Internet es ideal para aplanar sin mucho esfuerzo ciertos baches que queden en tu cultura general. Por ejemplo, cómo hacer papel artesanal, o papel reciclado, como quiera que se conozca en una u otra geografía.
Este bache me duró años. Era un adolescente cuando entré por primera vez a la sede de la Escuela Cristóbal Rojas, en Caracas. Iba con un enorme sentimiento de trascendencia, pues allí había estudiado mi papá cuando tenía más o menos mi edad de entonces.
La persona que me acompañaba se dedicó a lo suyo, alguna gestión pendiente según morosamente recuerdo, y yo me puse a curiosear. En un salón encontré a un hombre mayor que yo pero aún bastante joven, ataviado con un enorme delantal pleno de manchas, batiendo un bebedizo extraño en un recipiente gigantesco, casi del tamaño de una bañera. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo: papel artesanal.
—¿Cómo se hace? —le pregunté.
—No puedo decirte. Es un secreto —me respondió, sonrió y siguió batiendo la mezcla.
No es que fuera un conocimiento muy difícil de obtener por otras vías, pero hoy se me ocurrió googlear al respecto y encontré varios sitios donde explican cómo hacerlo. Desde la forma sencilla hasta la forma más cuidadosa, pasando por varios niveles intermedios de dificultad y por subprocedimientos específicos, como la preparación del bastidor.
Al final no era tan interesante la cosa. Ahora intentaré aprender cómo meter una cabeza en una botella.