Arte libre

Arte libreA mí me dirán pedante, pero siempre supe que llegaría el momento en que el arte correría en pelotas por las praderas agrestes de Internet. Aquí cuatro ejemplos:

  • Revver es una comunidad de realizadores de video. Los videos no sólo pueden verse, pues si consigues la aprobación de un realizador puedes hasta modificar alguno gracias a la licencia Creative Commons que acoge a los miembros de la comunidad. Aunque no deja de parecerme extraño cierta coletilla que aparece en el borde inferior derecho de las páginas del sitio.

  • Librivox convierte texto en sonido. Sus miembros toman libros de dominio público y los convierten en audiolibros que se pueden oír gratuitamente y que están provistos también con una licencia Creative Commons. Uno se puede convertir en un lector (que es quien graba capítulos de libros, poemas u obras cortas), coordinar un grupo de lectores o moderar proyectos que involucren a lectores y coordinadores, entre otras cosas.

  • Jamendo distribuye música gratuita amparada en una licencia de “algunos derechos reservados” de Creative Commons. Este es mi preferido. Se consigue música de excelente calidad que difícilmente se puede obtener en otro lado. Llegué al sitio por recomendación de Pedro Carrillo, que ha publicado allí el disco de su proyecto eXperpento. Los discos se pueden descargar directamente o por algún gestor de torrent.

  • Liberated Films no usa Creative Commons, pero el principio es parecido al de los otros tres sitios. Es una especie de agencia para cineastas desconocidos (o independientes, que en muchos casos viene a ser lo mismo). Claro que la idea es hacerlos famosos, en cuyo caso se les invita a donar dinero para organizaciones benéficas. A este llegué vía Blogdecine.

Si con esto se les abre el apetito, pueden darse también una vuelta por el sitio de Creative Commons y revisar sus reseñas sobre recursos de audio, video, imagen, texto, educación y software. Estoy seguro de que se llevarán más de una sorpresa.

Dulcito final: el directorio de videos musicales gratuitos que se pueden apreciar en Youtube, recopilado por la gente de Cyber-Knowledge.


Letralia en Intute

IntuteLa doctora Shoshannah Holdom es la editora de idiomas modernos de Intute, un índice de los recursos de Internet recomendados por un consorcio de universidades británicas para sus investigadores:

Los motores de búsqueda frecuentemente son la primera opción para quienes necesitan encontrar información específica en la Web. Pero aun cuando el usuario obtenga una lista extensa de resultados, nada asegura que la información que se muestra en ellos sea apropiada o relevante.

Sin procesos sistemáticos de control de calidad en la ubicación de la información, es muy difícil explorar y descubrir información confiable. Sin acceso a un servicio central, los esfuerzos en la evaluación y registro de recursos de alta calidad en el Web terminan duplicándose para la red educacional en el Reino Unido.

Es aquí donde entra la base de datos Intute, que brinda acceso a recursos sobre temas específicos o mixtos que han sido evaluados para garantizar su calidad y relevancia.

Intute es la evolución de Humbul, servicio que anteriormente mantenía en solitario la Universidad de Oxford y al que, desde julio de 2006, se unieron otras quince.

Desde enero de 2004, Letralia estaba incluida en Humbul y, por supuesto, se mantiene el registro en Intute, donde la Tierra de Letras es descrita como un recurso "recomendado para aquellos interesados o dedicados al campo de la literatura latinoamericana".


El desprestigiado verbo poner

Huevo eleganteEn la carrera desbocada de ciertas personas por parecer lo que no son, se les va pegando en la cara todo un catálogo entomológico del que ni cuenta se dan. Se termina convirtiendo la propia personalidad en un mecano de poses adquiridas que se mueve al compás de los requerimientos de la apariencia. Y por lo general el primer caído en el combate de la vanidad contra la autenticidad es, ni más ni menos, el lenguaje.

Pienso en estas cosas cuando veo cómo el verbo poner ha caído tan aparatosamente en el desprestigio, desplazado por colocar, que si bien es más largo y no siempre se usa de forma apropiada, parece estar revestido por un aura de refinamiento, como si gozara de una alcurnia secreta que lo convierte en el verbo por excelencia de quien se considera a sí mismo elegante.

Se suele aceptar a ambos verbos como sinónimos. Uno puede colocar un objeto en una mesa de la misma manera como puede ponerlo. Pero existe una razón por la cual el Drae da cinco acepciones para colocar y ninguna lo relaciona con poner (al menos en el sentido de darle una ubicación a un objeto), y es la misma que permite establecer una sutil diferencia entre ver y observar.

