La novelista más humilde del mundo

“Foc latent”, de Lluisa ForrelladEs interesante el caso de Lluïsa Forrellad: a los 26 años gana el premio Nadal con Siempre en capilla, desaparece por medio siglo y ahora sorprende al mundo editorial con una novela en catalán: Foc latent, una historia de amor ambientada en la Barcelona de finales del siglo XIX.

Las razones de Forrellad para mantenerse en silencio todo ese tiempo pudieron ser muchas, pero al menos en este reportaje se resumen en dos: se sintió desbordada por las expectativas que se crearon a su alrededor y, por otro lado, se dedicó a vivir la vida.

Dentro de la vida que vivió se encuentra la producción de otras ocho novelas que permanecen inéditas, y que surgieron lentas y titubeantes, pues cada línea se le hacía “floja” a su autora y esto la hacía corregir sus textos una y otra vez. A mi manera de ver, el afán de perfeccionismo y una humildad extrema se conjugaron para mantener a esta escritora lejos de las librerías por tanto tiempo.

Una nota más: alguien debería decirle a la gente de Angle Editorial, el sello que publicó el libro, que mejore el diseño de su sitio en Internet. Casi fue cuestión de suerte que pudiera hallar la imagen de la portada.

29/03/2006

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Consejos de Roberto Bolaño a Antoni García Porta

“Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce”, de Roberto Bolaño y Antoni García PortaEl 15 de septiembre del año pasado, la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, anunció que el premio Café Gijón de Novela había sido ganado por Cazadores de no mundos, del escritor catalán AG Porta, el mismo Antoni García Porta que en los 80 escribió Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce a cuatro manos con nada menos que Roberto Bolaño.

Esta nota de Álvaro Matus cuenta cómo fue el proceso de creación de aquella novela policial, publicada originalmente por Anthropos en 1984 y que ahora ha sido reeditada por Acantilado, para beneplácito de los fanáticos de Bolaño y de los actuales lectores de un García Porta que durante años se había alejado de la literatura.

La idea, de hecho, había sido bosquejada en 1979 por García Porta, con una fiebre de 39 grados a través de la cual hiló unas cincuenta páginas en cinco días. Acababa de conocer a Bolaño y éste se interesó por la historia, en la que se involucró con entusiasmo. En 1981, Bolaño le escribe a García Porta algunos cambios que considera imprescindibles para los protagonistas de la novela:

a) fijarlos más en cierto prototipo que nos permita juegos, guiños al lector; b) aclarar —volver más compleja— la escenografía por la que se mueven; por ejemplo, hacerla definitivamente de serie negra; c) trabajar el personaje femenino y añadir tal vez uno o dos protagonistas más; d) enfocar la novela, tú y yo, como si rodáramos una película de aventuras, permitiéndonos todos los cortes, todos los montajes, etc.; e) profundizar la veta joyceana del personaje central; de hecho, hacer de esto uno de los leitmotivs de la obra; de una manera modesta y en policíaco, hacer con Joyce —o con el Ulises de J. J.— lo que éste hizo con Homero y la Odisea. ¡Claro! ¡La diferencia es grande! Pero puede resultar muy interesante, una especie de dripping polloqueano, la traslación de símbolos y obsesiones joyceanas a una novela rápida, violenta, breve.

Bolaño y García Porta escribirían también el cuento “Diario de bar”, que está incluido en la reedición de Acantilado. Tras la aparición de Consejos…, García Porta ya tenía decidido dejar de escribir. Transitaría su pausa por más de quince años, hasta finales de los 90, cuando empezó a escribir nuevamente tras reducir las horas que le dedicaba a su trabajo en el Departamento de Mercadeo de una editorial de textos educativos. Le hacía caso así a su amigo Roberto Bolaño, quien lo llamaba por teléfono y, al término de cada conversación, le increpaba: “Escribe”.

27/03/2006

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La primera vez

“La primera vez”, de Esther PortaLa periodista española Esther Porta acaba de publicar La primera vez, una recopilación de testimonios sobre uno de los momentos míticos de la sexualidad. Porta reúne relatos de amigos y desconocidos, cuyas experiencias van del clásico desastre al onírico cuento de hadas, que sorprendentemente es el tipo de historia que fue más fácil encontrar, según la autora. Algún testimonio da cuenta de un himeneo sin mucha emoción:

…el día anterior había estado leyendo una revista femenina y, mientras lo hacíamos, estaba pensando en eso, más concretamente en un reportaje donde contaban la última salida de tiendas de Nati Abascal…

El libro incluye una sección con relatos de Ricardo Bada, Manuel Zavala, Anna Girardi, Susana Medina, Nuria Sánchez Prat y Malvisol de Solange, autores de Proscritos.com.

24/01/2006

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Bibliobarra

BibliobarraSi todavía no han descubierto una manera digna y ergonómica de deshacerse de quinientos libros, dense una vuelta por Vestal Design y aprendan a hacer una barra con libros. La de la foto fue construida con un montón de libros que iban a ser desechados por la biblioteca de Stanford. Eso sí, necesitarán un poco más de quinientos.

