4 escenarios posibles sobre el futuro del libro impreso

  1. La tecnología avanza en la producción de mejores y más económicos dispositivos electrónicos de lectura hasta hacerlos independientes de cualquier fuente energética externa. El libro impreso desaparece.
  2. La humanidad toma al fin conciencia de los perjuicios que ha ocasionado a la Tierra y cesa la destrucción de los bosques. El libro impreso desaparece.
  3. La humanidad no toma conciencia de nada y descubre que debe abandonar el planeta cuanto antes, llevando consigo sólo lo necesario, por lo que se toma toda la información disponible en formato digital para salvaguardar la cultura. El libro impreso desaparece.
  4. La humanidad no toma conciencia de nada y destruye el planeta en una magna festividad atómica apocalíptica. El libro impreso (y todo lo demás) desaparece.

06/08/2010

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Cuando el destino alcance al libro impreso

Scanner, de Matej Krén

Dani Burón menciona en esta nota en Gizmodo —a la que llego leyendo tweets de maese @libreros— la instalación Scanner, una torre de libros que el artista eslovaco Matej Krén mantuvo expuesta hasta hace unos días en el Museo de Arte Moderno de Boloña (me gustan las siglas de este museo: MAMbo), que la foto de arriba retrata desde dentro. Lo cierto es que Krén lleva bastante tiempo haciendo instalaciones como esta, sólo que Scanner es la más alta que ha hecho hasta el momento. Pero si quieren ver otros ejemplos, no tienen más que googlear un poco. ¿Será este el destino que tendrá el libro impreso cuando lo alcance el destino? Difícil saberlo. Entre tanto, vean el video de la instalación:


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Neruda estuvo en La Victoria

Pablo Neruda y Luis Pastori

Pablo Neruda estuvo en 1959 en La Victoria —aquí, a diez minutos de mi casa— y, como no podía ser de otra manera, fue presentado por nuestro Luis Pastori:

El olvidado teatro Ribas sirvió para albergar la palabra del hijo del ferroviario José del Carmen Reyes Morales. Un numeroso auditorio plenó todas las localidades del histórico teatro. El poeta Neruda fue recibido por alborozados estudiantes que entonaron las notas del himno nacional. El poeta Luis Pastori le tocó la histórica dicha de presentarlo ante un público ansioso de escuchar a uno de los poetas de más renombre de la geografía sureña que cobijó a nuestro Andrés Bello.

Después de escuchar el himno nacional, el poeta Luis Pastori “con ese juego de imágenes y metáforas que caracteriza su estilo, hizo una semblanza de Neruda, destacando la validez que tiene su poesía en América y trayendo a colación la importancia que en las letras han tenido apariciones como las del insigne poeta chileno y Rubén Darío, en su tiempo”.

Lo cuenta Salvador Rodríguez en Contenido (PDF, 1,9 Mb), recuperando una reseña periodística de la época donde se narra el entusiasmo de un público que, como a una estrella del pop, pedía los poemas más conocidos del vate. Rodríguez reproduce además la foto de arriba (Pastori observando con pose solemne a Neruda) y esta nota manuscrita donde el poeta compara a La Victoria con su tierra natal:

Nota de Pablo Neruda sobre La Victoria

05/08/2010

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Leer excita

neuronas.jpg

Sí, leer excita, al menos en lo que respecta a las neuronas. Un estudio —carísimo— de la Universidad de Washington en Saint Louis, dirigido por la doctora Nicole K. Speer, reveló que el cerebro “recrea” las imágenes que aparecen en un texto narrativo, excitando unas áreas específicas cuando un personaje realiza una acción y otras cuando se describe un paisaje. Veintiocho personas fueron invitadas a leer un relato en un dispositivo electrónico, durante cuarenta minutos, dentro de un escáner. Los resultados de la investigación fueron publicados en la respetada Psychological Science, pero como el acceso al texto completo cuesta 35 dólares fuertes y además está en inglés, quizás deseen conformarse con el resumen publicado hoy en El Universal de México:

Los cambios en los objetos con los que interactuaba el protagonista de la historia (”tiró de una delgada cuerda”) se asociaron con aumentos de actividad en una región en los lóbulos frontales vital para el control de los movimientos de sujeción. Y los cambios de locaciones (como: “atravesó la puerta y entró a la cocina”) se ligaron con una mayor estimulación en partes de los lóbulos que se “encienden” cuando el sujeto observa imágenes o escenas.

Claro que esto ya lo sabíamos. Uno de los máximos placeres de la lectura es el recuerdo a posteriori, cuando estamos sentados con amigos en un café y alguien menciona un libro que uno ya disfrutó. Entonces ocurre la magia. Aparece Remedios la Bella ascendiendo al cielo en las sábanas de bramante de Fernanda del Carpio (y el cielo que imaginas es el cielo que viste desde niño en el patio de tu casa); aparece una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro, desde donde puede verse el pueblo donde te dijeron que vivía tu padre, un tal Pedro Páramo (y la llanura y el pueblo se parecen tanto a una llanura y un pueblo que descubriste al otro lado de un cerro, en tu adolescencia), aparece Fernando Vidal recorriendo las cloacas de Buenos Aires (y recuerdas los túneles del sótano del Ingenio Bolívar y recuerdas, además, que los recorriste agradecido de que no fueran tan intrincados como las cloacas de Buenos Aires). Lees y recuerdas, lees y recreas, sin que haga falta una resonancia magnética para saber que leer excita.