Se ve cuando los ojos perciben algo, pero se observa cuando le brindamos especial atención a lo que vemos. Cuando ponemos algo en la mesa simplemente ejercemos la acción de llevarlo con la mano hasta ese lugar y soltarlo allí; cuando lo colocamos estamos siendo más precisos, pues se asume que existe un orden en virtud del cual escogemos el lugar en el que debe ir el objeto. De allí que colocar sea más correcto para describir la acción de hacer que alguien obtenga un empleo, o la de conseguirle compradores a un bien o servicio. Poner y colocar no son entonces propiamente sinónimos, sino dos matices de una acción.

Es por ello que suele cometer muchos errores quien destierra al verbo poner de su léxico. Decir, por ejemplo, “me coloqué la camisa”, es atribuirle al verbo colocar una acción que realmente le corresponde a poner. Nadie puede, tampoco, “colocarse en guardia” ni “colocarse bravo”. A los chicos por nacer no se les coloca un nombre, y cuando van al colegio es absurdo que la maestra les coloque una nota en el cuaderno.

El único pecado del verbo poner es su relación con las aves y otros animales ovíparos. Los niños suelen usar esa relación para hacer sencillos chistes. Alguien se retrasa en el acto de jugar su ficha y uno de los pequeños adversarios le increpa: “Pon”. El aludido responderá (y creerá que es ingenioso, claro): “Ni que fuera gallina”. Visto que en la anatomía de las gallinas se refiere a un área nada heroica, ha sido fácil que el verbo poner terminara enredado en una madeja de pícaros significados, algunos no tan inocentes como el ejemplo mencionado. Y ya se sabe que hay gente que no puede hablar de la erección de una iglesia o de la penetración de nuestros valores sin ruborizarse.

El lenguaje es una escotilla enorme para que otros vean lo que tenemos por dentro. Personalmente prefiero las escotillas sobrias, que me dan una vista clara y transparente, a esas adornadas con cortinas de encaje y borlas. Juan Ramón Jiménez sugería: Donde puedas decir pájaro; no digas ave… Y es que existen diferencias muy notorias entre ser culto y ser cursi.

Una última nota al respecto. Hay quien piensa que unir en una frase dos o más sinónimos de una misma palabra es signo de vasta cultura. En realidad es signo de vasta idiotez. Ríos de agua fría y gélida, zas, qué cultura. Colocar y poner —ambos verbos en la misma frase— es una secuencia vertida por alguien que supone que el vocabulario es para usarlo todo de una vez, de manera que el oyente aprecie la variedad de palabras que se es capaz de usar. Para mayores señas, vean los casos que ofrece una simple búsqueda en Google.

(Ya a punto de terminar esta nota me encuentro con esta otra de Soledad Moliner, que toca el mismo tema y, creo, con más claridad. Vía Pido la palabra.)


En busca de la cultura

Buscador Cultural de Dosdoce.comGoogle Co-op ha puesto en manos del público la posibilidad de crear buscadores temáticos. La mecánica es simple: tome usted un grupo de dominios correspondientes a recursos relacionados y monte su buscador. Si necesitan más luces sobre el sistema pueden revisar esta breve nota de Pixel y Dixel, uno de los que leo cuando ando tecnócrata. O, vamos, sean arriesgados y pruébenlo de una vez.

Es lo que han hecho en Dosdoce.com: han creado un buscador temático que reúne recursos editoriales y literarios del ámbito de habla hispana, de manera que el usuario pueda localizar información sobre estos temas sin tener que enfrentarse a la madeja, muchas veces inmanejable, de un buscador general.

El equipo de Dosdoce.com ha preseleccionado 3.000 editoriales y librerías de toda España y cerca de 150 blogs literarios y medios digitales que habitualmente publican reseñas de libros o elaboran artículos de opinión sobre temas relacionados con el sector del libro. En febrero, se añadirán otros 2.000 sitios web de museos, galerías de arte y blogs culturales a la base de datos de este buscador especializado en el sector cultural.

El buscador admite solicitudes de ingreso. Sitios que publiquen regularmente información sobre el medio editorial o literario pueden pedir ser indexados, para lo cual deberán escribir a redaccion@dosdoce.com precisando el nombre y la dirección del sitio, así como unas breves notas explicativas.

