Maletín Literario con olor a pescado
La Dibam de Chile, muy nombrada semanas atrás por su participación en el retorno del legado de Gabriela Mistral a su país, mantiene abierta hasta el miércoles próximo una licitación pública para la adquisición de los libros que conformarán el Maletín Literario 2008, una iniciativa con la que se dotará a 133 mil familias pobres cuyos hijos estudian entre kinder y 4º año de primaria.
Los títulos que incluirá el Maletín fueron escogidos por Hugo Montes, José Miguel Varas, Marta Blanco, Patricia May, Ana María Zurita, Alberto Fuguet, Rafael Gumucio, Benito Baranda, Omar Lara, Felipe Alliende, Viviana García, Jorge Zambra, Elikura Chihuailaf y Enrique Lafourcade. En el paquete irán un diccionario enciclopédico, poesía, narrativa infantil y narrativa para adultos, tanto de autores chilenos como extranjeros. Entre los títulos seleccionados hay de todo: Cien años de soledad, El principito, Robinson Crusoe, El llamado de la selva y hasta comiquitas del calibre de Asterix y Tin Tin.
Hay, también, dos libros de Tim Burton: Los dinosaurios y La melancólica muerte de Chico Ostra. La sola mención del director de cosas tan entrañablemente retorcidas como Edward Scissorhands y Beetle Juice causaría piquiña en padres empeñados en hacer de sus niños unos niños buenos, y la verdad es que me intriga la reacción que producirá en Chile la historia de Carlo, el chico ostra cuyo olor a pescado ocasiona problemas sexuales a su padre, por lo que decide asesinarlo para luego convenir con la madre en tener, esta vez, una niña. Pueden leerlo aquí.

Mientras preparaba la biografía de su célebre padre, Pilar Donoso encontró en un diario unas anotaciones que indicaban la existencia de una novela que había permanecido inédita hasta entonces. Esa es la génesis de La cola de la lagartija, la obra que José Donoso dejó inconclusa, haciendo la salvedad de que,
Manuel Cabesa es una especie de hombre orquesta de la literatura. A principios de este mes no sólo presentó a la mayoría de los ponentes del
Ilán Stavans (en la foto) cuenta
El duque de Rocanegras vivió una vida de ensueño, alimentando su vanidad con el elogio constante —a veces en serio, a veces en broma— que le dedicaba la Caracas de principios del siglo XX. Se llamaba Vito Modesto Franklin y, según Aquiles Nazoa, en su personalidad se concentraban “la elegancia de un Brummel y el mundanismo refinado de un Oscar Wilde”.
Me ha sorprendido gratamente el trabajo que hicieron José Joaquín Ramos y su equipo al confeccionar, para el número 15 de la serie Erídano, la antología 










