Domingo de alarmas

“Alarmas” en los Domingos de Ficción de Prodavinci

La web de Prodavinci mantiene desde septiembre del año pasado la sección Domingos de Ficción, en la que publica relatos de destacadas firmas venezolanas. Rodrigo Blanco Calderón, Alberto Barrera Tyszka, Salvador Fleján, Antonio López Ortega, Carolina Lozada o Gisela Kozak Rovero son algunos de los autores que semana a semana han venido apareciendo en esta sección. Voces disímiles en estilo, edad y enfoque, unidas sólo por la calidad de sus textos y por el sofoco común de esta Tierra de Gracia. En diciembre había terminado, con tres textos de Gisela, la primera temporada de la sección.

Pues bien, hoy me honra compartir espacios con semejantes compañeros de viaje. El cuento que Prodavinci amablemente escogió para incluirme como primera entrega de su segunda temporada ha sido “Alarmas”, del que ya les hablé en alguna ocasión, y muy oportuno, por cierto, en vísperas del Día de la Mujer.

07/03/2010

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Relatos microscópicos

El boom del microrrelatoMañana estaremos Manuel Cabesa y yo en el Instituto Pedagógico Rural El Mácaro, uno de los centros universitarios más importantes de Venezuela —un semillero de formadores fundado hace ya más de setenta años—, invitados por la Coordinación de Lengua y Literatura para hablar sobre el microrrelato. “El boom del microrrelato” es el nombre que le han puesto a este foro en el que Manuel y yo, estoy seguro, hablaremos de un boom quizás demasiado dilatado, pues ha estado explotando desde que el hombre empezó a hacer literatura. Y quizás antes, si nos ponemos un pelo dialécticos.

No hay manera de pensar en este tema sin recordar el dinosaurio de Monterroso, pero allá hablaremos también de la construcción de una historia con sólo sus elementos esenciales, algunos autores del pasado pasadísimo y del presente, y las borrosas líneas limítrofes que produce la manía de los estudiosos de asignarle etiquetas a todo. Supongo que será un foro breve, ¿no? Como aquel de Carlos Iturra:

Congreso Mundial

Se organizó una vez un recital planetario de micro cuentos, pero para que estuviese en proporción al tema fue siendo reducido poco a poco hasta volverse microrrecital: un solo microcuentista leyó solo un micro cuento de una sola línea frente a un solo espectador, que con una sola mano dio un solo aplauso. Los organizadores declararon después que fue “todo un micro éxito”.

Quedan todos invitados. La cosa es en el salón de usos múltiples de El Mácaro (a la salida de Turmero) a las 9 de la mañana.

04/03/2010

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Sergio Olguín contra el desierto

Sergio Olguín recibe el premio Tusquets Editores de Novela de manos de Beatriz de Moura

Ayer fue entregado en la Feria de Guadalajara el Tusquets Editores de Novela, un premio difícil que había sido declarado desierto en dos de sus cuatro anteriores ediciones, la última de ellas el año pasado, y que en esta ocasión recayó sobre el argentino Sergio Olguín. El Tusquets repitió jurado, con el vehemente Juan Marsé a la cabeza, acompañado por Almudena Grandes, Jorge Edwards, Élmer Mendoza y, en representación de la editorial, Beatriz de Moura, quien aparece en la foto entregando a Olguín la estatuilla diseñada por Joaquín Camps. Por la sonrisa de Olguín, es de suponer que el cheque de 30.000 euros fuertes ya estaba en su bolsillo.

Olguín, un bonaerense de 42 años, se une en la accidentada plantilla de ganadores del Tusquets al colombiano Evelio Rosero (Los ejércitos, 2006) y al mexicano Élmer Mendoza (Balas de plata, 2007). Fundó y dirigió por nueve años, hasta 1999, la revista V de Vian, y fue fundador de la revista de crítica cinematográfica El Amante. La nota de la FIL resume parte de la rueda de prensa en la que se entregó ayer el premio:

Olguín, quien se hizo acreedor a treinta mil euros y una estatuilla de bronce diseñada por Joaquín Camps, explicó que Oscura monótona sangre es, precisamente, “una novela oscura, una novela negra” que, agregó en tono de broma, “busca ser un plagio absoluto a Simenon”. Sobre la relación de sus trabajos periodístico y literario, indicó: “Soy una persona que no se conforma con un solo oficio”. En el libro, de acuerdo con el acta del jurado, se narra la historia de “un hombre ejemplar hecho a sí mismo, dispuesto, no obstante, a traspasar todos los límites por una relación inconfesable”.