02/08/2010

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El problema de la dignidad (sobre un peoma de Isaías Rodríguez)

El problema de la dignidad es que no admite excusas. Uno no puede ser indigno e intentar disculparse ante los demás simplemente advirtiendo que la indignidad en la que se incurre “no es adulación, ni es maña”. El problema de la dignidad es que va muy de la mano del sentido del ridículo, por lo que si se carece de éste es muy probable que uno caiga en aquélla repetidas veces.

Parece un galimatías y quizás lo sea, así que pongamos un ejemplo práctico. Usted le trabaja a un gobierno cuya principal vanidad consiste en declararse revolucionario, en virtud de lo cual se empeña en revivir hechos ocurridos hace doscientos años para acusar de sátrapas a los colonizadores de entonces y vociferar que los entonces colonizados —sin importar que las realidades, dos siglos después, hayan cambiado— seguimos “en resistencia”.

Pero los colonizadores de entonces se alzan como campeones de la Copa Mundial de Fútbol, y usted va y con sincera emoción —y lo peor es eso, que su emoción quizás es sincera— escribe esta soberana ridiculez:

jalaballs.jpg

¿Les parece suficiente indignidad? Como sé que hay quien no lo cree así, hay que rematar viendo la página en la que sale este peoma: se trata nada más y nada menos que de la página web gubernamental diplomática y oficialísima del Consulado General de Venezuela en Madrid, que no es poca cosa si se recuerda la difícil situación entre nuestro país y España, del que el enorme embrollo del por qué no te callas es apenas la punta del iceberg.

Como todavía quedará quien me acuse de enfermo prepotente antigubernamental escuálido, los invito a que pasen por la página y vayan bajando hasta que vean con sus propios ojos el desaguisado. Y como esto probablemente desaparecerá en unos días, cuando sea puesta la piedra ante el Jefe Máximo por alguno que sepa jalar más que el embajador (no lo duden, siempre hay alguien capaz de jalar un poco más), he copiado la página completa, tal como está hoy martes 13 de julio de 2010, en dos formatos: MHT, para verlo con Internet Explorer (o con Firefox, equipado con la extensión UnMHT), y PDF, para verlo con… bueno, con cualquier cosa que sirva para ver PDFs. Dicho esto, los enlaces: MHT y PDF.

Lo comentó Laura Weffer hace un rato en Twitter, y pasé como diez minutos tratando de entender a cabalidad lo que ocurría. Como bien recuerda Róger Michelena en la misma red social y yo había comentado hace años, no extraña que la Biblioteca Ayacucho haya optado por hacerse la loca y no incluir en su catálogo el indigno libro que influencias y corrupción la obligaron a publicarle al indigno personaje.

Cierro con unas inteligentes líneas que Naky Soto le dedicó en tres tweets, aquí, aquí y aquí:

Julián Isaías Rodríguez / con poesía no mola / espero que por jalabola / el PopStar le castigue

Julián Isaías confiesa / que lo suyo no es por maña / ¡Pero qué cara tan tiesa / pa’ escribir tanta patraña!

Julián Isaías no logró / conmover a Moratinos / ni Zapatero complació / su estúpido desatino

Actualización (11:40 pm): Bastaron minutos para que el peoma fuera recogido no sólo por El Nacional y otros medios de Venezuela, sino también por la agencia Efe, con lo que diarios como el español El Mundo están gozando de lo lindo con la ocurrencia del pintoresco personaje, vergüenza nacional por donde se le mire.

13/07/2010

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Saramago x 2

José Saramago

La danza tenebrosa de la muerte se llevó por estos días a varios escritores, de los cuales sin duda alguna es José Saramago —con su Premio Nobel— el más conocido. Autor de los llamados comprometidos, Saramago solía servir de masa para las agencias de noticias, tan prolífico en fases redondas —aunque solíamos estar en desacuerdo con algunas de ellas.

Pero sucede que Saramago no fue siempre Saramago; como es natural hubo una época en que era poco feliz y poco documentado. Al ser despedido del Diario de Noticias por razones políticas, el escritor se encerró a escribir Memorial del convento y su vida cambió. Miguel Ángel Flores lo contaba ayer en La doble vida de José Saramago, que además de incluir la historia de esa transición se hace una pregunta interesante:

¿Hubiera podido trascender Saramago si sus novelas no hubieran pasado por el tamiz de la traducción al español? Dada la marginalidad de la lengua portuguesa en el mundo de la cultura, vista la escasa divulgación de un novelista tan notable como Virgilio Ferreira, me temo que la respuesta es negativa. Y este temor lo confirma el hecho de que Mario Lobo Antunes atrae cada vez más lectores desde que se le publicó en español.

06/07/2010

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Cambiará el universo pero yo no

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad.

Borges, El Aleph.

28/06/2010

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