Blackberry como índice económico

Diputado Simón CalzadillaEste señor se llama Simón Calzadilla, pertenece a un partido que nunca se sabe si está a favor o en contra del presidente Chávez, y es diputado en la Asamblea Nacional de Venezuela. Hoy sale en esta nota criticando el control de cambio, medida que a su juicio (y al mío) es desastrosa para la economía, pues en la práctica sólo ha servido para incrementar la burocracia, acentuar la exclusión y llenarle los bolsillos a los jerarcas del gobierno, quienes viajan a cualquier lado con los gastos pagados, sin tener que llevar montañas de documentos ante un funcionario que si está de malas lo hará bailar el tamunangue, y ciertamente sin tener que ceñirse a cantidades límite en las divisas que pueden manejar. La Quinta República se burla del ciudadano con la misma sonrisa que la Cuarta República. Lo único que cambia es el color de la camisa.

Pero ese no era mi punto, o al menos no el único. Mi punto era el tercer párrafo de la nota donde sale Calzadilla:

“Si usted calcula el precio de un Blackberry en Venezuela con el precio de uno en Colombia (…) o Estados Unidos, se encuentra que el dólar al que se calcula aquí es 10 u 11″, aseguró Calzadilla.

Es decir: la mayor preocupación de este señor es que el Blackberry le salió muy caro. Semejante divorcio de la realidad, en un país al que lo están destruyendo la pobreza, la inseguridad y, muy importante, la corrupción, es lo que hace que uno termine cogiéndole asco a esta gente, que se monta en el poder para disfrutar de una vida de reyes sin tener que trabajar. Desde que leí la nota esta mañana, ha resonado en mi memoria esta escena de El lado oscuro del corazón:

oscuro.jpg

Este boludo hace con miga de pan unas pijitas que dicen: “Sonríe, en este momento un político te está cogiendo”.

18/11/2009

Guardado en Fraudes y engaños
Nadie ha escrito aún acerca de esta nota. ¿Quieres hacerlo?

 

Estafó a una escritora y podría ir preso un año

Un año de cárcel por estafar a una escritoraEdith Checa llamaba mi atención hace rato sobre este caso:

La Fiscalía de Sevilla ha pedido un año de cárcel para un editor que cobró 3.437 euros a una escritora novel con la promesa de que editaría su libro, lo presentaría, promocionaría y repartiría ejemplares a la crítica, aunque sólo editó 500 ejemplares e incumplió los restantes compromisos. El escrito de acusación explica que el acusado, S.R.P., como único dueño de la editorial sevillana Jamais, firmó en septiembre de 2002 un contrato de coedición de la obra literaria de la autora novel M.J.M.O.

“S.R.P.” es Santiago Rojas Pulido. ¿Recuerdan Jamais? En algún momento los manejos de esta editorial produjeron hasta la creación de un grupo MSN –hoy desaparecido– donde los afectados publicaban sus denuncias. Siete años le tomó a esta escritora conseguir este resultado, pero al menos lo consiguió.

Un escritor no debe pagar para ser publicado. Lo he dicho muchas veces, y la semana pasada lo decía Ricardo Iribarren:

Un escritor no debe pagar para ser publicado. Lo que realiza es un trabajo y como tal, puede publicar sin cobrar, pero nunca desembolsar dinero por hacerlo. La verdad es evidente, pero la oculta una suerte de emocional colchón extraliterario. Cuando empezamos a escribir y recibimos los primeros elogios, surge la satisfacción y la necesidad de ser leído por grupos más amplios, lo que es una búsqueda de aprobación; sentimiento muy humano, pero que constituye la herida por la cual editoriales de segunda, grupos de promoción, correctores o pretendidos agentes literarios, empiezan a sorber la sangre del escritor.

¿Se entiende el punto?

28/08/2009

Guardado en Fraudes y engaños
Ya hay 13 notas acerca de esta nota. ¿Quieres agregar otra?

 

Protestas en Caracas y la manipulación de los medios de comunicación en Venezuela

Protestas en Caracas

Si no fuera tan grave, podría considerarse una comedia. En Venezolana de Televisión alguien habla de la manipulación de los medios de comunicación en Venezuela. Una conversación muy apacible, un entrevistado y un entrevistador muy bien vestidos, tranquilos. Aire acondicionado, se adivina. Dan un pase a un periodista que está en alguna parte cubriendo la inauguración de algo. La gente se ve tranquila, los asistentes seguramente comentan asuntos relacionados con el evento o con eso que se está inaugurando.