Vía Deakialli Documental (donde también hay unas interesantísimas fotos de obras artísticas hechas con libros).

23/01/2006

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Un hombre sin pene

Ricardo Chávez CastañedaUn hombre despierta una mañana sin pene y debe iniciar un proceso de adaptación a su nueva situación. Tal es la premisa que usa el mexicano Ricardo Chávez Castañeda en su novela El fin de la pornografía para abordar las múltiples aristas de la sexualidad masculina, con su carga de mitos y prejuicios.

Toda nuestra identidad masculina está basada en el órgano sexual, los hombres caminamos y pensamos con el pene. (…) Me hubiera gustado vivir en un mundo donde esta novela no tuviera que ser escrita, donde el personaje no tuviera tantas similitudes con nosotros, por eso el tono trágico y con todas las connotaciones significativas y simbólicas que tiene esta verdad: la identidad masculina depende de su órgano sexual.

La novela es la primera de la tetralogía Todos los fines, donde Chávez Castañeda pretende esbozar además el fin de la tragedia, el fin de la narrativa y el fin de la guerra, tal como explica en esta entrevista.

19/01/2006

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Telefon

CellYa que Stephen King odia los celulares, que considera herramientas de esclavitud, ha decidido demonizarlos en Cell, novela en la que la gente se vuelve “salvaje, violenta, irracional”, tras recibir cierta llamada en el aparatico de marras.

La historia tiene una premisa similar a Telefon, aquella película protagonizada por Charles Bronson en la que, también, la gente se vuelve salvaje, violenta e irracional tras oír cierta frase a través del teléfono. Claro que en aquella época no había celulares. Algunos recibían el código maligno por medio de esos anticuados teléfonos públicos, ¡de los que usaban monedas!

Me llama la atención la forma como se está promocionando el libro, usando una maquinaria parecida a la que ya estamos acostumbrados a ver cuando se estrena una superproducción cinematográfica: fecha de “estreno”, club VIP para los fanáticos rabiosos, fondos para la pantalla de la computadora y, por supuesto, ringtones. Y una cosa más: en mi editorial de ayer en Letralia 137 escribí sobre literatura en el celular; Cell será el primer libro cuya publicidad se hará a través del celular.

17/01/2006

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La plusvalía ideológica

Ludovico SilvaEn 1970 irrumpió un librito que se ha convertido en uno de los grandes clásicos de la filosofía contemporánea: La plusvalía ideológica. En él, Ludovico Silva establecía puentes de comparación entre los mecanismos industriales y los espirituales:

Muy a grandes rasgos, nuestra hipótesis consistiría en preguntarnos si no es posible, teniendo en cuenta la afirmación de Marx de que las relaciones de producción se reproducen en el plano de la ideología, pensar que, así como en el taller de la producción material capitalista se produce como ingrediente específico la plusvalía, así también en el taller de la producción espiritual dentro del capitalismo se produce una plusvalía ideológica, cuya finalidad es la de fortalecer y enriquecer el capital ideológico del capitalismo; capital que, a su vez, tiene como finalidad proteger y preservar el capital material. (…) La realidad material, que se explicita como estructura social, determina dialécticamente a las formaciones ideológicas. En efecto, se establece un diálogo entre ambas realidades, una indeterminación, pues la ideología puede, a su vez, incidir decisivamente sobre la estructura social.

Al meterse con la ideología, un concepto exclusivamente intelectual, no podía Ludovico dejar que se escapara de su análisis el papel de los intelectuales en el asunto:

El obrero que conscientemente se deja explotar, que produce plusvalía a sabiendas, es, como decía Lenin, la antítesis del revolucionario: pues hay más potencial revolucionario en aquel que es explotado sin saberlo. Así ocurre con artistas e intelectuales dentro del capitalismo.

Ludovico señala la contradicción ideológica del intelectual: por fuera es un capitalista gozoso, pero sostiene que en su interior más profundo se conserva una ideología revolucionaria, que de tan profunda que está permanece impoluta. Los intelectuales que pinta Ludovico aquí no son nada inocentes:

Pertenecen, sin saberlo —pero sabiéndolo un poco más que el hombre medio—, a la ideología capitalista.

Lo más grave, sin embargo, no reside en eso, sino en que tales artistas e intelectuales son los mayores productores de plusvalía ideológica para el sistema.

Algo que se puede notar echando un vistazo a la historia (y, más particularmente, a este gran laboratorio de las confusiones ideológicas que es Venezuela hoy en día), es que ha quedado en evidencia la sobrevivencia del concepto, la plusvalía ideológica, sea cual sea el sistema que rija a los hombres. Los intelectuales son útiles para el poder, independientemente del signo político, para justificar las torceduras que ejerce sobre la historia, y más, sobre el sentido común.

Pueden leer más sobre este libro en este ensayo de Nelson Guzmán.

14/01/2006

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