Oscura monótona sangre es el título de la novela ganadora, que obtuvo el favor del jurado —por mayoría, como se indica en el veredicto— gracias a “la sabia estructura y la magnífica resolución de una trama de obsesión y doble moral, de pasión y conflicto social”:

Camino de su empresa en las afueras de Buenos Aires, a Julio Andrada le gustar tomar todas las mañanas, si va solo, la avenida Amancio Alcorta, porque se adentra por barrios humildes que le recuerdan su procedencia, y, sobre todo, le devuelven la medida exacta de su éxito y su ascenso social. Un día, en una comida azarosa, Julio no puede evitar oír la conversación y las bromas de unos camioneros sobre el mercado sexual en uno de los barrios próximos a su trayecto habitual. Como dirá él mismo, ese día será el principio del fin. Guiado casi por una pulsión incógnita, Andrada se sorprenderá a sí mismo acudiendo al atardecer en coche, y contratando los servicios de Daiana, una adolescente que le provocará un borbotón incontenible de deseo. El vecino y empresario modélico, presidente de su comunidad, preocupado por la buena imagen de su familia, organiza con aplomo y fría inteligencia su doble vida. Pero poco a poco la situación precisa de decisiones rápidas, y de comportamientos cada vez más resolutivos y comprometidos.

La novela finalista de esta edición ha sido Cuadrante Las Planas, del bilbaíno de 44 años Willy Uribe —quien recibe 10.000 euros—, la historia de un hijo de emigrantes vascos que vive en “un lugar perdido en los desiertos de Suramérica” y que de pronto se ve forzado a regresar a la tierra de sus mayores.

02/12/2009

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Gamoneda y ese hecho existencial que es la poesía

Antonio Gamoneda

Ana María Hernández entrevistó a Antonio Gamoneda durante su reciente visita a Venezuela. Una entrevista breve pero gustosa, a corazón abierto, con algunas señas interesantes sobre la relación del poeta con su poesía y con el mundo exterior, específicamente con el mundillo literario, al que se siente ajeno pues se considera nada más “un poeta provinciano”. Habla de cómo su obra se transformó al llegar la democracia a España, tras un período de baja producción personal que incubaba, sin él saberlo, el germen de esa transformación.

—¿Qué es ese pensamiento poético?

—Lo entiendo como el lenguaje interior que, en mi caso, registró una rítmica distinta, una manera de dirigirme hacia una semántica desconocida, una significación que antes era más deliberada aunque no puro automatismo. Y eso, más toda la vida de esos 15 años, dieron como resultado un giro en el lenguaje poético fuerte.

—¿Hubo síntomas?

—Ocurre que la poesía no me interesa como palabra ornamentada. Me interesa más como un hecho existencial, con el mismo peso de realidad y vida que pueden tener otros aspectos. Los años habían pasado, la existencia me había cargado de sentidos y de contenidos nuevos y eso, más algo intuitivo, habían cambiado todo.

Tiene además la entrevista algunas chispas de franqueza. Gamoneda dice desconocer toda la poesía venezolana o latinoamericana (”Sí era buen amigo de Eugenio Montejo”, acota) y se queja del factor mercantil implícito en la cultura. Termina lamentando que ahora no puede dedicarle a la poesía, a ese hecho existencial, el tiempo que quisiera.

—¿Qué lee actualmente?

—Hace tres años que no leo un libro entero. O estoy viajando o a las 3 de la mañana estoy preparando una conferencia. Es exagerado, pero es así. Tengo una carpeta con papeles garabateados que no sé si son algo o nada. He terminado de escribir hace medio año un libro de memorias de infancia. Proyectos tengo, pero no son más que eso.

Los más acuciosos recordarán en estas palabras aquel breve ejercicio de imaginación escrito por Bioy Casares: “El caso de los viejitos voladores”. Un tipo investiga la aparición recurrente de ciertos ancianos en los vuelos internacionales, y descubre que se trata de “las glorias de nuestra literatura”, famosísimos escritores que viajan de un lado a otro para recibir premios, malqueridos por los jóvenes precisamente porque acaparan todos los premios y porque les impiden una mayor presencia en los medios. Una breve entrevista a uno de estos ancianos revela que ellos tampoco están a gusto con eso de ser “glorias de nuestra literatura”.

—La situación debe de ser muy dolorosa para los jóvenes.

—Dolorosa, ¿por qué? Cuando nos premian, pasamos unos días sonseando vanidosamente. Nos cansamos. Por un tiempo considerable no escribimos. Si los jóvenes tuvieran un poco de sentido de la oportunidad, llevarían en nuestra ausencia sus colaboraciones a los periódicos y por malas que sean tendrían siquiera una remota posibilidad de que se las aceptaran. Eso no es todo. Con estos premios el trabajo se nos atrasa y no llevamos en fecha el libro al editor. Otro claro que el joven despabilado puede aprovechar para colocar su mamotreto. Y todavía guardo en la manga otro regalo para los jóvenes, pero mejor no hablar, para que la impaciencia no los carcoma.

—A mí puede decirme cualquier cosa.

—Bueno, se lo digo: ya me dieron cinco o seis premios. Si continúan con este ritmo ¿usted cree que voy a sobrevivir? Desde ya le participo que no. ¿Usted sabe cómo le sacan la frisa al premiado? Creo que no me quedan fuerzas para aguantar otro premio.

