Un encuentro suspendido

Adhelys RiveroEn julio pasado publiqué esta nota sobre la presencia de Darío Jaramillo Agudelo en Venezuela, junto a otro grupo de destacados poetas internacionales que venían como parte de la programación del Encuentro de Poesía de la Universidad de Carabobo.

Este evento se ha consolidado como una de las citas literarias más importantes de Venezuela, y en los últimos años se ha hecho un esfuerzo importante para llevar sus actividades más allá de los límites del estado Carabobo. En 2005 y 2006, la agrupación Pie de Página organizó los recitales correspondientes al estado Aragua, y ya teníamos todo listo para nuestra tercera participación como coorganizadores cuando Adhelys Rivero (en la gráfica), quien dirige el encuentro, nos escribió para darnos la mala noticia de que ha sido suspendido:

El proyecto fue respaldado por las autoridades universitarias, especialmente por la rectora María Luisa Aguilar de Maldonado; para ello presentamos los requerimientos presupuestarios oportunamente, pero para preocupación nuestra han ocurrido retardos imprevistos en la aprobación del presupuesto que aporta la Universidad de Carabobo al Encuentro Internacional de Poesía, por lo cual la Comisión Organizadora ha decidido, dadas las circunstancias presupuestarias actuales, no realizar el VI Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo en la fecha del 24 al 29 de septiembre de 2007.

Adhelys agrega que con la ayuda de otros patrocinadores quizás se realice el encuentro en noviembre. Esperemos que sea posible, y que esta iniciativa no se sume a otras que quedan arrasadas por el desinterés que la cultura inspira en quienes manejan los recursos.


10 top tópicos para iniciar una conversación interminable

Conversación interminable

¿De qué hablar cuando no se tiene nada de qué hablar? Esa es la pregunta que por eones ha torturado las mentes de los seres humanos. La respuesta es simple: se saca un tópico y de inmediato todos los interlocutores presentes participarán con su porción de intrascendencia. He aquí los diez tópicos que usted siempre debe llevar bajo la manga para esa cola en el banco, esa reunión aburrida o ese almuerzo funesto; en fin, para esas situaciones en las que usted nunca debió involucrarse pero que lamentablemente no pudo evitar:

