Las castas de la muerte

Manuel Ramírez Fernández de CórdobaLa presencia de varios médicos en el acto de lectura del Pregón de la Semana Santa en la ciudad de Talavera de la Reina (Toledo), a cargo del periodista y escritor español Manuel Ramírez Fernández de Córdoba, no fue suficiente para evitar la muerte del pregonero.

En efecto, Ramírez Fernández empezó a leer su pregón el pasado viernes, pero no terminó. A mitad de discurso tuvo un desvanecimiento producto de un infarto. Lo cuenta un cable de EFE:

El periodista, de 59 años, estaba ofreciendo un pregón “intimista y bello”, y realizaba un símil entre la Semana Santa de Sevilla y de Talavera de la Reina cuando empezó a marearse, tomó un sorbo de agua, soltó el vaso, volvió a coger el vaso para beber y se sujetó al atril situado en el escenario del Teatro Victoria.

Le conferimos a la muerte un aura de misterio porque no nos es dado comprenderla, y de acuerdo a la forma como se presente hemos construido todo un sistema de castas. Morir mientras se trabaja está entre los más altos escalafones. Morir de viejo, echado en la cama tras una agonía larga y descansada, está bien si el protagonista ha sido un hombre de bien, pero es una muerte inmerecidamente tranquila si fue un culpable. Veo la foto de don Manuel y me cuesta pensar que minutos después sería un objeto inanimado, presto a iniciar el camino de la podredumbre. Uno termina aceptando la cosa medio a regañadientes porque sabe que es el mismo destino que nos espera a todos en un corto, cortísimo (¿veinte, cuarenta años?) tiempo.

27/03/2007

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Ojos de perro morado

Gabriel García MárquezLa farándula literaria ha sacado cuentas y más cuentas por estos días, maravillándose de lo redondos que le han quedado los aniversarios a García Márquez. Cuarenta de esto, veinticinco de aquello, ochenta de lo otro… Y treinta del puñetazo que le dio Vargas Llosa y que le dejó un ojo morado como puede notarse en esta foto. Bueno, no son treinta, sino treinta y uno, pero un año más un año menos…

El incidente ocurrió el 12 de febrero de 1976, y es contado a tres décadas de distancia por Rodrigo Moya, el fotógrafo que inmortalizó el hematoma del Gabo y que ahora ha cedido la imagen a La Jornada:

En una exhibición privada de cine, García Márquez se encontró poco antes del inicio del filme con el escritor peruano. Se dirigió a él con los brazos abierto para el abrazo. ¡Mario..! Fue lo único que alcanzó a decir al saludarlo, porque Vargas Llosa lo recibió con un golpe seco que lo tiró sobre la alfombra con el rostro bañado en sangre. Con una fuerte hemorragia, el ojo cerrado y en estado de shock, Mercedes y amigos del Gabo lo condujeron a su casa en el Pedregal. Se trataba de evitar cualquier escándalo, y el internamiento hospitalario no habría pasado desapercibido. Mercedes me describió el tratamiento de bisteces sobre el ojo, que le había aplicado toda la noche a su vapuleado esposo para absorber la hemorragia. Es que Mario es un celoso estúpido, repitió Mercedes varias veces cuando la sesión fotográfica había devenido charla o chisme.

¿Celoso don Mario? No del Gabo, por cierto, aunque éste fue el que llevó la peor parte. Lean la historia completa —de la que me habló anoche Manuel Lasso en un correo—, que vendría a resolver la poca sustancia que hasta ahora tenía la explicación política del desencuentro entre ambos titanes literarios, y que Moya cierra con mucha gracia:

Guarda las fotos y mándame unas copias, me dijo el Gabo antes de irse. Las guardé 30 años, y ahora que él cumple 80 años, y 40 la primera edición de Cien años de soledad, considero correcta la publicación de este comentario sobre el terrífico encuentro entre dos grandes escritores, uno de izquierda, y otro de contundentes derechazos.

07/03/2007

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Más sobre Felisberto y África

Felisberto HernándezDesde Uruguay me escribe Miguel Leguizamón para indicar algunas inexactitudes en la nota que recientemente publiqué sobre la relación entre Felisberto Hernández y la espía de la KGB, María Luisa de las Heras, o África de las Heras, como también se la conocía. Transcribo íntegra la carta de Leguizamón para evitar que mi despiste habitual se lleve por delante algún dato:

Primero que nada, felicitaciones por tu página, es un refugio de la cultura.

Te escribo, ya que vivo en Uruguay desde hace muchos años y he conocido a varias personas que tuvieron amistad con Felisberto Hernández.
Personas que se mencionan con sus nombres reales en el magnífico libro de Raúl Vallarino, Nombre clave: Patria; Walter Rela, Juan Fló, Luis Carlos Benvenuto, entre otros que aún viven en Uruguay.

