Como ya les había comentado, Después del fin de los libros es el título de la ponencia que leí este fin de semana en el Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, en San Cristóbal. En ella hablo un poco de los vaticinios literario-tecnológicos de Robert Coover, ese reconocido escritor estadounidense que en 1992 hablaba del “fin de los libros” en aquel artículo en The New York Times en el que alababa las virtudes del hipertexto como elemento renovador de la creación literaria. Luego explico un poco las relaciones entre hipertexto y literatura a la luz de las circunstancias contemporáneas —desde Coover hasta hoy han pasado casi veinte años— y termino con algunas reflexiones sobre lo que podría ocurrir después del temible fin de los libros.
Como suele sucederme, apenas empecé a escribir las líneas fluyeron mucho más allá del máximo estipulado en las condiciones del encuentro, así que tuve que leer una versión un poco mocha en la que se omite buena parte de la sustancia del texto. Así que he puesto el artículo completo en mi página personal. Pueden llegar desde aquí y, una vez que vean esa foto milenaria —me la tomé con la primera cámara digital que tuve en mis manos, a finales de los 90—, haciendo click sobre el enlace “Ensayo” y luego sobre “El escritor ante la especie”, verán a la derecha, encabezando el índice, el enlace a la ponencia. Claro que también pueden entrar directamente; la descripción de todos esos complicados pasos es una forma de recordarme a mí mismo que debo rehacer mi página personal, tarea que vengo postergando, como verán, desde hace años.
Regresé ayer de San Cristóbal, todavía con el entusiasmo vivo del XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, evento que por sus particulares características integradoras merece el mayor de los aplausos para quienes año a año lo impulsan desde ambos lados de la frontera, agrupados en las asociaciones de escritores del estado Táchira y del departamento Norte de Santander, equipos que acertadamente dirigen el venezolano Luis José Oropeza y el colombiano Ciro Pérez.
Esta edición tuvo un significado especial a causa de la grave situación que se vive en aquellos lares. Política, seguridad pública, terrorismo y estrechez mental han convertido a la frontera en una especie de nuevo viejo oeste. Apenas días antes del inicio del encuentro, un tiroteo dejó como triste saldo la muerte del dueño de un comercio al que estaban atracando, y la de un transeúnte que simplemente pasaba por allí. Y como seguramente ya saben, dos guardias nacionales cayeron ayer lunes, agriando más las cosas entre los gobiernos de Colombia y Venezuela y, lo que es peor, entre el gobierno nacional de Venezuela y el gobierno regional del Táchira, dirigido por el opositor César Pérez Vivas.
Todo esto tuvo su peso en el desarrollo del encuentro, principalmente del lado colombiano, de donde el primer día sólo once escritores habían podido llegar a San Cristóbal, y alguno más en los días posteriores. La ausencia de Ciro y de otros tantos grandes amigos de este país hermano se sintió muchísimo y originó no pocas discusiones, formales e informales, sobre el estado actual de las relaciones diplomáticas entre ambos países, terreno en el que los políticos —como siempre— ponen torta tras torta.
La tristeza, sin embargo, no pudo hospedarse entre los asistentes al evento. Actividades en Colón, Rubio y San Cristóbal, recitales en la Universidad de los Andes, en el Museo de Artes Visuales y del Espacio y en el Ateneo del Táchira, y ponencias en la Biblioteca Pública Central Leonardo Ruiz Pineda —donde tomamos esta foto familiar—, fortalecieron el afecto fraterno entre los escritores de Colombia y Venezuela, quienes se despidieron la tarde del domingo con la seguridad de que en unos meses celebrarán en Cúcuta un nuevo encuentro.
Esta noche se inaugura en San Cristóbal, Táchira, el XVII Encuentro de Escritores Colombo Venezolano, que reúne a escritores de ambos lados de la frontera, un año en esta ciudad venezolana, otro año en Cúcuta. Me voy por tierra y el viaje es largo, así que no podré asistir a la inauguración, pero mañana estaré temprano en tierras tachirenses. Allá tendré nuevamente oportunidad de pasar un buen rato con amigos entrañables que hacen de esta cita anual un verdadero festejo de la fraternidad y la literatura. Me llevo algunos cuentos y poemas para compartir con ellos —mañana, llegando, salto a Colón invitado por el equipo de mi amigo Alexander Moncada— y, además, una ponencia sobre el pasado, presente y futuro del libro digital, llamada “Después del fin de los libros”, que a mi regreso publicaré por aquí.