  1. Y pensar que yo llegué a pagar una locha por esto. La inflación es el pan nuestro de cada día, pero siempre sorprende. Yo llegué a pagar un bolívar por una empanada, pero siempre me voy a conseguir a alguien que pagó una locha. No hay que olvidar incluir en la conversación el nombre del presidente de turno, que sirve para compartir con el interlocutor no sólo el recuerdo de los precios de antaño, sino también el del contexto: “Cuando Luis Herrera, esto costaba tanto, luego del viernes negro subió”. Nunca se ventile el tema ante una potencial pareja que sea más joven que uno.
  1. Los chamos de ahora nacen aprendíos. Siempre ha sido así: los niños son más despiertos que sus padres. Antes con la tele, y ahora con Internet, cualquier muchachito te puede dar clases de lo que sea. Sus destellos de genialidad pueden abarcar desde la travesura más infame hasta el empleo de vocabulario que uno ni siquiera vislumbraba cuando tenía esa edad. Este tópico es especialmente efectivo si entre los interlocutores se encuentran dos o más madres de treintipico.
  1. Fulano es un negrero. Mencione al jefe o al trabajo y tendrá garantizada una buena dosis de conversación absolutamente estéril. Además usted podrá enterarse de cuánto ganan los demás. Siempre es bueno aderezarla con chismes sobre las preferencias sexuales de algún compañero de trabajo o las divertidísimas aventuras vividas en la más reciente dinámica de grupo. Una variante que usted no puede desdeñar si es muy joven para trabajar: conversaciones sobre el liceo o la universidad, profesores, compañeros de estudio y las infaltables farras.
  1. Cómo es posible que sólo estén trabajando dos cajeros. Los servicios nunca funcionarán como usted lo espera o como cree que debieran funcionar. Siempre le estarán cobrando de más y siempre serán prestados de forma caótica. No olvide hablar de lo bien que se la pasan en Estados Unidos o Europa, donde según usted los servicios son perfectos, “eso es otro mundo”. Nunca toque el tema delante de un chavista.
  1. El que inventó esto es un tipo vergatario. Bien, no estamos como en Los Supersónicos, pero tampoco vamos tan mal: esta es la era del celular, la computadora y el Hubble. No importa que usted no conozca a fondo estos temas, diga cualquier cosa que se le ocurra y tenga por seguro que todos le creerán. Puede mencionar cosas más específicas como el iPod o el satélite Simón Bolívar sin importar que sus interlocutores sepan o no de lo que habla. En caso de que un interlocutor sepa más que usted e intente contradecirlo, diga que lo vio en Discovery. Un tema especial: el chat por Internet.
  1. Este es el segundo carro que me roban. ¡Ah, la delincuencia, cuántas conversaciones nos brinda! Nunca como ahora ha sido tan cierto aquello de que todos hemos sido víctimas de un malandro o al menos conocemos a alguien que lo ha sido. Las historias en las que están involucrados delincuentes siempre son efectivas justamente porque todos conocemos al menos una. Agregue detalles truculentos sobre ese secuestro o ese paquete chileno inolvidable. Y no olvide acotar el clásico: “Aquí uno no sabe si desconfiar del malandro o del policía”.
  1. Pasé la tarde montando el alternador. Mencione cualquier parte del vehículo y tendrá usted de forma instantánea una auténtica conversación interminable. Costos de los repuestos, compatibilidad entre las marcas, chiveras surtidísimas, decenas de nombres de partes. Ya es todo un descubrimiento antropológico sacar el tema delante de un grupo de hombres, pero si entre los interlocutores hay una mujer capaz de hablar con propiedad la felicidad puede ser absoluta. Una variante que puede producir maravillosos resultados es hablar sobre compra y venta de vehículos. Palabra mágica: tunning.
  1. Qué vaina con la Vinotinto. Si usted es fanático del fútbol aproveche, porque a estas alturas no se sabe cuánto tiempo durará Richard Páez al frente de la selección. De todos modos en materia deportiva hay una amplia gama de temas, y si usted es capaz de ir más allá del ubicuo béisbol o de la modernísima Fórmula 1, tiene el mundo en sus manos. Un tipo especial de conversación en este rubro: “Si hubieras puesto el cuatro-cinco cuando me acosté con el doble-dos, nos pasamos pa’l rabo’e la vaca”.
  1. Todas las mujeres son iguales. O los hombres, según su preferencia. El sexismo es un tema esplendorosamente rico y sugerente. Si usted es hombre, empiece hablando de la proverbial impericia de las mujeres al volante; si es mujer, detone la conversación con un comentario clásico sobre lo básicos que son los hombres. No olvide contar esas sanguinolentas historias de cachos y, si hay confianza, no deje por fuera sus prodigiosas hazañas sexuales. Lo mejor es que si en el público hay interlocutores de ambos sexos, usted puede empezar hablando porquerías y terminar saliendo con alguien.

Y así llegamos al rey de los temas, el supertop tópico para iniciar una conversación interminable:

  1. ¿Viste lo que dijo Chávez ayer? Basta que Chávez abra la boca para prender el polvorín. No importa que usted sea chavista o escuálido, saque el tema y viva un día Pepsi. Nunca como ahora la política ha sido el tema por excelencia de nuestras improvisadas tertulias. No se limite a hablar del presidente: cuente cómo la familia del vecino se dividió porque los viejos son chavistas y los hijos escuálidos, esgrima sus teorías macroeconómicas que indudablemente salvarán al país, hable del amigo empleado público que fue obligado a inscribirse en el PSUV, describa minuciosamente el sistema de espionaje basado en bombillos ahorradores o las intrincadas maquinaciones de la CIA, defenestre a Bush o a Fidel según el caso. Si usted es chavista, no olvide referirse a los otros como “escuálidos o escuálidas” y a los panas como “chavistos o chavistas”.

Darío Jaramillo Agudelo en Venezuela

Darío Jaramillo AgudeloYa está próximo a realizarse el VI Encuentro Internacional de Poesía de la Universidad de Carabobo, una fiesta de las letras que en pocos años ha logrado afianzarse como una de las más interesantes en Venezuela, gracias al trabajo del poeta Adhely Rivero y a su equipo. Hace ya tres años que la Agrupación Literaria Pie de Página —de la que formo parte— tiene sobre sus hombros la responsabilidad de organizar en Maracay, específicamente en el vestíbulo del Teatro de la Ópera, el recital poético que marca la presencia de este encuentro en Aragua.

El caso es que ayer me dieron la lista de los poetas internacionales que vendrán a Maracay… y la perdí. Creo que no la tuve en mis manos más de una hora. Pero de los nombres que alcancé a ver resaltaba el del poeta colombiano Darío Jaramillo Agudelo, un invitado de lujo como apreciará cualquiera que lo haya leído. Y, con Google, no hay excusa para no leerlo. Otro invitado cuyo nombre recuerda mi maltrecha memoria es el argentino Julio Carabelli, que entre otros méritos tiene el de haber creado el ciclo “Café Literario” que lleva ya cinco años consecutivos realizándose en el Centro Cultural Flavio E. Virla, en Tucumán.