En la nota de La Nación, escrita por Alicia Dujovne, hay varios errores que se transcriben en tu página.

Por ejemplo, quien descubre a la espía es la publicación CAMBIO 16 de España, en su número del 6 de noviembre de 1995, que a su vez basa su investigación en el libro de Pavel Sudoplatov publicado en 1994 Operaciones especiales. Luego el 8 de marzo de 1988, es el diario El País de Madrid quien aporta más datos de la española. No fue un periodista uruguayo el que descubrió todo, él se basó en esas notas periodisticas y en el libro de Sudoplatov.

Otro error, fácilmente comprobable con Luis Carlos Benvenuto, quien tenía 20 años y estaba en París con Felisberto, es que África y Hernández se conocieron en la conferencia que dio el escritor uruguayo junto a Supervielle en La Sorbona y no en el Pen Club.

Otro error que se escribe en La Nación refiere al general Alexander Orlov, donde se dice que luego de su defección estuvo en México. No fue así y lo corrobora Sudoplatov. Orlov salió huyendo de las represalias soviéticas directo desde España a Estados Unidos; pasar por México era un riesgo innecesario. Allí podrían atraparlo.

Sería interesante que te conectaras con Raúl Vallarino, si te parece, ya que su investigación está corroborada por personas que viven en Uruguay y que conocieron a Felisberto y a Patria.

Nuevamente felicitaciones por tu página y adelante.

Miguel Leguizamón

05/03/2007

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La espía que me amó

María Luisa de las HerasEn 1948 el escritor uruguayo Felisberto Hernández se casó con la española María Luisa de las Heras, a quien había conocido en diciembre del 47 en París, durante una reunión del Pen Club. El matrimonio duraría apenas dos años, probablemente porque estaba sustentado sobre un secreto del que, se ha llegado a especular, quizás ni el mismo autor de La casa inundada estaría enterado: María Luisa era, en realidad, una espía de la KGB.

La Nación ha publicado hoy este detallado reportaje sobre el tema, firmado por Alicia Dujovne Ortiz, quien se basa en los datos de Fernando Barreiro, el investigador que en 1998 descubrió la vida secreta de María Luisa de las Heras —también conocida como África de las Heras, Patria, María de la Sierra, Ivonne o María Pavlovna—, cuyo matrimonio con el escritor era parte de una misión. Para la época en que se conocieron, ya María Luisa había participado en los planes para asesinar a Trotsky y ostentaba el rango de coronel tras lanzarse en paracaídas en Ucrania, munida de un equipo de telecomunicaciones para confundir a las tropas alemanas durante la segunda guerra mundial.

“María Luisa” y Felisberto se casaron en Montevideo y no fueron felices. Él había visto en esa supuesta modista de alta costura una solución a sus endémicos problemas económicos. Ella, ya lo sabemos. Transcurridos dos años, África no necesitó prolongar la farsa. Para ese entonces ya estaba relacionada con la flor y nata del Uruguay. Su centro de radiocomunicaciones equipado con la famosa máquina decodificadora llamada Enigma transmitía en clave a lo largo y lo ancho del planeta. Sus numerosos amigos de Montevideo apreciaban su serenidad, su amor por los niños, sonreían enternecidos ante su declarada ignorancia en materia política y la compadecían por soportar al gordo maniático en que Felisberto se había convertido. Ahora podía divorciarse y volverse a casar. Única diferencia: su segundo marido, el simpático italiano Valentino Marchetti, también era un espía.

¿Llegó Felisberto alguna vez a enterarse de la doble vida de su esposa? Difícil tener una certeza al respecto. Dujovne comenta algunos indicios que se encuentran en textos de Felisberto: alusiones a misiones secretas, cosas que deben ser denunciadas, misterios que han de ser violados y, muy importante, Álex, el criado ruso de Las hortensias, que declara hallar parecido físico entre una muñeca rubia de Horacio, su jefe, y “una espía que conocí en la guerra”.

Cierto, da para una película, aunque hasta ahora sólo se ha escrito un libro al respecto: Nombre clave: Patria, una espía del KGB en Uruguay, de Raúl Vallarino. Crónica novelada de la intensa vida de María Luisa —quien sobrevivió a guerras calientes y frías y murió en 1988, condecorada dos veces con la Estrella Roja—, el libro fue presentado a finales de enero y tiene un blog (por ahora con una única nota de promoción) donde se puede conocer la opinión de varios lectores.

11/02/2007

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Freddy Lugo, un hombre normal

Freddy Lugo 

Freddy Lugo es un taxista de 65 años que ha perdido algunos dientes, tiene problemas cardíacos y evita meterse en política. Por otro lado, Freddy Lugo es uno de los dos hombres que el 6 de octubre de 1976 bajaron de un avión de Cubana de Aviación en Barbados —donde la aeronave hacía escala antes de llegar a La Habana— dejando adentro un tubo de pasta Colgate repleto de C4 que provocaría la muerte de 73 personas.