Por cierto que esta mañana, en Comunicación Cultural —el blog de Dosdoce.com—, se anunció la presentación, el próximo martes 23, del agregador cultural, que permitirá a sus usuarios leer reseñas de cincuenta blogs literarios preseleccionados por el equipo de Dosdoce.com. La cosa es a las 10:30 am en el Salón de Actos del Centro Cultural Conde Duque de Madrid.

Por cierto,2 otros buscadores temáticos que quizás les interese probar:

Y si les apetece algo más, pues claro, pueden usar el buscador de buscadores temáticos basados en Google Co-op. 


Negroponte y su portátil de dos millones de dólares

OLPC, One Laptop per ChildSeguramente ya están en Argentina, Brasil, Libia y Nigeria las primeras unidades del portátil de 100 dólares que ha creado el proyecto liderado por Nicholas Negroponte, gurú donde los haya, y en el que participan Google, AMD, Red Hat, News Corp, Brighstar y otras empresas. El fundador del MIT se empeñó en construir un portátil completamente funcional y cuyo costo no rebasara los 100 dólares. Y, bueno, lo logró. El OLPC, One Laptop per Child, es este simpático coso verde con orejas. Si hacen click en la imagen lo verán en detalle.

Un regalo por 100 dólares, sobre todo considerando que la masificación de proyectos como este contribuirían a disminuir brechas tecnológicas que hasta ahora, bajo el imperio de Windows —el OLPC viste Linux—, parecían insalvables. Además es preciso recordar al mismo Negroponte, en Being digital:

Hace poco visité la oficina central de uno de los cinco fabricantes más importantes de circuitos integrados de los Estados Unidos de América. Mientras firmaba el registro de visitantes, me preguntaron si llevaba un ordenador portátil.

—Naturalmente —respondí. 

La recepcionista me preguntó el modelo, el número de serie y su valor.

—Aproximadamente, entre uno y dos millones de dólares —dije.

—Oh, eso es imposible, señor —contestó ella—. Déjeme verlo.

Le enseñé mi viejo Power-Book y ella calculó que valía 2.000 dólares. Apuntó la cantidad y me permitieron entrar en el edificio. La cuestión es que mientras los átomos no valían tanto, los bits no tenían precio.

Y así es. El mundo de posibilidades que se abrirá a los pequeños usuarios de estos portátiles hará que esos 100 dólares se multipliquen infinitas veces.


Librusa regresa

LibrusaLa agencia de noticias literarias Librusa ha regresado después de casi diez meses de inactividad. En enero, José Carvajal anunció su decisión de retomar su carrera literaria, lo que significó el cese de actividades de Librusa. Ayer quienes fuimos suscriptores del servicio de correo electrónico recibimos la invitación a actualizar nuestro perfil en el boletín de la agencia, que ya tiene publicadas en su sitio varias noticias recientes, además de otras correspondientes al período de inactividad. También mantiene parte del material antiguo y sus siempre jugosos especiales.


Millán y Lulu

Lulu.comJosé Antonio Millán empieza el proceso de convertir un archivo de Word en un libro y ofrecerlo a la venta en Lulu, haciendo las pruebas con su libro de relatos Nueve veranos. La experiencia será reproducida en su blog, El futuro del libro —una versión reloaded, y apoyada por Google, de su Blog de libros y bitios— donde ya está la crónica correspondiente al primer paso: tomar la decisión. Millán se muestra en favor de la autoedición como una manera de evitarse dolores de cabeza con correctores y diseñadores:

Recomiendo a cualquiera que cuestione la necesidad de intermediarios en el sector del libro que comience por pensar en los de más bajo nivel: los que se responsabilizan de la limpieza del texto (errores, erratas) y su puesta en página. Para mí, persona con años de experiencia en el sector editorial y en uso de Word, ha sido todo un calvario, y me ha costado varias horas de esfuerzos y consultas, dotar al libro de una caja tipográfica agradable (que no sé si habré conseguido plenamente) y disponer algunas de las características que diferencian a un libro de una pila de A4, por ejemplo: márgenes de impresión (la mancha tipográfica se sitúa en la página teniendo en cuenta por dónde se encuaderna el libro), folio explicativo (esos textos que, normalmente arriba, van diciéndonos el nombre del capítulo o apartado en que estamos), distribución de blancos, etcétera.

No: entre el archivo Word de creación de un autor y el libro compaginado hay un montón de trabajo, que el autoeditor debe poder (y saber) hacer. No me extraña que en el sitio de Lulu aparezcan ofertas de empresas de servicios para estas tareas.

Viniendo de quien viene, esta es una serie de crónicas que habrá que leer con atención.


«« Anteriores •  Siguientes »»