De estas cosas nada se puede asegurar hasta que ocurren, pues ya en eventos anteriores se ha anunciado la visita de alguna firma de similar calado y a último momento, por alguna u otra causa, el escritor invitado debe cancelar. De cualquier manera, quedan avisados: el recital será el 26 de septiembre a las 6 de la tarde, en el Teatro de la Ópera de Maracay.

Por cierto que ayer tuvimos oportunidad de hablar del tema en la grabación del programa “El color del arte”, que transmite semanalmente la televisora regional Color TV bajo la conducción de la periodista Leonor Basalo. La entrevista se hizo en la Casa de los Arcos, una vieja construcción gomera ubicada en Las Delicias, un poco más allá del zoológico, y que actualmente se encuentra dedicada a actividades culturales bajo la tutela de la Asociación Ateneo de Maracay. En la foto de aquí abajo, mis amigos Carmen Alida Méndez (a la izquierda) y Manuel Cabesa durante la entrevista, en la que hablamos también sobre el I Encuentro Nacional de Narrativa y Ensayo “Pie de Página” —que hemos programado para la primera semana de octubre y sobre el cual ya echaré aquí el cuento— y sobre la pronta aparición de nuestra revista impresa, previsiblemente llamada Pie de Página. Manuel es el del cuento de los autógrafos, y ya preparó su ejemplar de La voz interior para la visita de Jaramillo Agudelo.

Entrevista para “El color del arte”, programa cultural de Color TV


Javier de Frutos, el coreógrafo salvaje

Javier de FrutosSin duda alguna, en el ámbito artístico el venezolano más conocido en todo el mundo es el pana Dudamel. Pero si quieren saber quién está dando la hora en coreografía latinoamericana, vean para acá: Javier de Frutos, calificado en esta nota de El País como "el coreógrafo latinoamericano más importante de su generación" y en esta otra de The Guardian como "coreógrafo salvaje".

De Frutos presentó, en junio pasado, en la Bienal de la Danza de Venecia y con su Phoenix Dance Theatre, el espectáculo Triple Bill, que la misma nota de El País describió en estos términos:

El impactante tríptico de De Frutos es una orgía de energético movimiento de danza y de gusto por el cuerpo. (…) De Frutos estableció un sello de verdadera danza culta para esta bienal controvertida y polémica, donde no han faltado la sangre, el dolor, la pasión, la rabia y los detalles que remiten a la fogosidad de la sociedad contemporánea.

Dos nominaciones a los premios Manchester Evening News Theatre, una nominación al premio del International Theatre Institute Award y haber recibido los premios Paul Hamlyn Award, Bagnolet Prix d’Auteur, South Bank Show y Arts Council of England Fellowship, son parte del aval que ostenta el trabajo de este caraqueño nacido en 1963.


Las tablas de Bolaño

2666Ha pasado casi un año desde que escribí sobre la obra de teatro que Àlex Rigola y Pablo Ley estaban escribiendo para llevar a las tablas la macronovela 2666, de Roberto Bolaño. Pues bien, la cosa es la semana que viene: entre el miércoles y el sábado, unos muy envidiados espectadores asistirán a las primeras cuatro funciones de esta obra de cinco horas, dividida a su vez en cinco obras que, según cuentan Rigola y Ley, intentan captar la esencia del texto original.

Julio Manrique, Andreu Benito, Joan Carreras, Chantal Aimée, Alicia Pérez, Cristina Brondo, Manuel Carlos Lillo, Ferran Carvajal, Félix Pons, Alba Pujol y Víctor Pi son los once actores que interpretarán a los cuarenta personajes de la obra, que mostrará además fotografías de Ciudad Juárez —como la que encabeza esta nota— tomadas por Rigola. La entrada cuesta 22 euros.

Las Palmas, Granada y Madrid son algunos de los escenarios en los que ya se ha confirmado la representación de la obra de aquí a noviembre, cuando regresará a Barcelona. Se habla ya de la posibilidad de presentarla en Suramérica, aunque por ahora es sólo eso, una posibilidad. Despiértenme cuando anuncien la presentación en Venezuela.


De cómo perdí mi alma

Jaque mate

Amaba a María. Era un amor turbulento y cruel que ambientó con una esplendorosa luz negra algunos meses de mi vida hace ya más de quince años, mientras recorríamos con agotador frenesí el bulevar de Sabana Grande, la avenida Urdaneta y otros ámbitos de una Caracas de ensueño que algunos ilusos nos negamos a olvidar.

