan unas finas alitas que pueden desplegarse y transportar al escarabajo por millas y millas de torpe vuelo. Aunque parezca extraño, el escarabajo Gregor no llega a descubrir que tiene alas bajo el caparazón de su espalda (ésta es una observación que quiero que atesoreis toda vuestra vida. Algunos Gregorios, Pedros y Juanes, no saben que tienen alas).

La imagen es de Luis Scafati y hay más en esta galería de Clarín Digital.


¿Cuántos ateos existen?

Ateo: a, partícula negativa; theos, dios. Sin dios.

Wikipedia cita algunos datos estadísticos sobre el ateísmo (negación de la existencia de Dios) y el agnosticismo (duda sobre la existencia de Dios):

Según el Britannica Book of Year (1994) hay 1.154 millones de agnósticos y de ateos en el mundo. La World Christian Encyclopedia anuncia 1.071 millones de agnósticos y 262 millones de ateos en el año 2000. Según la obra de J. Baubérot (dir.), Religion et laïcité dans l’Europe un cuarto de la población europea sería “no religiosa”. El 5% de los europeos serían ateos convencidos. Una encuesta en 21 estados sobre un universo de 21.000 personas y publicada en diciembre de 2004 ofrece que un 25% de los europeos del oeste se dicen ateos contra un 12% en los países de Europa central y oriental. Otras encuestas arrojan el resultado de que el 49% de los checos y el 41% de los holandeses son ateos.

Sendos artículos en la misma Wikipedia hacen una distinción entre el ateísmo débil y el fuerte, siendo éste la negación absoluta de todo misticismo, mientras que el primero es apenas un descreimiento causado principalmente por problemas personales. Algo comprensible cuando el mismo Cristo —según cuenta la Biblia—, en medio de la tortura final en la cruz, le pregunta a Dios por qué lo ha abandonado.

Un ateo no solamente niega la existencia de Dios. También considera irreal toda otra forma de misticismo: el diablo, los vampiros, la fuerza. Ni siquiera los hechos que el creyente tiene como evidencias de la existencia de Dios —milagros, hechos sobrenaturales— convencen al ateo, pues alguna explicación científica tendrán, aunque no se disponga de ella por los medios técnicos actuales. Tan acendrada como tenemos nuestra creencia en todo lo mágico, es comprensible que el creyente no entienda los postulados filosóficos del ateísmo, de la misma manera como el ateo considera obvia la inexistencia de Dios.

La postulación de explicaciones racionales para sustentar el ateísmo ha llevado a la Iglesia Católica —ignoro cómo será en otras religiones— a considerarlo peligroso y a estigmatizarlo, lo que incide para que mucha gente tenga al ateo por una mala persona. Esto no necesariamente es así: un ateo puede ser una buena o mala persona, de la misma manera como hay buenas y malas personas entre quienes profesan cualquier fe.

La verdad, no creo que haya manera de contabilizar cuántos ateos existen. A veces el ateo termina aceptando la idea de la existencia de Dios, como fue el caso de Mario Briceño-Iragorry, y hay quien mantiene por siempre la nostalgia de Dios, como le ocurre al sacerdote ateo de San Manuel Bueno, mártir —la novela de Miguel de Unamuno—, que hace el bien para no tener tiempo de pensar en torno a su falta de fe, pues teme que ésta lo lleve al suicidio. Aparte, claro, de que quienes se declaran ateos a raíz de alguna tragedia personal no son realmente ateos, sólo están un poco despechados pues no entienden aquello de que “los caminos de Dios son inescrutables”.


¿Leía Borges en Braille?

Borges en brailleNo. Le leían. En esta entrevista con Julio César Calistro, publicada en la inigualable Espéculo, decía el Viejo:

Estoy ciego, la mayoría de mis contemporáneos han muerto; soy un hombre tímido y desde el año 55 ya no puedo leer, tengo que recitar cosas que se me ocurren… ¡Yo no sé cómo no aprendí el sistema braille!


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