21/11/2009

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Después del fin de los libros

Después del fin de los librosComo ya les había comentado, Después del fin de los libros es el título de la ponencia que leí este fin de semana en el Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, en San Cristóbal. En ella hablo un poco de los vaticinios literario-tecnológicos de Robert Coover, ese reconocido escritor estadounidense que en 1992 hablaba del “fin de los libros” en aquel artículo en The New York Times en el que alababa las virtudes del hipertexto como elemento renovador de la creación literaria. Luego explico un poco las relaciones entre hipertexto y literatura a la luz de las circunstancias contemporáneas —desde Coover hasta hoy han pasado casi veinte años— y termino con algunas reflexiones sobre lo que podría ocurrir después del temible fin de los libros.

Como suele sucederme, apenas empecé a escribir las líneas fluyeron mucho más allá del máximo estipulado en las condiciones del encuentro, así que tuve que leer una versión un poco mocha en la que se omite buena parte de la sustancia del texto. Así que he puesto el artículo completo en mi página personal. Pueden llegar desde aquí y, una vez que vean esa foto milenaria —me la tomé con la primera cámara digital que tuve en mis manos, a finales de los 90—, haciendo click sobre el enlace “Ensayo” y luego sobre “El escritor ante la especie”, verán a la derecha, encabezando el índice, el enlace a la ponencia. Claro que también pueden entrar directamente; la descripción de todos esos complicados pasos es una forma de recordarme a mí mismo que debo rehacer mi página personal, tarea que vengo postergando, como verán, desde hace años.

05/11/2009

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San Cristóbal sin fronteras

XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores

Regresé ayer de San Cristóbal, todavía con el entusiasmo vivo del XVII Encuentro Colombo-Venezolano de Escritores, evento que por sus particulares características integradoras merece el mayor de los aplausos para quienes año a año lo impulsan desde ambos lados de la frontera, agrupados en las asociaciones de escritores del estado Táchira y del departamento Norte de Santander, equipos que acertadamente dirigen el venezolano Luis José Oropeza y el colombiano Ciro Pérez.

Esta edición tuvo un significado especial a causa de la grave situación que se vive en aquellos lares. Política, seguridad pública, terrorismo y estrechez mental han convertido a la frontera en una especie de nuevo viejo oeste. Apenas días antes del inicio del encuentro, un tiroteo dejó como triste saldo la muerte del dueño de un comercio al que estaban atracando, y la de un transeúnte que simplemente pasaba por allí. Y como seguramente ya saben, dos guardias nacionales cayeron ayer lunes, agriando más las cosas entre los gobiernos de Colombia y Venezuela y, lo que es peor, entre el gobierno nacional de Venezuela y el gobierno regional del Táchira, dirigido por el opositor César Pérez Vivas.

Todo esto tuvo su peso en el desarrollo del encuentro, principalmente del lado colombiano, de donde el primer día sólo once escritores habían podido llegar a San Cristóbal, y alguno más en los días posteriores. La ausencia de Ciro y de otros tantos grandes amigos de este país hermano se sintió muchísimo y originó no pocas discusiones, formales e informales, sobre el estado actual de las relaciones diplomáticas entre ambos países, terreno en el que los políticos —como siempre— ponen torta tras torta.

La tristeza, sin embargo, no pudo hospedarse entre los asistentes al evento. Actividades en Colón, Rubio y San Cristóbal, recitales en la Universidad de los Andes, en el Museo de Artes Visuales y del Espacio y en el Ateneo del Táchira, y ponencias en la Biblioteca Pública Central Leonardo Ruiz Pineda —donde tomamos esta foto familiar—, fortalecieron el afecto fraterno entre los escritores de Colombia y Venezuela, quienes se despidieron la tarde del domingo con la seguridad de que en unos meses celebrarán en Cúcuta un nuevo encuentro.

(He dejado las fotos del encuentro en la página de Letralia en Facebook).

03/11/2009

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Saliendo para San Cristóbal

En San Cristóbal

Esta noche se inaugura en San Cristóbal, Táchira, el XVII Encuentro de Escritores Colombo Venezolano, que reúne a escritores de ambos lados de la frontera, un año en esta ciudad venezolana, otro año en Cúcuta. Me voy por tierra y el viaje es largo, así que no podré asistir a la inauguración, pero mañana estaré temprano en tierras tachirenses. Allá tendré nuevamente oportunidad de pasar un buen rato con amigos entrañables que hacen de esta cita anual un verdadero festejo de la fraternidad y la literatura. Me llevo algunos cuentos y poemas para compartir con ellos —mañana, llegando, salto a Colón invitado por el equipo de mi amigo Alexander Moncada— y, además, una ponencia sobre el pasado, presente y futuro del libro digital, llamada “Después del fin de los libros”, que a mi regreso publicaré por aquí.

Así que ya saben, pórtense mal. La foto, antes de irme, es de hace dos años, durante la 15ª edición de este encuentro.

29/10/2009

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