Así que ya saben, pórtense mal. La foto, antes de irme, es de hace dos años, durante la 15ª edición de este encuentro.
Impresionante la plantilla de ponentes que ha logrado reunir el Gremio de Editores de Cataluña en su Fórum Atlántida. Cinco autores de diversas nacionalidades agrupados en conferencias moderadas por cinco editores catalanes. Los duetos de lujo están compuestos por el francés Roger Chartier y Francisco Rico, el belga Antoine Compagnon y Jaume Vallcorba, el italiano Claudio Magris y Pere Gimferrer, el chileno Jorge Edwards y Daniel Fernández y el italiano Roberto Calasso y Jorge Herralde.
El Fórum Atlántida ha sido concebido como un encuentro sobre editores y editoriales, con especial énfasis en el peso del editor en la sociedad y con la idea de mantener a Barcelona como referencia mundial en el medio. La información disponible indica que se hará más de una vez, aunque no aclara cada cuánto tiempo:
En esta primera edición el tema de reflexión sobre el que gira el Fórum es el papel de la edición en la configuración de la cultura occidental. ¿Qué papel juega la sistematización de la edición en la evolución de la cultura? ¿Qué cambios se han dado desde que la transmisión oral ha dado paso a la transmisión escrita y sobre todo desde la tecnificación del proceso? ¿Hubiera sido posible el gran avance científico, tecnológico y de pensamiento de los últimos 500 años sin el libro?
Parecieran retóricas estas preguntas —especialmente la última—, pero es obvio que son tópicos inflamables, puestos allí para hacer que los invitados hablen de sus ideas al respecto durante la hora y media que durará cada sesión y dejen al público con ganas de más.
El Fórum Atlántida se realizará el 2 y 3 de noviembre en el Auditorio de La Pedrera, de Caixa Catalunya, ubicada en el Passeig de Gràcia, 92, en Barcelona. La entrada es gratuita (y yo tan lejos), aunque como los cupos son limitados se recomienda reservar.
“Para mí la poesía es un acto, una labor de existencia. No puedo excluir el sentimiento de compartir la poesía con otros, con el otro”, había dicho el poeta Silva Estrada en 2005, cuando se anunció la realización de la que sería la última Semana Internacional de la Poesía de Caracas, celebrada en su homenaje. Una de las firmas renovadoras de la poesía venezolana, el poeta murió esta madrugada a los 76 años.
Hace más de treinta años Juan Liscano calificaba su obra en estos términos:
Silva Estrada se ha servido de la reiteración –de giros e imágenes– para desarrollar muchos de sus poemas, los cuales se van así ensanchando, tomando cada vez más impulso en un leit-motiv determinado, agotando finalmente éste y alcanzando a cerrar el círculo expresivo. Poesía mental, capaz de abstracción pero también impulsada por la angustia existencial y un lirismo interior.
El sábado cerramos el 1010 hablando de Letralia, literatura, edición, tecnología y demás temas divinos y humanos, algo de lo cual puede verse en el video de aquí arriba. Héctor y Daniel hicieron sendas presentaciones de mí y de mi trabajo que brillaron por su amabilidad. No puedo dejar de destacar aquí que a los tres nos une un sentimiento de fraternidad que se ha venido cultivando a lo largo de más de diez años de ver juntos las mutaciones del medio, hacer extraños experimentos –afortunadamente exitosos en su mayoría–, revolver aguas y analizar tendencias, además, claro, de reunirnos para disfrutar, de cuando en cuando y en persona, de eso que el otro día identificara Triunfo Arciniegas como lo mejor de la literatura: el delicioso placer de la amistad.
El cierre del 1010 fue para mí precisamente eso, el reencuentro con varios amigos. Llegandito me tropecé con Carlos Villarino –compañero de recital en la Semana de la Narrativa Urbana de 2006–, nos fuimos a tomar un café y en eso llegó Gabriel Payares. Mientras veíamos cómo se acababa con malos pasos el sueño de la Vinotinto de ir al Mundial de 2010, aprovechamos de hablar de proyectos y buenas letras. Ya en el Centro Cultural Chacao vi –por primera vez en varios años de correos que han ido fomentando nuestra amistad– a Joaquín Ferrer, quien además de escritor es fotógrafo, algo muy conveniente pues, llegado el momento de pasar al escenario, le pedí el favor de tomar las fotografías que registran el evento, y que ya pueden verse en la página de la revista en Facebook (es preciso estar registrado para acceder a ellas).
