Impresionante la plantilla de ponentes que ha logrado reunir el Gremio de Editores de Cataluña en su Fórum Atlántida. Cinco autores de diversas nacionalidades agrupados en conferencias moderadas por cinco editores catalanes. Los duetos de lujo están compuestos por el francés Roger Chartier y Francisco Rico, el belga Antoine Compagnon y Jaume Vallcorba, el italiano Claudio Magris y Pere Gimferrer, el chileno Jorge Edwards y Daniel Fernández y el italiano Roberto Calasso y Jorge Herralde.
El Fórum Atlántida ha sido concebido como un encuentro sobre editores y editoriales, con especial énfasis en el peso del editor en la sociedad y con la idea de mantener a Barcelona como referencia mundial en el medio. La información disponible indica que se hará más de una vez, aunque no aclara cada cuánto tiempo:
En esta primera edición el tema de reflexión sobre el que gira el Fórum es el papel de la edición en la configuración de la cultura occidental. ¿Qué papel juega la sistematización de la edición en la evolución de la cultura? ¿Qué cambios se han dado desde que la transmisión oral ha dado paso a la transmisión escrita y sobre todo desde la tecnificación del proceso? ¿Hubiera sido posible el gran avance científico, tecnológico y de pensamiento de los últimos 500 años sin el libro?
Parecieran retóricas estas preguntas —especialmente la última—, pero es obvio que son tópicos inflamables, puestos allí para hacer que los invitados hablen de sus ideas al respecto durante la hora y media que durará cada sesión y dejen al público con ganas de más.
El Fórum Atlántida se realizará el 2 y 3 de noviembre en el Auditorio de La Pedrera, de Caixa Catalunya, ubicada en el Passeig de Gràcia, 92, en Barcelona. La entrada es gratuita (y yo tan lejos), aunque como los cupos son limitados se recomienda reservar.
“Para mí la poesía es un acto, una labor de existencia. No puedo excluir el sentimiento de compartir la poesía con otros, con el otro”, había dicho el poeta Silva Estrada en 2005, cuando se anunció la realización de la que sería la última Semana Internacional de la Poesía de Caracas, celebrada en su homenaje. Una de las firmas renovadoras de la poesía venezolana, el poeta murió esta madrugada a los 76 años.
Hace más de treinta años Juan Liscano calificaba su obra en estos términos:
Silva Estrada se ha servido de la reiteración –de giros e imágenes– para desarrollar muchos de sus poemas, los cuales se van así ensanchando, tomando cada vez más impulso en un leit-motiv determinado, agotando finalmente éste y alcanzando a cerrar el círculo expresivo. Poesía mental, capaz de abstracción pero también impulsada por la angustia existencial y un lirismo interior.
El sábado cerramos el 1010 hablando de Letralia, literatura, edición, tecnología y demás temas divinos y humanos, algo de lo cual puede verse en el video de aquí arriba. Héctor y Daniel hicieron sendas presentaciones de mí y de mi trabajo que brillaron por su amabilidad. No puedo dejar de destacar aquí que a los tres nos une un sentimiento de fraternidad que se ha venido cultivando a lo largo de más de diez años de ver juntos las mutaciones del medio, hacer extraños experimentos –afortunadamente exitosos en su mayoría–, revolver aguas y analizar tendencias, además, claro, de reunirnos para disfrutar, de cuando en cuando y en persona, de eso que el otro día identificara Triunfo Arciniegas como lo mejor de la literatura: el delicioso placer de la amistad.
El cierre del 1010 fue para mí precisamente eso, el reencuentro con varios amigos. Llegandito me tropecé con Carlos Villarino –compañero de recital en la Semana de la Narrativa Urbana de 2006–, nos fuimos a tomar un café y en eso llegó Gabriel Payares. Mientras veíamos cómo se acababa con malos pasos el sueño de la Vinotinto de ir al Mundial de 2010, aprovechamos de hablar de proyectos y buenas letras. Ya en el Centro Cultural Chacao vi –por primera vez en varios años de correos que han ido fomentando nuestra amistad– a Joaquín Ferrer, quien además de escritor es fotógrafo, algo muy conveniente pues, llegado el momento de pasar al escenario, le pedí el favor de tomar las fotografías que registran el evento, y que ya pueden verse en la página de la revista en Facebook (es preciso estar registrado para acceder a ellas).