En otro lugar de Caracas, hay gente que protesta contra la aprobación de la Ley de Educación. Para esto no hay un periodista de medio oficial alguno, pues se trata, como indica la web de VTV, de “infiltrados opositores”. No son ciudadanos, son infiltrados, y para peor, son opositores. Los dictámenes sacrosantos no reciben oposición: son atacados por falacias mediáticas.

Quien quiera enterarse de lo que está ocurriendo en Caracas en estos momentos, debe darse una vuelta por las páginas de Twitter de gente como José Blanco Oliver o Américo Orsi Poli, quienes se encuentran en las manifestaciones y están reportando desde allí, fotos incluidas, como esta de Américo con la que encabezo esta nota o estas de la galería de Gabriel Bastidas. Ataques de la policía y de grupos civiles armados, bombas lacrimógenas, perdigones y otras lindezas retratan la verdad desnuda que nos oculta la manipulación de los medios de comunicación en Venezuela.

13/08/2009

Guardado en Fraudes y engaños
Ya hay 9 notas acerca de esta nota. ¿Quieres agregar otra?

 

Evite incurrir en delitos mediáticos

Tras la presentación en sociedad del proyecto de ley especial contra delitos mediáticos, queda claro que el ejercicio de la comunicación –un concepto que va más allá del simple periodismo– tendrá que ser replanteado. Afortunadamente, sobra material de consulta para quienes deseen hacer comunicación prístina y –sobre todo– legalmente. Por ejemplo:


PD1: Esta nota es un sarcasmo, no una información. No he incurrido en un delito mediático. Aunque quién sabe.

PD2: Excelente el tratamiento del Chigüire sobre este tema. Ver sus notas aquí, aquí, aquí, aquí y etc.

31/07/2009

Guardado en Fraudes y engaños
Ya hay una nota acerca de esta nota. ¿Quieres agregar otra?

 

La verdadera amenaza

Pink Floyd: The Wall

Hace un rato me llamaron para avisarme que Mili murió.

Mili y yo compartimos aulas en el liceo y después nos perdimos la pista. Nos encontramos más de diez años después, por casualidad, y después de eso nos vimos con alguna frecuencia en diversas circunstancias. Era una persona alegre y descomplicada, y una profesional estable con su propia oficina en el centro de Cagua. Una morena alta, bella y sonriente cuya amistad franca me honró, y a quien le tuve mucho cariño.

Una noche, después de visitar a su mamá, Mili emprendió en su carro el camino a su casa. Fue interceptada por dos hombres jóvenes encaramados en una moto que hicieron disparos de televisión: dos en el pecho y uno en la cabeza. Sus dos hijos, que la acompañaban, también fueron alcanzados por las balas. Más tarde, su hija menor contó que tras la masacre los hombres se acercaron y vieron el rostro ensangrentado de Mili. Entonces uno de ellos le dijo al otro: “¡Marico, nos equivocamos, esta no era!”. Y huyeron a toda velocidad.

Mili nunca recuperó el conocimiento. Pasó meses en cama, hasta hoy.

Cuando leo payasadas sobre magnicidios pienso en lo pendejos que somos y en todas las burradas que hemos hecho para llegar a este punto. Una banda de malandros que goza el poder a costa de nuestra estupidez, y una banda de malandros que no halla cómo hacer para volver a gozar el poder a costa de nuestra estupidez. Porque a eso se reduce todo: a una mala película de malandrines proyectada en un cine gigante lleno de espectadores impotentes, algunos tan ilusos que se creen protagonistas de la vaina, mientras al país lo consumen la inseguridad, los servicios inservibles, la elucubración ideológica.

Hace rato que dejé de creer en optimismos facilones sobre construir un país y toda esa paja. Hace rato que dejé de creer que este es nuestro país. Este país es de los malhechores y rufianes. Ellos son los que sonríen de medio lado cuando alguien menciona que Venezuela es “un país rico”. Sonríen porque son los únicos que lo saben a ciencia cierta, son los únicos que han podido ponerle mano a esa riqueza mientras confunden a los espectadores con pasapalos ideológicos piches y denuncias de planes de magnicidio, por un lado, y con “luchas por la libertad”, por el otro.

Para los demás, para nosotros los bolsas, quedan los apagones diarios, el agua que se va sin explicación ni lógica alguna, el abuso de los bancos, las escuelas en ruinas, las calles que se desmoronan, la inflación que galopa, los malandros que nos matan, los policías que nos matan. Y no nos damos cuenta de nada porque somos un atado de gafos fanáticos. La raza de Bolívar, los descendientes de los libertadores, los adalides de la democracia; todos placebos para gafos que, cuando nos da por demostrar nuestra valentía, es para caernos a golpes entre nosotros mismos.