El periodista Simón Romero consiguió a Lugo en Caracas y lo entrevistó para The New York Times. Lugo, quien antes del atentado trabajaba como reportero gráfico, cumplió una condena de 17 años y fue liberado en 1993. Actualmente trata de mantenerse en el anonimato y asegura tener la conciencia limpia. El entrevistador, sin embargo, no deja de deslizar alguna gota de sarcasmo.

No hay muchos sitios donde se pueda uno topar en la calle con un hombre condenado por la explosión de un avión comercial en la que murieron 73 personas. Esta ciudad, hogar de Freddy Lugo, es uno de ellos.

¿Conciencia limpia? Cuando Romero intenta profundizar en este punto, Lugo se deslastra de responsabilidades.

Consultado sobre si siente remordimientos por la muerte de 73 personas, incluyendo varios jóvenes del equipo de esgrima de Cuba, el señor Lugo responde que no. Explica, de una manera algo críptica, que él fue manipulado en un acto que estaba más allá de su control. “Soy un hombre normal”, dice. “Soy inocente”.

Lugo fue reclutado para el crimen por Hernán Ricardo Lozano, de cuyo paradero, advierte, nada se sabe en la actualidad. La pareja cobró 16.000 dólares que se dividieron en partes iguales. Al día siguiente del hecho, el 7 de octubre, ambos serían arrestados en Barbados, después de haber estado un rato en la Embajada de Estados Unidos y de haber llamado por teléfono a Luis Posada Carriles y a Orlando Bosch.

“Ahora vivo tranquilo y tengo la conciencia limpia”, repite Lugo a pesar de todo.

04/02/2007

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Pamuk y las encuestas

Orhan PamukEl escritor Orhan Pamuk recibirá este domingo el premio Nobel, por lo que el diario turco Milliyet publicó esta semana una encuesta del Instituto A&G según la cual Pamuk tiene suerte de que la Academia Sueca no esté llena de turcos. Alrededor de 40% de los compatriotas del escritor opinan que no debió concedérsele el premio, dado que en su selección privaron —a juicio de los consultados— razones políticas. La encuesta arroja un 20% a favor de Pamuk y otro 40% que prefirió pasar por debajo de la mesa.

Alguien con un dejo de suspicacia podría sumar el 40% en contra de Pamuk y el 40% que no opinó y decir, calculadora en mano, que 80% de los encuestados estuvo en contra de Pamuk. Pero algún entusiasta lector-fan podría en ese caso aducir fácilmente que el 40% que no opinó, más el 20% que opinó a favor, equivale a un 60% de encuestados que no creen que la concesión del premio a Pamuk tuvo causas políticas. Es el problema de los numeritos, que bien tratados pueden satisfacer a cualquiera.

Ya se sabe que Pamuk no es profeta en su tierra. Por fortuna, dirá él el domingo, cuando —al margen de cualquier encuesta— tendrá en sus manos la medalla de oro, el diploma y, por supuesto, el cochino dinero.

07/12/2006

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La noche de Ficción

Alberto Barrera Tyszka, Oscar Marcano, Antonio López Ortega y Federico Vegas 

Como pude me le escapé al trabajo este miércoles y llegué —eso sí, en la rayita, retardado pero bajo el amparo de la hora veneca— al sarao de los siete años de Ficción Breve. Héctor se despachó al principio unas breves palabras en las que habló de la historia de Ficción, sitio que con toda justicia fue reconocido poco más adelante, por Oscar Marcano, como el archivo de nuestra narrativa.

Luego se procedió al recital de lujo de la noche. Federico Vegas leyó un cuento sobre la primera noche de Freddy Mercury en Venezuela, en 1981, en aquel concierto de Queen de una tanda que originalmente debía ser de tres, pero que fue suspendida por la muerte de Rómulo Betancourt, acaecida al día siguiente y que motivó duelo nacional. Le siguió Antonio López Ortega con varios cuentos breves, bastante intimistas. Oscar Marcano leyó un par de capítulos de Puntos de sutura, la novela con la que el año pasado quedó entre los finalistas del Herralde. Y por último el ganador del Herralde de este año, Alberto Barrera Tyszka, ofrendó a la concurrencia con un regalo invaluable: un capítulo de La enfermedad.

Hubo bonus track, pues Marcano le insistió a Vegas para que leyera un cuento de El borrador, y el autor de Falke obviamente no se hizo de rogar, por lo que fue el responsable de carcajadas —y otras emociones— al inicio y al cierre del evento.

Todo sarao debe terminar con un brindis, y así fue. Aquí abajo, Manuel Llorens, Héctor Torres, Daniel Pradilla y este servidor. Gallina negra el que se lo perdió.

Manuel Llorens, Héctor Torres, Daniel Pradilla y Jorge Gómez Jiménez 

17/11/2006

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