Allá vi a Pedro Enrique Rodríguez, quien tiene una buena noticia en ciernes, y a sus chicas Alejandra y Emiliana; a Angélica, quien ocupada de la cámara me vio durante todo el evento pero sólo pudimos saludarnos al final; a Lennis, generalmente incansable pero esa noche cansada después de media semana de correcorre; a Salvador Fleján y a Carla Cordero, a quienes agradezco la amabilidad de esa noche; al siempre explosivo Arnaldo Valero y a Carla Durán, quienes llegaron directamente desde Mérida, esa ciudad que me es tan entrañable; a Enza García Arreaza, que aseguró me enviará pronto unos textos inéditos para Letralia (lo pongo aquí para insistir en ese compromiso); a Luis Barrera Linares y a Carlos Sandoval, con quienes me hubiera gustado conversar un poco más –pero ya se sabe cómo es la dinámica de las reuniones–, y a Susana Sussmann y Carlos Rosi, amigos muy queridos con quienes compartí la alegría de su bebé por venir.
También a algunos a quienes no conocía personalmente, como Gisela Kozak –nuestra guía en la noche caraqueña a lo largo de unas ocho cuadras–, Paola Romero –grata e intensa conversa borgiana tuvimos–, Ana María Velázquez –poesía y mitología–, Astrid Lander –a quien leo con atención y sé que lo seguiré haciendo–, Mary Rodríguez Herrera –quien tuvo la amabilidad de regalarme un ejemplar de sus Poemas guardados–, Ricardo Ramírez Requena, Blanca Rivero, Ximena Sequera, y a los homenajeados de la noche, José Sánchez Lecuna y Norberto José Olivar, finalista y ganador, respectivamente, del Premio de la Crítica a la Novela del Año 2008. (De seguro he olvidado a alguien, mis disculpas de antemano).
Como siempre, la reunión después de la reunión fue lo mejor de la noche: con varios de estos amigos pasamos algunas horas para rendirle tributo a ese delicioso placer del que ya escribí más arriba. Novela histórica, los jurados y sus decisiones, periodistas escribiendo novelas, profesores aburridos y otros no tanto, y la poesía de Bud Spencer, fueron algunos de los temas por los que nos paseamos, aparte de un comentario de Gabriel sobre algo que tenía que ver con Juan Liscano, y que la algarabía general no le permitió completar nunca, dejándome con la intriga. Aquí, impunemente robadas del Facebook de Ximena, cuatro fotos de ese posmomento:
Enza García Arreaza, Paola Romero, Ximena Sequera y Carla Cordero, sonrientes y con rima.
Salvador Fleján y Rosalba Méndez, conmigo en el medio.
Allá a lo lejos, Carla Durán; con el dedo acusador, Arnaldo Valero; Gisela Kozak, Ricardo Ramírez Requena y Blanca Rivero.
Mi poemario inédito Los temblores del mundo obtuvo el tercer lugar en el Premio Mundial de Literatura “Andrés Bello”, versión Poesía, convocado por la Sociedad Venezolana de Arte Internacional que preside Milagros Hernández Chiliberti. El jurado, cuyos miembros aún no han sido revelados, se reunió ayer en Maracay y concedió el primer premio al reconocido escritor peruano Carlos Garrido Chalén por Un ángel en el Edén, mientras que el segundo se lo llevó el cubano Pepe Sánchez por Piratas en el alma.
La estructura general de Los temblores del mundo está lista desde 2003, aunque le he venido haciendo algunas modificaciones con los años. La versión que está en mi página personal no es igual a la que envié al concurso, pero se le parece bastante y los invito a echarle un ojo. Como se anuncia en la portada, el libro contiene una cincuentena de poemas agrupados en tres secciones: “Los temblores”, donde el amante declara su amor a la amada ausente; “El mundo”, donde la amada es descrita en la plenitud de su íntima geografía, y “Los temblores del mundo”, donde el amor se consuma maravillando y torturando, simultáneamente, a los amantes.
El premio, además de los tres primeros lugares, concedió veinte menciones honrosas. Los otros venezolanos incluidos en la lista de ganadores son Hilmar de Constant, Alberto José Pérez,Carmen Cristina Wolf, Gladys Revilla Pérez. Juan Vizcaino Nájera y Luis Gilberto Caraballo.
Ah, el mercado editorial. De Cervantes para acá no hay quimera más buscada que la del best-seller, ese libro que le aporta millones al editor y, con suerte, al autor. Pero la existencia de tal quimera hace posible también la peor pesadilla: el libro que no se vende y que termina siendo destruido por la editorial para ser negociado como papel reciclado (¡brrrr!).
Con mucha imaginación y quizás algo de humor negro, las editoriales españolas Artemisa, Baile del Sol, Errata Naturae, Escalera y Salto de página han organizado para mañana un encuentro en el que presentarán sus worst-sellers: los libros menos vendidos de sus respectivos catálogos. Los títulos que comparten tan dudoso honor son La mujer por la ventana, de Silda Cordoliani (Escalera, 2008); Plop, de Rafael Pinedo (Salto de Página, 2008); Viaje al ojo de un caballo, de Carlos Jiménez Arribas (Artemisa, 2007); El destripador, de Robert Desnos (Errata Naturae, 2008), y La reina de América, de Jorge Majfud (Baile del Sol, 2002).