Esa es la verdadera amenaza, el magnicidio personal que arrastró a Mili y nos arrastra a los venezolanos cada día. A nosotros no nos van a destruir la CIA, los medios, la Iglesia, Chávez ni la oposición. A nosotros nos vamos a destruir nosotros mismos.

02/06/2009

Guardado en Fraudes y engaños
Ya hay 7 notas acerca de esta nota. ¿Quieres agregar otra?

 

Una liebre que se me escapó

Una liebre que se me escapó

Dicen que al mejor cazador se le va la liebre, y a mí —que no soy el mejor pero me aplico— se me fue esta. Hace unos meses publiqué en el boletín de concursos de Letralia la convocatoria a una antología para autores residentes en Canadá y Estados Unidos. La cosa no me despertó sospecha alguna, provenía de un docente de una respetada universidad canadiense y parecía todo muy bien organizado.

Hoy me escribe una amiga que, atendiendo a la convocatoria publicada por nosotros, envió su material. La carta que recibió ni siquiera estaba personalizada. Simplemente decía que para ser publicada en la antología, debía pagar 200 dólares canadienses y, ah, sí, envíe sus datos biográficos, claro. Y ya saben lo que pienso de este tipo de procedimientos.

No es algo como para simplemente pasar la página, pues es un irrespeto para el escritor el que se le pida dinero para un, digamos, servicio, en cuya convocatoria no se aclara este punto. Bueno, es un irrespeto y ya, avisando o sin avisar, pero al menos si uno está prevenido simplemente no participa y, si quiere, puede hasta recomendar a los amigos que no participen. Qué pena con los suscriptores del boletín.

La liebre completa, aquí, para los curiosos. Y para que estén prevenidos quienes atendieron a la convocatoria.

11/03/2009

Guardado en Fraudes y engaños
Ya hay 8 notas acerca de esta nota. ¿Quieres agregar otra?

 

Sensini fallido

Mario Quirós LoboEl asturiano Mario Quirós Lobo quiso hacer la de Sensini, pero no le salió. El viernes de la semana pasada, su novela Solsticio de invierno fue anunciada como la ganadora del VIII Premio Hontanar de Narrativa Breve, que convoca Ediciones Hontanar y premia con 600 euros y publicación al mejor relato de entre 25 y 45 páginas, además de un accésit de sólo publicación que recayó sobre el gallego Luis Otaduy Guerreiro por Las hijas del capitán. Ayer, Quirós perdió el premio por haberse plagiado a sí mismo.

Quirós envió al Hontanar el mismo texto de Las horas contadas, novela sobre la eutanasia que había ganado el Felipe Trigo en 2004 y además había sido publicada ya en 2007. Al parecer sólo modificó detalles menores y la presentó como Solsticio de invierno. Fue la acuciosa Amparo Carballo, directora de la editorial, quien se dio cuenta del engaño. La cosa la cuentan en esta nota de La Crónica, de León:

Dada la gravedad del hecho, que no se ha producido en ninguna de las ocho ediciones de este prestigioso premio narrativo, la propia editora se puso personalmente en contacto con el autor, quien finalmente reconoció que se había “plagiado” a sí mismo y se comprometió a enviar una carta renunciando al premio, consistente en una dotación en metálico y en una cantidad de ejemplares de la obra editada.

El problema con la estrategia de Sensini es que en la actualidad es de difícil aplicación. Al principio de su cuento, Bolaño declara: “En aquella época yo tenía veintitantos años y era más pobre que una rata”, lo que ubica temporalmente la historia a mediados de los setenta. Un mundo que hoy nos parecería salvaje y descolorido, sin blackberrys ni wi-fi. Pero en pleno 2009, cabe preguntarse: ¿en qué carrizo estaba pensando Quirós?

Imaginemos a la diligente Amparo Carballo justo después de conocerse el veredicto. Tiene en sus manos esta historia apasionante sobre un anciano juez que clama por su derecho a la eutanasia. Le bastaría un par de googleos para llegar a esta entrevista donde Quirós habla de la misma historia aunque con un título diferente, el de la edición original.

Una mala experiencia para este premio, sin duda, pero más para este escritor que se da este resbalón nada menos que a sus 72 años. Leyendo su biografía resalta un dato: su novela La vida breve de María Cardoso obtuvo en 2001 el premio “Olula del Río” y, en 2002, el “Rafael González Castell”. Como se puede ver aquí y aquí, ambos concursos especifican en sus bases que las obras participantes deben ser inéditas.

10/03/2009

Guardado en Fraudes y engaños
Ya hay una nota acerca de esta nota. ¿Quieres agregar otra?

 
•  Siguientes »»