Allá vi a Pedro Enrique Rodríguez, quien tiene una buena noticia en ciernes, y a sus chicas Alejandra y Emiliana; a Angélica, quien ocupada de la cámara me vio durante todo el evento pero sólo pudimos saludarnos al final; a Lennis, generalmente incansable pero esa noche cansada después de media semana de correcorre; a Salvador Fleján y a Carla Cordero, a quienes agradezco la amabilidad de esa noche; al siempre explosivo Arnaldo Valero y a Carla Durán, quienes llegaron directamente desde Mérida, esa ciudad que me es tan entrañable; a Enza García Arreaza, que aseguró me enviará pronto unos textos inéditos para Letralia (lo pongo aquí para insistir en ese compromiso); a Luis Barrera Linares y a Carlos Sandoval, con quienes me hubiera gustado conversar un poco más –pero ya se sabe cómo es la dinámica de las reuniones–, y a Susana Sussmann y Carlos Rosi, amigos muy queridos con quienes compartí la alegría de su bebé por venir.
También a algunos a quienes no conocía personalmente, como Gisela Kozak –nuestra guía en la noche caraqueña a lo largo de unas ocho cuadras–, Paola Romero –grata e intensa conversa borgiana tuvimos–, Ana María Velázquez –poesía y mitología–, Astrid Lander –a quien leo con atención y sé que lo seguiré haciendo–, Mary Rodríguez Herrera –quien tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar de sus Poemas guardados–, Ricardo Ramírez Requena, Blanca Rivero, Ximena Sequera, y a los homenajeados de la noche, José Sánchez Lecuna y Norberto José Olivar, finalista y ganador, respectivamente, del Premio de la Crítica a la Novela del Año 2008. (De seguro he olvidado a alguien, mis disculpas de antemano).
Como siempre, la reunión después de la reunión fue lo mejor de la noche: con varios de estos amigos pasamos algunas horas para rendirle tributo a ese delicioso placer del que ya escribí más arriba. Novela histórica, los jurados y sus decisiones, periodistas escribiendo novelas, profesores aburridos y otros no tanto, y la poesía de Bud Spencer, fueron algunos de los temas por los que nos paseamos, aparte de un comentario de Gabriel sobre algo que tenía que ver con Juan Liscano, y que la algarabía general no le permitió completar nunca, dejándome con la intriga. Aquí, impunemente robadas del Facebook de Ximena, cuatro fotos de ese posmomento:
Enza García Arreaza, Paola Romero, Ximena Sequera y Carla Cordero, sonrientes y con rima.
Salvador Fleján y Rosalba Méndez, conmigo en el medio.
Allá a lo lejos, Carla Durán; con el dedo acusador, Arnaldo Valero; Gisela Kozak, Ricardo Ramírez Requena y Blanca Rivero.
Mi poemario inédito Los temblores del mundo obtuvo el tercer lugar en el Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”, versión Poesía, convocado por la Sociedad Venezolana de Arte Internacional que preside Milagros Hernández Chiliberti. El jurado, cuyos miembros aún no han sido revelados, se reunió ayer en Maracay y concedió el primer premio al reconocido escritor peruano Carlos Garrido Chalén por Un ángel en el Edén, mientras que el segundo se lo llevó el cubano Pepe Sánchez por Piratas en el alma.
La estructura general de Los temblores del mundo está lista desde 2003, aunque le he venido haciendo algunas modificaciones con los años. La versión que está en mi página personal no es igual a la que envié al concurso, pero se le parece bastante y los invito a echarle un ojo. Como se anuncia en la portada, el libro contiene una cincuentena de poemas agrupados en tres secciones: “Los temblores”, donde el amante declara su amor a la amada ausente; “El mundo”, donde la amada es descrita en la plenitud de su íntima geografía, y “Los temblores del mundo”, donde el amor se consuma maravillando y torturando, simultáneamente, a los amantes.
El premio, además de los tres primeros lugares, concedió veinte menciones honrosas. Los otros venezolanos incluidos en la lista de ganadores son Hilmar de Constant, Alberto José Pérez,Carmen Cristina Wolf, Gladys Revilla Pérez. Juan Vizcaino Nájera y Luis Gilberto Caraballo.