Dice la nota que ha distribuido Artemisa:
Cada uno de estos cinco títulos esconde una interesante historia más allá de sus páginas, un trayecto metaliterario que empieza cuando el autor concibe su obra y que, por pocos que sean los lectores (o compradores) a los que ésta llega como último escalón del proceso creativo, no termina jamás. Las causas técnicas del escaso registro de ventas pueden ser muchas: el género literario de la obra, la procedencia de los autores, el diseño de los libros, el poder promocional de los editores, el momento de su publicación, la imposibilidad de contar con el autor para promocionar el libro, el desconocimiento del autor por parte del público, la distribución, una cierta displicencia del mercado español hacia la literatura actual que nos llega desde Latinoamérica y que, a juicio de muchos, es la mejor cantera literaria que existe hoy en nuestra lengua. Sin embargo, el valor añadido radicará seguro en el riesgo que muchos editores vocacionales estuvieron (y están) dispuestos a correr a pesar de los pesares.
Una idea interesante que probablemente termine levantando las ventas de estos títulos. La cosa es mañana a la 1 de la tarde, o a las 13 como dicen allá, en el Pabellón del Círculo de Lectores de la Feria del Libro de Madrid. Estarán presentes los editores Pablo Mazo, de Salto de Página; Irene Antón, de Errata Naturae; Talía Luis Casado, de Escalera; Ángeles Alonso, de Baile del Sol, y en representación de Artemisa, Carlos Jiménez Arribas, quien con la frente en alto hablará sobre su worst-seller. Eva Orúe, de Divertinajes, fungirá de moderadora.
Aunque no será hasta mañana a las 10:30 cuando, durante una rueda de prensa en la Sala Arturo Uslar Pietri del Celarg, en Caracas, se conozca el nombre del ganador del XVI Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, el diligente equipo de prensa de la institución ya anunció a los medios las siete novelas finalistas, primera señal de vida que se permiten cada año los miembros del jurado.
De las 274 novelas que participaron en esta edición, quedaron como finalistas La ceiba de la memoria, de Roberto Burgos Cantor (Colombia), El profeta imperfecto, de Fernando Butazzoni (Uruguay); El país de la canela, de William Ospina (Colombia); Bolívar. Delirio y epopeya, de Víctor Paz Otero (Colombia); Tratado del amor clandestino, de Francisco Proaño (Ecuador); Los ojos del huracán, de Berta Serra Manzanares (España) y La historia que me escribe, de Fernando Trías de Bes (España).
De las novelas mencionadas, al menos una viene enmantillada: La ceiba de la memoria, de Burgos Cantor, que acaba de recibir el premio de narrativa “José María Arguedas”, en el marco de los premios literarios de la Casa de las Américas.
Este año la novela ganadora del Romulón será escogida por los jueces Humberto Mata y Enrique Hernández D’Jesús, de Venezuela; Graciela Maturo, de Argentina; Miguel Barnet, de Cuba, y la mexicana Elena Poniatowska, ganadora de la edición anterior. El veredicto, como ya dije, será revelado mañana en la mañana, y al terminar el acto el Ministerio de Cultura de Venezuela obsequiará libros al público asistente. También mañana, a las 6 de la tarde, habrá un foro en la Biblioteca Isaac J. Pardo del Celarg, sobre la obra ganadora. La entrada a ambos eventos es gratuita.
Juan Carlos Méndez Guédez acaba de ganar el XL Premio Internacional de Novela Corta “Ciudad de Barbastro” con Tal vez la lluvia, como se anunció anoche en una cena en, claro, Barbastro. El concurso, que premiaba novelas de 100 a 150 páginas, está dotado con 15.000 euros que no enriquecen ni empobrecen a nadie. Fernando Marías fue presidente del jurado y estuvo acompañado por Espido Freire, Manuel Vilas, José Luis Calvo, Luis Sánchez, Lourdes Bergés, Carmen Nueno y Sergio Gaspar. Marías, quien con Freire presentó a JC como un “autor de lujo con una trayectoria deslumbrante”, ha dicho de Tal vez la lluvia que se trata de una novela con un ritmo “muy cinematográfico”, y echa el cuento en estos términos:
Es el retorno de un hombre que regresa a su tierra y se encuentra con un amigo que le hace una propuesta como mínimo insólita: le pide matrimonio. Así arranca el libro pero la historia se va poco a poco conformando como algo distinto a lo que inicialmente parece.
La buena nueva me la pasa su tocayo, Juan Carlos Chirinos, en una notita en la que también se indica que JC se impuso a otros nueve finalistas, de un total de 133 participantes, y sobre la novela agrega que explora los conflictos de identidad que vive un venezolano que regresa a su país después de pasar años fuera. En la foto, JC en su oficina del Instituto Cervantes, en Madrid.