Nunca supe si me amó —en realidad nunca supe nada sobre ella—, pero una noche me mostró las cartas que me escribía en su cuaderno, que nunca más me daría a leer y que glosaban un amor sanguíneo, por diversas circunstancias condenado a un término abrupto del que ambos estábamos secretamente conscientes. Cuando leía las cartas, sentía en mis manos el redoble de su corazón absurdo y las lágrimas del final que ya se anunciaba.

Después de guardar el cuaderno, me preguntó de forma inesperada si sabía jugar ajedrez. Claro que sé, le dije, gracias a un tablero que mi papá me regaló cuando cumplí siete años, y con el que me enseñó ganándome y dejándose ganar las tardes de domingo. Vamos a jugar, me invitó, y caminamos hasta una de las mesas de Sabana Grande donde por unas monedas te dejaban usar un tablero.

Con toda elegancia me dejó usar las blancas para que abriera la partida. Justo antes de mover mi primer peón, tomó mi mano y me preguntó qué apostaríamos. No apuesto, no tengo dinero, le respondí. Jorge, no seas tonto, no se apuesta sólo dinero. Entonces me hizo su oferta: si perdía, sería mi esclava sexual durante toda mi vida. Bastaría que la llamara y ella acudiría de inmediato. Mis ojos adolescentes se entrecerraron con una sonrisa y acepté. Si gano, continuó, al morir tu alma será mi esclava. Encandilado por la posibilidad de ganarle, también acepté.

Empezamos a jugar y por unos veinte minutos me abalancé sobre sus piezas, impulsado por la lascivia. A medida que me indigestaba de peones, imaginaba una vida entera satisfaciendo mis deseos con mi propia esclava y sonreía mientras la miraba titubear antes de mover cada pieza. Todo estuvo bien hasta que, en algún momento, ella hizo un par de jugadas que me sentenciaron a un limpio jaque mate del que me tomó un buen rato reponerme.

Hace años esta historia me producía temor. Mi final con María llegaría poco después con el mismo brío de tumulto con que se había desarrollado nuestro breve romance y jamás volví a verla. Con el tiempo, el temor fue sustituido, primero, por la curiosidad ante la idea de encontrarla esperándome cuando me toque avanzar más allá del umbral de la muerte; después, por la sospecha de que la memoria de aquella partida es ya una evidencia de mi condición de esclavo.

Nunca volví a apostar.


Garciamarcados, vargasllorosos y otros acólitos anónimos

Luis Barrera LinaresDespués de contar su primer encuentro con Cien años de soledad en esta nota que pasa del porno a la novela negra en un santiamén, Luis Barrera Linares pasa a describir con rigor taxonómico la estirpe literaria de los “acólitos anónimos”: esos tipos que precisan urgentemente de una etiqueta para no sentirse solos en este mundo, que de ancho y ajeno a más de uno se le hace inaprehensible.

Nos aferramos con adicción a tendencias o movimientos para sentirnos más fuertes, apoyados por la sapiencia de quienes encabezan el pensamiento que seguimos. Por ejemplo, hay quienes se ufanan de ser postmodernistas focaultianos, estructuralistas psicoanalíticos o narratologistas genettianos. La misma categoría podría explicarse a narradores y poetas, puesto que no son pocos los que se ajustan la chaqueta estética, con su nombre de guerra. Y lo hacen colgándose (a veces sin darse cuenta) de la solapa o el corsé de alguien que supuestamente ya conoce de la consagración interna y externa: así, la “revolución personal” de algunos escritores se ayuda con el apellido del otro: y entonces, en el espectro latinoamericano, emergen grupos de garciamarcados, vargasllorosos, mutis-lados, allendosos, mastreteros, restreputeados, saramagosos, fuenteovejunos y etcétera para no abundar. Cada país tiene los suyos.

Hay toda una cosmogonía alrededor de este asunto: talleres, tertulias, círculos, formas de agrupación en las que a falta de la clarividencia que da el trabajo constante, sincero y, por sobre todo, humilde, los protagonistas emprenden largas y dolorosas competencias del que pise más colas. Como bien dice Luis, es un fenómeno que se presenta de forma insistente entre los jóvenes, en su creencia de que su irrupción en el ámbito literario producirá “una hecatombe histórica”. El contacto con esto hasta podríamos decir que forma parte de la educación intelectual de todo escritor. El problema es cuando los tipos crecen y el acolitismo persiste.


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